Cómic
¿El noveno arte? ¿Literatura para iletrados? ¿Entretenimiento ligero para niños y adolescentes? Esto y más se ha dicho sobre el cómic, que no adquirió una dimensión más seria, un público adulto y un discurso teórico sino hasta la segunda mitad del siglo XX, en Europa, Estados Unidos y Japón, a pesar de que su origen se remonta a principios de 1830.
Para mí, Borges es también literatura de fantasía, Kafka es literatura fantástica para mí, las mitologías antiguas. De todo eso yo me he nutrido para mis cómics. Un buen día me di cuenta de que para hablar de la realidad a mí me sirve más usar la fantasía, o sea, hacerlo metafórica, no realísticamente.
Como director de Astounding Campbell impuso su criterio: descubriendo y promoviendo a un nuevo grupo de escritores, entre ellos Isaac Asimov, de apenas dieciocho años, y Robert A. Heinlein, un exmilitar autor de la novela Extranjero en tierra extraña.
Hernán Molina acaba de publicar Todo gris, una compilación de sus primeras cien tiras sobre un hombre amarillo completamente calvo que, vestido con un amplio abrigo, pasea por una ciudad en la cual no termina de encajar, un mundo en el cual es el perfecto extranjero.
Gracias al trabajo realizado por Trillo, Saccomanno y Sasturain el canon oficial de la historieta argentina se parece, cada día más —por sus incongruencias, sus fallas, sus omisiones y sus juicios de valor viciado por el interés de los críticos en anteponer la amistad y el interés personal a la calidad del trabajo— a la historia contada por un idiota…
El mes pasado publicamos aquí una reseña del libro recopilatorio de El Eternauta, cómic argentino de culto. En esta ocasión presentamos una entrevista con los responsables de traer al público mexicano tan fabulosa historieta.
La historieta mexicana Fantomas es una historieta de culto. Como tal, abundan en la red comentarios, colecciones y demás rituales de todo culto que se aprecie. Pero en todos ellos existen fallas de documentación sobre el origen de Fantomas en México, errores en la atribución de su paternidad y otros detalles. El presente artículo está hecho con dos propósitos: primero, poner cada cosa en su sitio y, segundo, rendirle homenaje a su creador, ya muerto.
Comencemos por las definiciones: hentai es entendido como “transformación”, “metamorfosis” o “pervertido”, y actualmente sirve para denominar a aquella rama pornográfica del manga —aunque, por extensión, toda obra nipona con contenido sexual explícito forma parte del término, sean videojuegos (bishojo) o ánime. La palabra proviene de “hen” (inusual, extraño) y “tai” (actitud, apariencia). En contraposición, nomaru (“normal”) se utiliza como antónimo a hentai.
El 4 de octubre pasado se cumplieron cincuenta años de Pasa un jinete, la primera historieta escrita y publicada por Ray Collins, uno de los mejores guionistas de Argentina y, tal vez por eso, el más atacado por los canonizadores oficiales del género, quienes se dedicaron desde 1970 a ningunear a todos aquellos autores que podían disputarle su lugar como herederos oficiales de Héctor Germán Oesterheld.
Muchos transitamos por una especie de socialismo-guerrillerismo-marxistoide durante nuestra infancia y adolescencia hasta que, de alguna manera, llegamos a enterarnos de que el mundo en blanco y negro de los caricaturistas de la izquierda mexicana era una trampa: que había más y mejores explicaciones para comprender la realidad.
La caricatura editorial ha servido desde sus orígenes para ilustrar la posición del diario en el que se publica, y como consecuencia, poco a poco se ha vuelto un apartado más de la ideología editorial, limitando al artista en su discurso. Por el contrario, la nueva gráfica de la que aquí hablo busca nuevos parámetros discursivos y de pensamiento.
Partiendo de una premisa tan simple que puede ser genial o estúpida al mismo tiempo, Mark Millar comienza a construir una historia donde toma el arquetipo del playboy millonario que hemos visto en múltiples ocasiones como hilo conductor de la trama de algún cómic y lo tuerce en la dirección contraria.
La importancia de estos dos sitios moneros es la posibilidad de publicar el trabajo de cada uno de sus autores sin la necesidad de pasar por los medios masivos típicos, dice el escritor lagunero.
El inicio del canon más respetado y oficial parte del supuesto romántico que divide a la humanidad en dos bandos, uno bueno y otro malo, donde el último, por justicia poética, termina perdiendo. Así planteado el escenario, ciertos nombres sólo aparecerán cuando la conveniencia política aconseje volverlos escarmientos públicos para los indecisos que miran desde bastidores.
Martha Barnes fue una de las primeras mujeres en dibujar historietas en Argentina, pero su obra, desarrollada en forma ininterrumpida durante cincuenta años, apenas es mencionada en los estudios críticos que se han editado hasta ahora sobre el género.
Publicada dentro del periodo de un año, Tiger tea es, indudablemente, la obra épica de George Herriman. Del 15 de mayo de 1936 al 17 de marzo de 1937 Herriman ocupó el espacio asignado para su tira cómica en los diarios de William Randolph Hearst para desarrollar una de las más extrañas aventuras de los habitantes de Coconino County, Arizona (¡ARIZONA!). También reimpresa parcialmente en el último número de Raw —la revista de Art Spiegelman y su mujer, Françoise Mouly— en 1991, es, en términos estrictos, la historia de un viaje. Un journey lo mismo que un trip.
Carlos Trillo, Guillermo Saccomanno y Juan Sasturáin construyeron el canon de la historieta argentina asegurándose de que decenas de guionistas, dibujantes y editoriales, inconvenientes para sus planes de autoconsagración, fueran completamente ignorados.
“En el mercado de los cómics poco trasciende si no es validado primero por el mercado de Estados Unidos. No sólo en cuanto a que prácticamente el único género que se lee en México es el de los superhéroes, sino también en que lo poco, muy poco que se edita aquí proveniente de otros países ha pasado primero por el filtro del mercado ya mencionado: un manga (cómic japonés) no será editado en estas tierras si su éxito no ha sido comprobado en otros lugares.”
Kingdom Come no es un cómic alternativo ni mucho menos, pero es una muestra de cómo incluso una novela gráfica salida de lo más mainstream del medio puede tener una gran calidad…
La provocación que buscaba Miguel Ángel Martín, autor de la mítica historieta Snuff 2000, sigue siendo una firma que lo caracteriza. Ahora los juegos del amor es el tema a tratar en sus últimos cómics.






























