Carta a una indignada europea

Documento extraviado en La Nube. Fue rescatado por un hacker del grupo Anonymous que luego lo colgó en Wikileaks. Ahora se publica en exclusiva para Replicante.

© Erwin Wurm

Ausencia querida,

Con gusto te respondo si también prometes contestar. Y más aun si dices que te encanta leerme, entonces no entiendo por qué insistes en llamar para no encontrarme, o en no responder pero que sí te escriba.

Cumplo medio siglo, lo que todavía me permite escuchar con cierta claridad “Las mañanitas” de tu “Aleluya” indignado. Luego preguntas por El Corazoncito del que se dicen interesar y como si de verdad les inquietara. Pero a él, al Corazoncito, ya no le place celebrar, lo que le late, como siempre, es entonar “Let it be” y latir en santa paz, como Dios, dicen, que manda.

Temes sonar como un disco rayado por todo eso de las causas de los okupas, los desamparados, los marginados, los inmigrados, los emigrantes, los ilegales, los inundados, los desérticos, los limitados, las feministas, los ajusticiados, las muertas y los muertos junto con todos los ¡indignaos! planetarios. En cambio yo —que casi no creo y con medio siglo a cuestas— temo sonar como un pequeño disco de vinilo de 78 rpm que incluye los sonidos del silencio y la música por dentro. No te preocupes si suena a disparate, ésa es la intención, así suena precisamente el LP de la existencia.

Espero que te mejores ya que siempre que nos comunicamos (allá cada san Judas Tadeo) resulta que andas delicada del ánimo, de la indignación, del espanto o de la salud.

Suena interesante el capítulo del libro que escribes referido a “la ciencia alternativa vs. el folclore alopático” (¿o era al revés volteado?). Para así poner en entredicho no sólo la credulidad en la brujería y en la adivinación en pleno siglo XXI, sino también para cuestionar el fanatismo por la santería cientifista y la chamanería racionaloide. Espero que pronto termines tu libro para leerlo con sumo interés y para curarme en salud junto con las familias racionales, los parientes alternativos, los compadritos científicos y los creadores esotéricos.

La verdad es que no sé cómo le haces para sobrellevar y sobrevivir a tanto lío, con tanto abogado y litigante intrigante. Todo eso salpimentado por el caos en las finanzas de los ricos, la tragedia en las finanzas de los pobres, el delicado asunto de tu ensimismada hija, la avariciosa viuda de tu ex y junto con el otro no menos delicado pendiente del pretendiente. Quien a lo mejor resulta ser un artista nato, incapaz de comprender el sinsentido práctico de la existencia, el valor del ganar y del gastar, quien sólo vive para crear y no para creer. Y si son peras o son manzanas respecto del tópico de la pareja, seguro que sí debe ser una gracia divina que se tengan ustedes dos por complemento.

Yo líos prefiero evitarlos, como se evita la peste, las parentelas, las vanguardias, las ideologías, las finanzas, a los positivistas,1 los conceptualistas, los activistas del pincel, los defensores de la brocha y la turba. Y menos aun si son líos de abogados. Ya que conozco tanto la justicia divina, la humana… y la mexicana.

Yo líos prefiero evitarlos, como se evita la peste, las parentelas, las vanguardias, las ideologías, las finanzas, a los positivistas,1 los conceptualistas, los activistas del pincel, los defensores de la brocha y la turba. Y menos aun si son líos de abogados. Ya que conozco tanto la justicia divina, la humana… y la mexicana. Pues en los tiempos más álgidos de mis conflictos con el harto arte —con los inteligentes, sensibles y los (o)cultos de los hartistas—, bien pude poner más de una demanda por diversas violaciones y circunvoluciones de los derechos por las izquierdas. Pero no lo hice para así evitar también ponerle una demanda al jurista de turno que defiende los derechos humanos con sus siniestras manos, y al juez que dictamina en connivencia con los abstemious,2 los iracundos, los confidentes y los malhechores que acusan.3 Demandas que sin embargo —en cualquier país en el que los derechos ciudadanos se cumplen a cabalidad y con rigor— hubieran cumplido el desagravio no buscado. Y como del cielo me habría caído un retiro prematuro, pletórico de monedas doradas, como una señal divina de que Dios sí existe. O ya de triste consuelo me hubiera conformado con una mínima señal de humo humana de que los derechos se respetan. Pero en cambio, en este país bananero (intento malogrado de democracia), nomás presumen a los vientos los derechos quienes precisamente se brincan las trancas: los políticos, los burros, las cabras, los creyentes, todo el Club de los Optimistas,4 las ovejas, los liberales, los borregos, las conveniencias, las comadres, los contraculturales oficiales y los harto artistas. Mojigatos cuando acusan, libertinos cuando acosan y abusan; corruptos que se indignan; zalameros que se glorifican; valientes que se esconden; filibusteros que se engrandecen; camaradas llamaradas de petate; amigos pero de lo ajeno; compañeros de lo ñero; lenguas sueltas de oídos sordos; budistas de la conveniencia; católicos los domingos; apostólicos los feriados; romanos los festivos en tierra ajena; sensibles para el beneficio; cultos pero de lo oculto; virginales de lo propio, zutanas de lo ajeno; tolerantes de farol, demócratas de pacotilla; circoanalistas de las mentes y compinches de dementes; justicieros cuando hay tinglado, bravucones tras bambalinas; abogados del diablo y defensores del patrocinio; educados, pero en la tranza y en la complicidad.

Ya hasta algunos analistas andan diciendo que aquí mero —en el mero epicentro de las tunas—, tenemos todos los derechos habidos y por haber, que ya sólo nos falta el derecho a la felicidad. Y que luego, ¡claro!, nomás falta que se cumplan todos los otros derechos constitucionales previos. Todos esos sacrosantos ideales y valores a los que —dicen los defensores patrios5—, también tiene derecho la descarnada realidad.

Mientras tanto en unos años me jubilo con júbilo: con un salario del miedo y otro salario del hambre, y sin más propiedad que una covacha con hamaca pero con una amplia terraza que mira al océano; con unos centavitos que son los ahorros de toda una vida; con mis libros del arte —del harto arte del escepticismo—, mis objetos del arte, mis objetivos de antiharte y los otros intentos infructuosos que son objetos sin sentido. Pero sobre todo me retiro a mi retiro con lo más valioso que poseo: mi tiempo libre, la afición a sacarme las borlitas del ombligo y la maldita costumbre de darle vueltas a las vueltas.
Y como bien dices: lo que le interesa a la mayoría del paisanaje mundial —siete mil millones de compadres que convivimos en una aldea grande, azul y redonda— son las evasiones, la ostentación, el protagonismo, la fama, el despilfarro y el confort,6 para los que lo tienen. O la envidia de todo eso, para los que no lo tienen. El resto, más de dos mil millones de muertos de hambre, ni siquiera se puede dar el lujo de envidiar.

Para evitar en lo posible esas tentaciones de los tiempos presentes haces bien en deshacerte de la tele, aparato que sin embargo ayuda a combatir el insomnio y en el que de vez en cuando se puede ver algo que vale la pena. Como aquel documental del supuesto hombre más feliz del mundo quien por únicas posesiones vestía una túnica, unas sandalias y una ausencia de stress que desafía la lógica, el entendimiento y las creencias humanas. Pero sobre todo contradice las ideas de evasión, ostentación, fama, despilfarro, éxito, progreso, conquista, envidia y posesión. O, como bien lo dice Tomas Frank: “Todo el mundo quiere triunfar y, para innovar, debe haber gente dispuesta a no hacerlo… porque avanzar es arriesgar”.

Gracias por responder. Cuando no lo haces me queda la sospecha de que me dirijo a la pared o de que estás molesta por las intriguitas, preocupada por los disparates y la escasa fe de los que dicen creer y hasta predicar. Me alegra saber que no es así, ya que disfrutas al leerme casi tanto como yo al escribir pura chacota.

Lamento toda tu situación: financiera, social, sentimental, idio(i)lógica y emocional. Y además tener que lidiar con todos esos problemas legales. Pero haces bien, a pesar de los pesares, en no consumir antidepresivos, que se consumen —sospecho—, más que la famosa pastilla azul para la pasión y menos que las pastillas multicolores para dormir. Y si se consumen todas esas pastillas policromadas por igual, pues eso habla del estado de nuestra saciedad y de las condiciones de nuestro mundo. Mundo inmundo es la letra de una bella saudade portuguesa.7 Además de que está más que probado, primero por la realidad y luego por los compadritos científicos —ésos que se ganan los Inobeles anuales—, quienes demostraron que los que más consumen pastillas azules para la pasión, multicolores para la depresión y policromadas para el mal dormir son aquellos individu@s que también son adictos al Chingaquedito Plus y al Jodiendo Superreforzado. Pero como dices y bien sabes: todos esos remiendos y remedios son puros paraísos artificiales, placebos medicinales, puros cebos vitales. Por lo que haces muy bien en involucrarte en proyectos como el de tu libro, que puede convertirse en la mejor medicina para el alma y para otros.

Ya hasta algunos analistas andan diciendo que aquí mero —en el mero epicentro de las tunas—, tenemos todos los derechos habidos y por haber, que ya sólo nos falta el derecho a la felicidad. Y que luego, ¡claro!, nomás falta que se cumplan todos los otros derechos constitucionales previos.

No es que quiera hacer aquí un recuento de los malos (Primero véase ud. al espejo, dice el dicho). Ni mucho menos endilgarle al Innombrable, al del compló, a Mr. President de temporada, al Noroñas, al Partido de Marras o al Partido de Madres, al ignorante aspirante, a la Chooky, al poli de turno, al oríllese a la orilla, al viene-viene, al franelero, al politiquero de ocasión, al millonetas del museote, al intele¿cuál? orgánico o robótico, al narco, naco, loco, manco, cojo o rico. A los que siempre se le cuelgan las cruces por nuestro padeser (sic) nacional y a los que le endilgan los mierdas el cáncer que son. Hago mejor un intento modesto (después de observarme al espejo) por cargarle el muerto al vecino, al colega, al compañero de banca y de banco, al hermano de oficio, a sublimes vulgares, a intensos mensos y Sinforosos varios. Velos, están a tu lado, juran sinceridad eterna, compromiso en la lucha vanguardista, entrega a la causa plástica y honestidad de puro talento a toda prueba.

(Aunque, pensándolo bien, lo más conveniente y sabio tal vez sea mejor endilgarle el difunto al espejo).

Gracias por lo de kármico y por todo eso que dices del humor salvaje y otras lindas cosas. Creo que se debe a que sólo intento ser un desocupado-indignado sin pena y sin gloria; cínico8 por naturaleza; además de ser un creyente fanático en el Dios Perplejo, a quien la única certidumbre que le queda es la montaña, pero no la necesaria fe para ir a moverla.9

Nada me daría más gusto que platicáramos de todas esas causas y cosas sin sentido bajo el techo de mi covacha de varitas que me protege de los vendavales de la realidad. Que compartiéramos la risa y el humor salvaje por el absurdo cotidiano, que secundaras los desatinos que se alcanzan a ver desde aquí, “en rêverie”, tendido sobre la hamaca de mi terraza que mira al océano.

No te preocupes por responder, aunque me quede la sospecha de que me dirijo a la pared del cuarto desde donde escucho los sonidos del silencio. Sin embargo, ya no me queda la sospecha de que estás molesta por los delirios de esmeraldas iracundos (quienes se hacen pasar por indignados), o que continúas preocupada por la hermandad del medio y por su escasa integridad, aunque se presuma lo contrario. Y, a pesar de esos sinsabores de los tiempos, me alegra saber que disfrutas al leerme casi tanto como yo al escribir.

Un abrazo,

El Ausente ®

Notas
Todas las definiciones siguientes están tomadasdel Diccionario del Diablo, de Ambrose Bierce.

1 Positivismo. Filosofía que dificulta nuestro conocimiento de lo real y afirma nuestra ignorancia en lo aparente.

2Abstemio. Abstemio total es aquel que se priva de todo menos de la abstención; en especial se abstiene de no entrometerse en los asuntos ajenos.

3 Acusar. Proclamar la culpa o inmoralidad de otro; cosa que generalmente hacemos para justificarnos por haberle causado algún daño.

4 Optimismo. Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo; todo es bueno, especialmente lo malo, y todo está bien dentro de lo que está mal. Siendo una fe ciega, no percibe la luz de la refutación. Enfermedad intelectual, no cede a ningún tratamiento… afortunadamente no es contagiosa.

5 Patriotismo. Basura inflamable dispuesta a arder para alumbrar el nombre de cualquier ambicioso.

6 Confort. Estado de ánimo derivado por la contemplación de la desgracia ajena.

7 Cínico. Ser miserable cuya vista defectuosa le hace ver las cosas como son y no como debieran ser.

8 Pesimismo. Filosofía impuesta al observador por el desalentador predominio del optimista, con su esperanza de fantoche y su detestable sonrisa.

9 Anormal. En cuestiones de pensamiento y conducta, ser anormal es ser independiente, y ser independiente es ser condenado. El autor aconseja parecerse más al hombre medio, que a uno mismo.

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Publicado en: Enero 2012


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