Ahí está el detalle, entre el color y los grises

Cantinflas, de Sebastián del Amo

Al decir del propio Cantinflas, “hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos”, y esta película sobre su vida no es más que un momento momentáneo en la vida de un hombre que dejó mucho más que un Golden Globe, mucho más que unas cuantas malcriadeces y otras tantas malas decisiones.

Jaenada como Cantinflas.

Jaenada como Cantinflas.

No bien aparece el logo de Televisa en una producción llegan tras él muchas voces pidiendo el cadalso al producto que patrocina. Cantinflas, de Sebastián del Amo, antes de su estreno oficial en México ya había recibido una andanada de calificativos críticos demoledores que la situaban entre lo decepcionante y lo llanamente vergonzoso. Más allá de los obvios defectos de la película, no pocos escribientes del ala progre de la prensa creyeron ver un nuevo catálogo de manipulaciones promovido por el imperio de los Azcárraga, una fuente de lucro, edulcorada e ideológicamente perversa.

El detalle está en que la alianza entre Televisa y Lionsgate (Pantelion Films) no sólo ha promovido películas ligeras, populares y burguesas como No se aceptan devoluciones (Eugenio Derbez, 2013), sino que de igual modo gestionó el avance en salas estadounidenses de César Chávez (Diego Luna, 2014), un filme con tonalidades proletarias. Esta última nunca recibió enérgicas reprimendas —más allá de haber resultado una historia somnolienta— cuando Luna decidió soslayar el lado más oscuro del activista campesino, devenido posteriormente en virtual sustituto de los Servicios de Inmigración y Naturalización (INS, en inglés) y haciendo arrestar a muchos migrantes que no formaban parte de su esquema sindical, a todas luces para salvar la parte previa de su lucha abnegada por los derechos de las clases más humildes.

Antes de su estreno oficial en México ya había recibido una andanada de calificativos críticos demoledores que la situaban entre lo decepcionante y lo llanamente vergonzoso. Más allá de los obvios defectos de la película, no pocos escribientes del ala progre de la prensa creyeron ver un nuevo catálogo de manipulaciones promovido por el imperio de los Azcárraga, una fuente de lucro, edulcorada e ideológicamente perversa.

A Cantinflas se la ha reprendido duramente por no mostrar el lado oscuro de Mario Moreno. En verdad, el actor peregrinó por un cambio drástico de ideologías, más o menos con el tránsito entre el cine en blanco y negro y el que posteriormente realizó en colores, llegando a afectar a la distribución del cine latino con cláusulas a favor de los productores del norte que obligaban a los distribuidores del sur a poner diez películas estadounidenses por cada una del peladito. Al boicot al congelamiento de los precios del boleto en las salas mexicanas de cine, que trajo un aumento indiscriminado del costo para el espectador, se le pudieran unir otros infortunios como la moralización en muchas de sus últimas películas, con discursos de virtud, de reverencia a la autoridad a cargo del “moralista pedagógico”, como lo catalogara Monsiváis, lo cual es generalmente visto como una traición a sus orígenes populares y un pacto con el poder dominante.

Balance crítico

El ametrallamiento mediático del filme se muestra en buena parte justificado por la deficiente estructura del guión, por la poco feliz integración de las dos épocas en función de un final artificiosamente acomodado al triunfo de la estrella hispana en el mercado anglosajón, con una de las tramas principales dedicada por entero a los avatares de La vuelta al mundo en ochenta días (Michael Anderson, 1956), que a pesar de su proyección internacional sólo significó un fragmento en la obra de Mario Moreno, apenas parcialmente conectado con la riqueza de su ya clásico personaje. Pero también se está dejando a un lado el rigor de la ambientación, lo acertado de la dirección de fotografía y banda sonora, así como una parte importante de las actuaciones, entre las que se destaca, de manera apabullante, el protagonista Óscar Jaenada.

Mario Moreno en Ahí está el detalle.

Mario Moreno en Ahí está el detalle.

Una vez que se aflojaron las tensiones malinchistas por la contratación de un actor español para el papel de tan mexicano personaje, no ha faltado quienes lo tachen de mero imitador, de recurrir a los clichés que tantos otros personificadores de Cantinflas han usado durante décadas. Hasta se han desatado teorías conspirativas sobre un supuesto doblaje de la voz. Lo cierto es que Jaenada, más allá de su parecido físico y su impresionante similitud tonal, consigue encarnar al espíritu del peladito en un consenso muy interesante con el otro personaje, el de su creador Mario Moreno. Si bien sus momentos dramáticos del hombre/actor —en especial la patética secuencia del abandono de su mujer— resultan menos apetecibles que aquellos en los que recrea al cómico/personaje, alcanza a balancearse con éxito entre ambas orillas, dejando como saldo una caracterización convincente y respetuosa. La escena, confinada a los créditos finales, en que se copia la danza de El bolero de Ravel en El bolero de Raquel (Miguel M. Delgado, 1956), o la recreación del juicio de Ahí está el detalle (Juan Bustillo Oro, 1940), no dejan lugar a dudas de la sorprendente apropiación interpretativa de Jaenada, tanto en la mímica como en la fluidez verbal que fueron —y siguen siendo— el sello de Cantinflas.

Más de un elemento de autenticidad se le escapa a Sebastián del Amo. El manejo esquemático de los líderes sindicales corruptos —con un plano insostenible en el que públicamente se hace la transacción de un sobre con soborno—, el maniqueísmo de identificar a un Chaplin mayor con el andar bastoneado del Vagabundo, o la disparidad de parecidos físicos con figuras reales (como un Jorge Negrete o una María Félix muy lejanos a los íconos reales) en franca contraposición con el acertado casting de la figura protagónica.

Si por consenso crítico fue adecuado sepultar el ángulo perverso de César Chávez en función de su imagen de líder, de ejemplo para las nuevas generaciones, ¿por qué habría entonces que reclamar una película sobre Mario Moreno en la que se destaquen, o al menos se equiparen, sus bordes negativos en contraposición al ciclópeo legado positivo de su obra, en especial de su personaje, el peladito…

Ciertamente ha quedado soslayado, como tras un manto de conveniente discreción, el lado oscuro de Mario Moreno, pero ello, a diferencia de lo que muchos creen, no habría incrementado las posibilidades conflictuales del personaje central, sino sólo las de un acercamiento sociocultural a la verdad histórica. Mario Moreno murió sin conflictos personales con su comportamiento “traidor”, nada le hizo retractarse ni cuestionar su ulterior actitud en pro de la maquinaria del poder, por cuanto (más allá de la influencia directa de su hijo adoptivo, Mario Moreno Ivanova, en la producción) de haberse profundizado en esos matices, poco o nada hubiesen aportado éstos al desarrollo dramático del argumento. Se habría convertido en un documental.

Pantalla a color o en blanco y negro

Si por consenso crítico fue adecuado sepultar el ángulo perverso de César Chávez en función de su imagen de líder, de ejemplo para las nuevas generaciones, ¿por qué habría entonces que reclamar una película sobre Mario Moreno en la que se destaquen, o al menos se equiparen, sus bordes negativos en contraposición al ciclópeo legado positivo de su obra, en especial de su personaje, el peladito, como símbolo de una época y tantas capas sociales representadas en sus primeras etapas de vida? ¿Por qué reducir a un contexto mexicano de un par de décadas algo que rebasó, con mucho, a México, para volverse un paradigma del cine hispano de todos los tiempos?

Mario Moreno en La vuelta al mundo en ochenta días.

Mario Moreno en La vuelta al mundo en ochenta días.

¿Por qué habríamos de reclamarle a Sebastián del Amo —más allá de las más o menos pasables inconsistencias de su obra— por no haberse comprometido en la naturalista descalificación de semejante monumento cultural?

Calificar de “desastre” o “vergüenza” a este biopic de Mario Moreno luce un tanto excesivo, apenas unos meses después de que César Chávez pusiera a bostezar a las salas mexicanas con su remedo hollywoodense de realismo socialista, sin que los actuales detractores a ultranza de la distribuidora Televisa lleguen a hacer memoria y a establecer un paralelismo consecuente y desprejuiciado.

Al decir del propio Cantinflas, “hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos”, y esta película sobre su vida no es más que un momento momentáneo en la vida de un hombre que dejó mucho más que un Golden Globe, mucho más que unas cuantas malcriadeces y otras tantas malas decisiones. Mario Moreno y su Cantinflas necesitarán aún unas cuantas películas más para que tan siquiera nos acerquemos al verdadero homenaje que este fenómeno, más que una persona mortal, merece. ®

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Publicado en: Cine, Noviembre 2014


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