Gustave Flaubert, la fotografía y su retrato

Viaje a Egipto y Palestina con Maxime Du Camp

Du Camp no tenía la menor idea de la técnica fotográfica, aunque era un experto orientalista y sobre todo un gran vividor. Tenía los contactos y la labia para convencer de que él y su acompañante serían capaces de reunir un álbum fotográfico que recorrería desde las pirámides hasta la muralla de Jerusalén.

Retrato de Maxime Du Camp.

Retrato de Maxime Du Camp.

Maxime du Camp y Gustave Flaubert emprendieron en noviembre de 1849 un viaje por Egipto y el Medio Oriente. Embarcaron una mañana de Marsella en el barco bautizado como Le Nil. Llegaron a Alejandría, pasaron por El Cairo y tomaron el río Nilo abajo en una barca típica de la zona. Du Camp llevaba consigo casi 350 kilos de material fotográfico. Justo lo necesario para llevar a cabo el proyecto de más de doscientos calotipos que terminó publicando con el título de Égypte, Nubie, Palestine et Syrie, dessins photographiques recueillis pendant les années 1849, 1850 et 1851, editado en París por Gide et Baudry en 1852. Junto a su buen amigo Gustave Flaubert emprendió un viaje por Egipto, Nubia, Palestina y Líbano. Antes habían realizado un viaje por Bretaña y escrito conjuntamente Par les champs et les grèves (1847-1848), libro en que Du Camp escribe los capítulos pares y Flaubert los impares. Fue editado hasta 1886 por la casa Charpentier. Legitimados por el gobierno francés, fueron designados con una misión de orden arqueológico. Se discrepa sobre los distintos organismos gubernamentales que dispusieron de los medios diplomáticos para enviar a los dos viajeros a Oriente, pero el propio Du Camp en Souvenirs littéraires (1881, 1883) explica en qué consistió la misión: recibirían pasaportes y visados de índole oficial y ninguna ayuda económica con la condición de que Gustave Flaubert respondiera al Ministerio de Agricultura y Comercio con un informe sobre los aspectos destacables de los diferentes puntos de reunión y puertos de caravanas que encontraran en su camino. Mientras que a Du Camp, al ser amigo del filólogo François Génin, le fue concedido el proyecto de carácter arqueológico que propuso.

Maxime Du Camp, mezquita de Omar en Jerusalén.

Maxime Du Camp, mezquita de Omar en Jerusalén.

Du Camp había formulado el 8 de octubre de 1849 al gobierno francés un proyecto de documentación e investigación de las ruinas del antiguo Egipto, Mesopotamia y Tierra Santa con el fin de fotografiar todo aquello que ya Arago había enumerado con la melancolía de quien murmura lo mucho que se hubiese ahorrado el hombre si la fotografía hubiese llegado unos cuantos años antes. Le fue concedido el 20 de octubre, sin duda precipitadamente. La seguridad de que Francia era capaz de documentar todo ese pasado glorioso, que contaba con los hombres y la tecnología, motivó no sólo este proyecto sino muchos otros financiados por el gobierno. Si bien Du Camp no tenía la menor idea de la técnica fotográfica, sí era un experto orientalista y sobre todo un gran vividor. Tenía los contactos y la labia para convencer de que él y su acompañante serían capaces de reunir un álbum fotográfico que recorrería desde las pirámides hasta la muralla de Jerusalén. Sería capaz de concretar uno de los sueños que sobre la fotografía se forjó desde sus albores, el proyecto más anhelado de la egiptología en su momento con la tecnología que permitiría proveer de las imágenes más veraces para provecho de la ciencia. No sólo la tecnología permitiría la copia y consignación del legado del antiguo Egipto sino que lo haría con la rapidez que el progreso decimonónico estaba introduciendo en la vida del hombre moderno. Maxime Du Camp ya tenía publicado un libro de viajes, Souvenirs et paysages d’Orient (1848)y frecuentaba la Société Orientale, fundada en París en 1842, de la cual le nombraron titular el 14 de agosto de 1849. Además se documentó exhaustivamente, al igual que en el viaje que emprendió con Flaubert por Bretaña, leyó numerosa bibliografía sobre Egipto antes de proponer el proyecto. Ya tenía la idea de volver a Oriente junto a su amigo Gustave Flaubert, la misión fue una puerta que tocó para conseguir la protección del Estado y con ella mayor facilidad para desplazarse.

La seguridad de que Francia era capaz de documentar todo ese pasado glorioso, que contaba con los hombres y la tecnología, motivó no sólo este proyecto sino muchos otros financiados por el gobierno. Si bien Du Camp no tenía la menor idea de la técnica fotográfica, sí era un experto orientalista y sobre todo un gran vividor.

Durante el viaje la fotografía fue todo un dolor de cabeza. Flaubert alguna vez le ayudó, pero fue sin duda una excepción, no le interesaban en absoluto las largas caminatas, el calor ni las jornadas de horas para tomar una fotografía. En una carta fechada el 3 de mayo de 1850 escribe a su madre desde las orillas del Nilo, en Luxor, sobre los inconvenientes de echar una mano a Du Camp: “Después de mi última carta desde Esneh, partimos el 26 de abril, no tengo nada nuevo que decirte, solamente que tengo todos los dedos manchados de nitrato de plata, por haber ayudado a mi socio, ayer, en Herment, durante sus trabajos fotográficos”. Quedar con los dedos manchados de nitrato de plata significa tenerlos ennegrecidos por días.

Además es conocido que tampoco le gustaba la idea de estar tantas horas en entre ruinas, monumentos y sitios arqueológicos, le parecían agotadores y finalmente aburridos. Flaubert en sus cartas demuestra entusiasmo por sus visitas a los prostíbulos, las drogas y las noches envueltas en vino. No era su proyecto, nunca se sintió atraído por la fotografía al punto que hasta pasados muchos años aceptó ser retratado por Nadar como un gran escritor. La actitud de Flaubert hacia sus retratos era de sorpresa y rechazo. En 1864 escribió a J. Duplan sobre su reacción ante los retratos formales, dice: “En cuanto a la fotografía, veinte veces que la veo y veinte veces que me río. ¡Qué arrugas! Y qué buena cara de burdel. ¡Enhorabuena! No puedo dejar de contemplarme”.

Gustave Flaubert aproximadamente en 1850, daguerrotipo 10x8 cm. Retrato poco conocido de un Flaubert joven, el que podemos imaginar viajando por Egipto.

Gustave Flaubert aproximadamente en 1850, daguerrotipo 10×8 cm. Retrato poco conocido de un Flaubert joven, el que podemos imaginar viajando por Egipto.

Para él sin duda el proyecto fotográfico de Maxime du Camp sólo interrumpía el devenir del viaje. En su recuento del viaje, Voyage en Orient, escribe, sólo por citar uno de tantos comentarios sobre el tiempo dedicado a la fotografía: “Domingo 5. Vigilar los revelados en el palacio. En cuanto este estúpido trabajo termine, paseo por el lado norte de Karnak”.

Du Camp parece que tomó dos fotos de Flaubert en Egipto. Una, que no se ha encontrado hasta la fecha, posa sobre las pirámides pero sobre la que Flaubert hace referencia en Voyage en Orient. Escribe con fecha del 9 de diciembre de 1849: “Domingo. Mañana fría pasada haciendo fotografías. Poso en lo alto de la pirámide que es al ángulo sudoeste de la grande”. Otra en los jardines del Hotel del Nilo. Esta fotografía fue publicada en el libro Égypte, Nubie, Palestine et Syrie, existen las anotaciones que Du Camp realizó en su ejemplar personal donde marca al frente de la fotografía: “Casa en Mousky, 9 de enero 1850”. Mientras que en el sobre del negativo escribe: “El Cairo. Vista del jardín del Hotel del Nilo (El personaje que da la proporción en Flaubert)”. La imagen de Flaubert sólo se adivina con ayuda de la información documental ya que la fotografía por sí misma no desentraña de quién es la figura que pasea delante de las fachadas derruidas y la maleza.

“Le Kaire: maison et jardin dans le quartier Frank”, pl. 3, papel salado de negativo sobre papel, 21 x 14 cm, montada sobre papel 44.5 x 31cm, archivo digital de la New York Public Library.

“Le Kaire: maison et jardin dans le quartier Frank”, pl. 3, papel salado de negativo sobre papel, 21 x 14 cm, montada sobre papel 44.5 x 31cm, archivo digital de la New York Public Library.

Gustave Flaubert en una carta dirigida a su amiga a Louise Colet fechada en 1853 describe la fotografía y su renuencia a hacerse retratos: “No consentiré jamás a que hagan mi retrato en fotografía. Max [Maxime du Camp] lo hizo, pero yo llevaba ropa de nubio, en pie, y visto desde muy lejos, en el jardín”. Posiblemente los jardines del hotel dan a la parte trasera de las casas logrando una imagen sugerente de un orientalismo menos centrado en el estereotipo romántico sino en la estética de lo perdido. La fotografía habría sido preparada por Du Camp para practicar el procedimiento atendiendo a la facilidad del emplazamiento y la prestancia de su amigo. A pesar de que Flaubert vaya vestido expresamente y la espontaneidad en el montaje fotográfico sea nula, la impresión es similar: un fantasma que camina por entre las ruinas de una civilización. ®

Publicado en: Fotografía, Julio 2013

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