ENTRE STEINER Y DOMÍNGUEZ

El sueño no es un refugio sino un arma,
Geney Beltrán

Leyendo el más reciente libro de Geney Beltrán (Culiacán, 1977), El sueño no es un refugio sino un arma (Difusión Cultural UNAM, 2009), título tomado de un poema del peruano E. A. Westphalen, compilación de ensayos y reseñas originalmente publicados en diarios y revistas, confirmo y subrayo que estamos ante uno de los críticos literarios más sólidos de nuestro país. Su talento para argumentar, contradecir, convencer es incuestionable… y el que en el lector vea un interlocutor a su altura hace de él lo que él mismo espera encontrar alguna vez en el panorama literario mexicano. Como ejemplo de lo que esperaría, cita en más de dos de ensayos a George Steiner: “Steiner argüía no sin énfasis: ‘Es tarea de la crítica literaria ayudarnos a leer como seres humanos totales, con el ejemplo de la precisión, el miedo y el deleite. Comparado al acto creativo, la tarea es secundaria. Pero nunca ha contado más. Sin ella, la creación misma podría hundirse en el silencio’” (“Para qué la crítica en tiempos de ultraje”, p. 58).

Geney ha perseguido como pocos este ideal. Sin embargo, mientras que en los primeros ensayos parece próximo a la meta, en los que cierran el libro retrocede. No en sus poderosas capacidades críticas e interpretativas, mucho menos en su escritura, pulcra y precisa. Hay momentos en que pareciera que el joven crítico idealista —todo buen crítico debiera serlo, creo yo, no sólo los jóvenes— se desvanece en incongruencias con respecto a lo ante dicho, lo cual, sí, pudiera significar que ha repensado sus ideas, algo legítimo pero no menos lamentable: alguien que tiene en George Steiner un modelo a seguir, difícilmente justificaría la pedantería y egolatría de un crítico que pretende imponer un canon con sus vecinos y cuates de cantina, como Christopher Domínguez y su, mal que bien, célebre Diccionario de escritores. No puedo acusar a Geney de mostrar displicencia hacia el mencionado crítico, sin embargo, lo exculpa de omisiones imperdonables aduciendo, por ejemplo, que la ausencia de Ana Clavel está justificada con la presencia de Esther Seligson y la de Rafael Ramírez Heredia con la de Álvaro Uribe. ¿Intenta decir que Ana Clavel es menos necesaria que Esther Seligson y Ramírez Heredia que Álvaro Uribe? No entiendo la lógica de tamaña afirmación. Alabo, sin embargo, que cuestione a Domínguez lo que prácticamente todo mundo pasó por alto: la canallada de exhibir a Elena Garro como un ser patético.

Pero bien, la disculpa —no defensa— del “Diccionario” puede percibirse como apología cuando pasamos al siguiente texto, donde se muestra mucho menos magnánimo con la antología de Tryno Maldonado Grandes hits. Vol. 1 Nueva generación de narradores mexicanos. Como en el caso de la crítica anterior, la razón asiste a Geney en varios puntos… pero da la casualidad de que lo que encuentra “disculpable” en Domínguez es motivo de repudio en Maldonado. Está muy bien que Domínguez realice sus ejercicios de discriminación porque es el Gran Crítico… pero qué mal que Tryno Maldonado se haya apoyado en la opinión de escritores de respetable trayectoria para seleccionar a los autores de su antología. ¿En qué quedamos, pues? Para Geney, la soberbia de Domínguez es un lujo que su obra previa le permite darse, pero no mide con la misma vara a Maldonado, cuya juventud e inexperiencia como crítico literario (Tryno Maldonado, no olvidemos, es narrador, no crítico literario), pudieran explicar su táctica. “Hacer una antología”, se lee en el texto dedicado a la antología de Tryno, “es un ejercicio crítico, no de relaciones públicas”. Exactamente lo mismo que pudo haberle cuestionado a Domínguez.

La mayoría de los ensayos que componen El sueño no es un refugio… son extraordinarios, ni duda cabe, hasta el momento en que el autor abandona la tradición literaria para encarar el momento presente. Es como si el Geney Beltrán de 2005 se contaminara de los vicios que tan atinadamente había criticado, al grado de concluir con la reseña de un libro de una joven escritora que, en efecto, tiene mucho talento, pero a quien todavía no le llega el momento de ser elevada a las alturas de Musil, Elizondo, Tario, el propio Steiner, máxime tomando en cuenta que es la única escritora mexicana viva de quien Geney se ocupa, amén de que en su ensayo sobre narradores del norte inexplicablemente le escatima méritos a dos narradoras, Cristina Rivera Garza y Patricia Laurent Kullick, que han hecho lo que reprocha a los autores de la frontera norte no estar haciendo: “Narrar el norte, especulo, exigiría no fotografiar sino contradecir la realidad con personajes complejos y una sintaxis violentada, localizada en la riqueza del habla regional” (“Narrar el norte”, p. 143).

Tenemos reunidos, pues, en este libro a dos Geney Beltrán: el discípulo de George Steiner y el que por momentos nos recuerda a un Christopher Domínguez, en versión depurada, privilegiando a sus afectos y dejándose llevar por las vísceras. Del segundo ya tenemos demasiados clones. Lo que haría falta, parafraseando al propio Geney, es un Steiner mexicano. Así, este libro tiene un doble atractivo: una colección de magníficos ensayos y un retrato de cómo un joven crítico mexicano, de esos talentos que no suelen darse en maceta, y menos en México, se debate entre la trascendencia y la alienación. ®

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Publicado en: Abril 2010, Libros y autores


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  • Manuela de la Vega

    En mis ratos de ocio me encanta vagar por la red buscando los egos de escritores, como son pateados de portería a potería. Le cae el balón, hacen un par de fintas y gol. Oh sorpresa.. anulan el gol. Pues parecería que ando pacheca y aparte dudo mucho que alguien lea mi comentario ya que es bastante vieja esta discusión de lavadero intelectual que se da en esta página. Puedo decir que me encanta la forma en que pelea una diva (Geney) contra el monstruo (Fernando) y como siempre hay un pequeño duende por ahí que podriamos decirle fan. Jejeje.. Pues di con esta página porque me encanta enterarme de lo que no me importa, pero ya había escuchado que en un libro de Beltrán se veía a leguas matas el posicionamiento de su novia como una de las mejores cosas de la literatura del siglo XXI, ahí fue donde entró mi curiosidad. Quién puede decir que alguien es una promesa literaria? Con todo respeto creo que nunca en la historia el lector está esperando que le digan Fulanito o Fulanita es una gran promesa o lo mejor que tendrá la literatura. He leído cosas de nadia via web, no me parece algo que me gustaría leer. Ella me parece lo que yo llamo vedette de las letras, la he visto en persona y es sosa, tanto o más como su literatura. Geney igual. Creo que los últimos “grandes jóvenes escritores” caen en una recargada palabreria bastante abuuuurrriddaaa…. Yo no quiero leer algo que me haga parecer más inteligente por leerlo. En fin, no quería hacer este comentario largo, que a mi misma me causa flojera, pero me intrigó el chisme. Que cada quien escriba lo que quiera y que no me vengan a decir que es bueno y malo, eso ya lo decidiré yo. Saludos y Fernando… más saludos!

  • Eve Gil

    Antes que nada, suplico que no se censure mi comentario (al fin y al cabo soy la autora de la reseña, por Dios)
    Solo puedo decir que me siento muy triste y desengañada por todo este trajín entre Geney y el señor García Ramírez. Advierto que he vivido engañada: para los escritores mexicanos, la auténtica crítica literaria es aquella que DESTRUYE, no la que CONSTRUYE. Y aunque mi nombre no amerite ni ser mencionado porque estoy muy lejos de ese extraño y masoquista ideal, creo que puedo decir que es triste, muy triste, que los verdaderos críticos literarios se rebajen a tratar de convencer públicamente a los emperadores desnudos de que están equivocados.
    Eso es todo. Cedo este espacio a los que quieran hacer circo romano con la crítica literaria, ejercicio que reverencio profundamente…tanto, que he decidido dejar de ejercerla, como no sea para unirme al ejército de comentaristas de libros (porque de algo tengo que vivir, caray)
    Publicamente renuncio a la crítica literaria. Mi vergüenza tras leer lo que piensan los mejores escritores mexicanos de qué es un crítico literario y quiénes son sus favoritos, me rebasa, me rebasa, me rebasa…

  • Curiosa manera de defenderse. García me da la razón con su mensaje anterior. Da un ejemplo de cómo falsea el contenido de mi libro El sueño no es un refugio sino un arma al glosarlo, cómo manipula mis citas y magnifica minucias para sacar inferencias suyas que presenta como conclusiones mías. Como bien se aprecia en las líneas de mi libro que él recupera, yo nunca afirmo que Vargas Llosa sea un escritor mediocre. Toda la elaboración posterior que hace es cortesía suya. Éste es un ejemplo de las variadas falsedades en que incurre en su reseña de Letras Libres. Gracias, pero no. García no es mi vocero: no tiene por qué poner palabras en mi boca. Yo mismo escribo lo que pienso, yo lo firmo con mi nombre. No requiero la colaboración de nadie más para expresarme.
    En su reseña en Letras Libres, García habla de que yo “detesto” a alguien como Vargas Llosa. Yo no detesto personas, yo critico actitudes. Más aún, en mi libro yo señalo que la decisión de un escritor tópico de tratar asuntos distintos cada vez es “respetable”. Si yo detestara a Vargas Llosa, no me parecería “respetable” que escriba sobre “un dictador dominicano o un pintor francés”. Eso sí, en mi libro argumento que para la ficción (la ficción que a mí me parece de mayor peso y significado, no sé si sea necesario redundar en este punto), el tema sí importa; García reduce esa reflexión a una calificación literaria de Vargas Llosa, quien ha publicado varias novelas más y no sólo La fiesta del Chivo y El paraíso en la otra esquina. No considero ecuánime hacer un dictamen crítico sobre la calidad de la obra de Vargas Llosa sólo tomando como referente la elección de asuntos de únicamente dos de sus novelas.
    Ahora, en su último mensaje, García algo balbucea de mi “falta de valor”, dice que no me “atrevo” a poner nombres de autores (¿acaso la crítica es un concurso para demostrar quién es más macho?). De nuevo: García obvia el hecho de que los nombres de Vargas Llosa o Del Paso no tienen que ver con la discusión, más extendida, que planteo sobre la autenticidad y el compromiso moral, que él escamotea o de plano reduce a caricatura al hablar de “hilo negro” y “conclusiones obvias”. Para mí no lo son. Por eso reformulo temas desacreditados que hay que poner en debate de nuevo, al advertir lo que realmente sucede en el medio literario, donde la profundidad y la densidad, en muchas ocasiones, tienen dificultades para obtener presencia. Y otra cosa: a diferencia de lo que (parece) piensa García, yo no trato al lector como un ignorante. Ni siquiera es necesario poner los nombres de Vargas Llosa o Del Paso. Cualquier lector medianamente letrado identifica las referencias. ¡Si ni a García se le escaparon!
    En su mensaje anterior García me pide debatir “sin insultos y con razones”. Que piense “en el beneficio del lector”. Otra vez una insinuación cobarde: sugiere que lo he insultado. Que lo demuestre. He criticado su ejercicio de la crítica; demuestro, como él mismo me ayudó en su mensajito anterior, que su texto se apoya en la falsedad y la omisión oportunista para descalificar mi libro. Si (para él) eso es insultar, entonces estamos hablando idiomas diferentes. O, sencillamente, estamos hablando de irresponsabilidad y cinismo.

  • Fernando García Ramírez

    Estimado Geney:

    Si vamos a debatir sobre tu nota, hagámoslo bien, sin insultos y con razones. En tu blog dices que mi texto está repleto de mentiras y aquí en Replicante adelantas una de mis “falsedades”: “en ninguna página de mi libro afirmo que Vargas Llosa sea un escritor mediocre (es decir, nunca hago un dictamen de sus dotes literarias)”. Sin embargo, en la página 29 de El sueño no es un refugio sino un arma, escribiste: “”El escritor tópico -el escribidor- tiene a la escritura como un oficio y solamente como un oficio. Puede, y sin inflingirse verse dedicado a la redacción de novelas sobre ferrocarrileros o sobre el Imperio de Maximiliano, sobre un dictador dominicano o un pintor francés”. Distingues más adelante entre lo que es un escritor artista y los escribidores de oficio. No lo dices, pero se desprende: entre los grandes escritores y los mediocres. y ¿quién es el autor de una novela sobre un dictador dominicano (La fiesta del Chivo) y sobre un pintor francés (El paraíso en la otra esquina)? Acertaste: Mario Vargas Llosa. Es decir, lanzas juicios y sugieres obras, pero no te atreviste a poner los apellidos del autor que criticas. No voy a referirme aquí a tu falta de valor para mencionar a las personas aludidas por su nombre y por sus obras, simplemente quería señalarte que la tal falsedad no lo es. Ojalá que tu contestación en Milenio sea mejor que lo que aquí exhibes. Ojalá que pienses en el beneficio del lector. Saludos.

  • Gabriela Torres

    Considero que en mí, el texto de Eve ha conseguido su finalidad: la curiosidad lectora. Quiero leerlo. La neta no hay mejor publicidad que los comentarios a los comentarios sobre un autor. ¿Dónde lo consigo? Felicidades.

  • Los comentarios de Fernando García Ramírez, que son un refrito de su reseña en Letras Libres, están llenos de falsedades, omisiones convenencieras, glosas burdísimas, prejuicios de maestrito regañón e insinuaciones cobardes. Adelanto dos ejemplos: 1) falsedad: en ninguna página de mi libro afirmo que Vargas Llosa sea un escritor mediocre (es decir, nunca hago un dictamen de sus dotes literarias); 2) omisión convenenciera: al sorprenderse de que elogio a Liera y Villafuerte, García omite decir que en el mismo libro también argumento mi entusiasmo por Nellie Campobello, Efrén Hernandez o Sergio Pitol. Adelanto aquí esos dos ejemplos, pero este sábado 8, en el suplemento Laberinto de Milenio, doy otros más para demostrar cómo el ejercicio crítico de García es mentiroso y cobarde, es decir, falto de ética.

  • Fernando, creo que la crítica es posible precisamente por la divergencia entre puntos de vista. No se trata de “defender” una postura, mucho menos a un autor. Tampoco de “ponernos de acuerdo”. Si yo digo que respeto tus puntos de vista, es porque no puedo meterme en tu cabeza y cambiar el curso de tus ideas. No escribí esta reseña con la intención de convencer a nadie de que mis ideas son las correctas y he descubierto el hilo negro. Quizá el error está en considerar al reseñista un “convencedor”, una especie de publicista que tiene que CONVENCER a quien lo lee. Yo me limito a aportar mi visión del libro, a analizarlo hasta donde me es posible, a describir lo que vi y no vi en él. Agradezco que alguien levante la mano y me diga “No estoy de acuerdo…” y a continuación exponga sus motivos. A eso me refería con el concepto de respeto. Porque yo insisto en que esto no es, no debería ser una batalla campal, sino un intercambio de ideas. Que tengas una bonita tarde-noche.

  • Fernando García Ramírez

    Estimada Eve:
    No se trata de que escribas para complacer a tus lectores. Pero sucede que Replicante tiene esta sección de comentarios y en ella —supongo— se nos invita a los lectores a dar nuestra opinión. No se trata de polemizar contigo sino de que tu conozcas qué piensan los lectoresde tu trabajo crítico.
    Dices que Geney Beltrán no es lo que tú dices sino que meramente, a ti, así te lo parece. Sin embargo, como decidiste hacer pública tu opinión ésta se ve expuesta a la crítica; cabe entonces preguntarse: ¿si tu juicio es tan subjetivo que no puedes defenderlo, para qué publicas? Si lo tuyo es simplemente una opinión (“a mí me parece y qué”), te aconsejo que no abuses de los espacios públicos, hechos para aquellos que quieran expresar algo más que opiniones y se arriesguen a ensayar ideas necesariamente objetivas o con la pretensión de serlo.
    Te equivocas al decir que yo “odio” el trabajo crítico de Beltrán, simplemente lo juzgo muy inmaduro, que es muy distinto. No entiendo cómo puede ser el autor extraordinario (“sin lugar a duda”, según dices) y luego señalar los yerros que tú le señalas. Me parece incoherente.
    Por otro lado, afirmas que tan válidos son tus juicios como los míos, con lo cual caes en una trampa relativista: si todos los juicios son válidos, ¿qué sentido tiene la crítica?
    Por último, yo no estoy en contra de que cada quien (en pleno uso de sus facultades chovinistas) defienda a los escritores de su terruño, señalé esos ejemplos para mostrar que me parece sospechoso que un escritor como Vargas Llosa es un escritor mediocre y que en cambio señale a su paisano (y en narrativa a su pareja sentimental) como autores de obras maestras. A ti, Eve, ¿no te parece igualmente sospechoso?
    Estimada Eve, practiquemos la crítica, sin visceralidad, con inteligencia y pasión. Sólo eso. No más.

  • ¿Tiene el reseñista la obligación de COMPLACER a los lector, de meterse en su cerebro y pensar exactamente igual que ellos, y realizar reseñas que los complazcan y mimen y les permita esbozar una sonrisa?
    Geney Beltrán -reitero -ME PARECE (ojo, dije: ME PARECE, no ES) uno de los mejores críticos literarios, no solo de su generación, sino de los pocos serios que existen en la literatura mexicana. Si a ti te choca y lo odias, muy respetable. Nadie es monedita de oro, mucho menos el reseñista. Fui absolutamente imparcial al reseñar el libro, pues no solo marco las virtudes de Geney, sino también sus yerros. Considero que una reseña literaria es eso: un análisis del libro, no un medio para despotricar en contra del autor o, peor, cubrirlo de alabanzas. Lamento no coincidir con tus juicios, y sobre todo lamento muchísimo que los escasos lectores de reseñas se empeñen en leer visceralmente. El reseñista dista de ser una autoridad, como tampoco lo es el lector. Lo que debiera ser un sano ejercicio de retroalimentación se convierte en una guerra campal. No puede dejar de entristecerme esa situación. Insisto: respetable que no te haya gustado el libro de Geney, ni mi reseña. Igual de respetable que a mí me haya gustado parcialmente y que mi lectura se haya enfocado en la evolución de un crítico que, sí, por momentos pareciera involución. En cuanto a lo de Oscar Liera…por favor, entonces, como soy sonorense, no tengo derecho a decir que el mejor poeta de México me parece Abigael Bohórquez. Tengo que elegir a uno de Veracruz o de Campeche para que no digan que soy regionalista….¡POR FAVORRRRR!!!! (y en eso coincido con Beltrán: no existe un genio en dramaturgia de la estatura de Liera, Im sorry)

  • Fernando García Ramírez

    No puedo estar de acuerdo con Eve Gil. Acabo de leer el libro de Geney Beltrán y me pareció muy malo. No encuentro por ningún lado “el talento para argumentar, contradecir, convencer” que menciona Eve. Al contrario, me parece un libro berrinchudo, caprichoso, que revela un autor furioso que llega a conclusiones obvias. ¿Qué es lo que dice? Dice que el escritor debe ser “auténtico al mentir”, debe escribir para la posteridad (los lectores que importan son “los que aún no están”), debe escribir para transformar el mundo (y para sustentarlo se vale de una cita de Gabriel Zaid, que es, como todos saben, un escritor revolucionario). Descubre constantemente el hilo negro. Sus razones, como dice Geney en un arrebato de honestidad/cinismo, son “razones adolescentes”. Es sorprendente la afirmación de Eve de que los textos de Geney son “extraordinarios, ni duda cabe”. Bueno, claro que cabe la duda. Algunos textos son más bien mediocres. Detesta al “escritor tópico”, como Mario Vargas Llosa, dedicado a redactar novelas “sobre un dictador dominicano o un pintor francés”, o Fernando del Paso, al que considera un escritor vacuo y vano. Por eso sorprende que la única vez que Geney utiliza la frase “obra maestra” sea para designar a Oscar Liera, dramaturgo sinaloense, su paisano, y que su apuesta (“figura mayor de la literatura del siglo XXI”) sea Nadia Villafuerte, narradora muy cercana al crítico. Con defensores como Eve Gil, ¿quién necesita enemigos?

  • Ay Señor Fombona, estoy muy muy muy enojada, tanto pero tanto, pero casi me da un infarto. ENOJADISÍSIMA. FURIOSA. Ay, si pudiera lo mataría con mis propias manos…y tiene razón: Eve Gil es un pseudónimo, en realidad me llamo María Sánchez. Mis libros los firmo como Eve Gil porque soy muy mamona (ni modo, tengo que reconocerlo) y me agrada emplear nombres que suenen a gringo…y ya no sigo, o de lo contrario escribiré un mensaje tan pero tan largo -como usted comprenderá- que le dará huevísima leerlo, como me lo dio a mí el suyo. Ah, y sí, estoy terriblemente enojada, furiosa…

  • Dr. Fombona

    A ver, no pensé que mi comentario suscitara tanto enojo. Para empezar, ni siquiera pensé que lo dirigía a la autora de la reseña(como puede verse claramente), sino a otros posibles lectores y a los redactores de la revista. Por ello no estoy tan seguro de que lo mejor sea lo que estoy haciendo ahora mismo, es decir, responder, porque si no esto puede llevar a interminables mensajes cruzados que no le interesan más que a los dos involucrados. Sólo precisaría algunas cosas:
    -¿por qué está tan segura de que mi nombre es un pseudónimo? En todo caso, yo jamás he estado seguro de que el suyo no lo sea: ¿Eve Gil? Suena al menos tan pseudónimo como el mío, que quizá no lo es. Pero a mí no me importaría que el suyo efectivamente lo sea: me basta con que otros textos suyos (u otras respuestas en este espacio) vayan firmados igual: Eve Gil. Mucho gusto, Eve Gil, pseudónimo o no.
    -no sabría cómo decir nuevamente lo que ya más o menos dije, y que se me creyera. Quizá jurándolo por el Señor de las Maravillas: el libro de Geney Beltrán “no me encantó”, lo que ahora complementaría así: no me gustó. Y ni siquiera sé si me plantearía el espinoso tema de si admiro o no a Geney Beltrán. De hecho, entre otras cosas, la reseña me pareció mala porque elogia lo fácilmente elogiable (las “poderosas capacidades críticas e interpretativas”), y en cambio se quiere poner crítica con un asunto al que no le concedería mayor importancia: si Christopher Domínguez es un pedante y ambicioso o no, si su Diccionario es una imposición canónica o un robo al erario. De una vez lo diría también aquí, para evitarnos malentendidos: el Diccionario ni me gustó ni me parece admirable ni mucho menos. Ni tampoco me gustó la excesiva importancia que muchos de sus críticos le otorgaron, y le siguen otorgando: para que dicho Diccionario sea canónico, a estas alturas haría falta que muchos lectores o críticos acepten sus juicios o, aun suponiéndolos errados, que acepten su autoridad moral para emitirlos, o aun suponiendo ausente esa autoridad moral, que acepten el puro hecho de la autoridad moral, el puro hecho de lo canónico. Quiero decir: de pronto me asalta la terrible sospecha (pero se pasa pronto) de si no será que tal Diccionario se ha vuelto canónico sobre todo por textos como la reseña que ahora comentamos.
    -lo que en cambio sí me gusta mucho es cómo se pasó de “alguien que tiene en George Steiner un modelo a seguir, difícilmente justificaría la pedantería y egolatría…” (de la reseña) al “NADIE QUE TENGA EN GEORGE STEINER UN MODELO A SEGUIR PUEDE JUSTIFICAR LAS PEDANTERÍAS DE CHRISTOPHER…” (del comentario, con sus grandes mayúsculas). Casi me habría gustado más este arrebato tan enfáticamente visceral en la reseña, que las dudas razonables que originalmente se estamparon ahí.
    -diría algo más, en el más puro estilo de las discusiones de blog: qué malo que mi comentario a su reseña le parezca malo sólo porque soy lo suficientemente discrepante de su citada reseña.
    Ahora bien, quizá no tendría que haber puesto “Dios mío” ni algo tan claro y fuerte como que la reseña me pareció muy mala. Y aquí hablo sin ironía ninguna: quizá no fue el mejor tono para comentar la reseña. Es más: sin el quizá. Fue un poco agresivo y payasito, sin duda no la mejor manera para iniciar una conversación. Pero he vuelto a leer la reseña, y mi comentario y el suyo, y, ni modo, no he cambiado de opinión. Sin embargo, agradezco su interés.
    Dr. Fombona

  • Dios mío…y qué malo que una reseña te parezca mala solo porque no soy lo suficientemente elogiosa con la gente que admiras…y qué malo que uses pseudónimo también…y,Dios mío, qué malo que no leas correctamente las reseñas y te dejes llevar por las vísceras…y qué malo, qué malo, insisto, que no pongas tu verdadero nombre. Y reitero lo dicho:NADIE QUE TENGA EN GEORGE STEINER UN MODELO A SEGUIR PUEDE JUSTIFICAR LAS PEDANTERÍAS DE CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ Y LETIGIMAR SU PRETENDIDA AUTORIDAD CRÍTICA. Qué malo, qué malo…pero así es, quien quiera que seas…así es…

  • Dr. Fombona

    Qué mala reseña, dios mío. No me encantó el libro de Geney Beltrán, pero no puede ser que la autora de este texto escriba una ocurrencia como esta: “alguien que tiene en George Steiner un modelo a seguir, difícilmente justificaría la pedantería y egolatría de un crítico que pretende imponer un canon con sus vecinos y cuates de cantina, como Christopher Domínguez y su, mal que bien, célebre Diccionario de escritores”. ¿Y entonces si yo tengo a Maradona como modelo a seguir sí se justificaría que justificara a don Christopher, o al perro Bermúdez? Perdón, pero allá si la autora siente que se le intentó imponer -sí, a ella- un canon o una chamarra. Allá también si le parece célebre el diccionario de Domínguez, o si incluso esa posible celebridad le parece importante. En todo caso, Geney Beltrán no criticó la antología de Almadía porque Tryno Maldonado haya basado y legitimado su selección en escritores de prestigio, sino porque el mismo Maldonado ofreció que su antología era la primera de una nueva época, libre ya de tutelas de Paz, Fuentes y otros grandes escritores justamente de prestigio. Eso es lo criticable, y eso es lo que criticó Geney Beltrán: pedirle a grandes escritores que autoricen tu selección, y luego vender tu librito con el eslogan de la independencia, la ruptura y, claro, la “juventud”. Y ahí está un poco el problema de este horror de reseña: no el hecho de dejarse “llevar por las vísceras” sino el dejarse llevar por las vísceras pero decir que no se está dejando llevar por las vísceras y, por si fuera poco, criticar al objeto de su reseña por -adivinen- dejarse llevar por las vísceras.

  • Román M

    A ver: Geney camina del lado de los alineados porque no le tira a Domínguez. ¿Hay otro argumento? Sí: Geney reprocha a Maldonado lo que omite en Domínguez. De acuerdo. Pero entonces todo se pone raro: ambos casos son reprochables pero hay una parcialidad en la crítica que critica al crítico: a uno se le perdona porque es joven (irreprochable fuero, claro) y a otro se le condena por ser el Gran Crítico -Malvado-.

    Anticipo la respuesta: imponer a tus cuates dentro en un canon es un crimen que depende de la autoridad de quién decreta; no es lo mismo alguien que publica en letraslibres que uno que… es joven. Y ya. Así nomás. Pero también es igual de reprochable la notable saña con que se descalifica por no colindar con juicios entre el crítico y la que crítica al crítico (Leer “al grado de concluir con la reseña de…”).

    Es decir: pregona lo que combate. El hábito de escribir con las vísceras se da en las dos direcciones: a la hora de hacer hagiografías a tus vecinos, como cuando (por deber cívico, moral, ético, cristiano o lo que sea) se condena al séptimo infierno con tal énfasis que lo que importa ya no es la crítica literaria sino las relaciones políticas implícitas: que el juicio sea correcto.

    Entiendo la desazón y frustración de leer algo como “Diccionario Crítico de la literatura…” pero si la discusión sigue sólo en la correcta repartición de reseñas, o el grado de permisión entre un escritor y otro, lo que tendremos ya no será crítica literaria sino un combate de altavoces entre el Gran Crítico -Malvado- y la Gran Conciencia Moral Denunciante: un juego de auto propaganda donde se privilegian los nombres de los autores y su moralidad por encima de la obra que construyen. Tal vez habría que buscar una forma más inteligente de escribir en contra. Pero eso sería ser un tanto neutral. Y por ser neutral no sería severo con las atrocidades de Domínguez. Al no ser severo le estaría haciendo apología. Y entonces, por no tirarle a Domínguez caminaría a la alineación. Tal es el argumento circular…