Melancolía y saturación

Sigur Rós y Garbage

Sigur Rós y Garbage regresan con nuevos trabajos discográficos que pueden considerarse como unos de los más marcados en sus trayectorias debido a la manera en la que estiran su sonido.

La esperanza oculta en el desencanto

Más allá del debate que normalmente comienza cuando uno cuelga la etiqueta de post-rock, de si existe esa vertiente, o si se trata de una mutación del rock progresivo en los últimos años del Siglo XX y los primeros del Siglo XXI, Sigur Rós se ha convertido en un referente en los últimos años, debido a lo emocional, y en algún momento, a lo experimental de su música.

No han sido pocas las ocasiones en las que al sonido del cuarteto islandés se le ha clasificado como glaciar, especialmente en sus primeros trabajos. Posteriormente, sin dejar de crear música atmosférica —que a través de la generación de melodías dulces genera alguna sensación en el escucha, ya sea de paz, relajación, contacto espiritual hasta de enojo, tristeza o simplemente ganas de no seguir escuchando por algún motivo, causa o razón— comenzaron a darle más presencia a ritmos contundentes y guitarras más ruidosas. Es decir, la rabia empezó a entrar como la humedad.

Así fue hasta 2008, cuando su sonido se volvió un poco más festivo, lo cual llegó a decepcionar a sus escuchas más radicales, como suele suceder cuando un grupo toma otro camino.

En 2012 la agrupación está de vuelta con Valtari, que a pesar de lo trillado de la frase, puede concebirse cono un regreso a las primeras etapas de la agrupación, concretamente al sonido de Ágætis Byrjun (2000), el álbum que los diera a conocer, pero con una diferencia: es un trabajo aún más armónico. Para quien escribe esto, es su trabajo más delicado e incluso más cursi, debido a meloso de las armonías y etéreo de los sonidos que cubren como una tersa neblina a cada una de las canciones incluidas. Mas no significa que sea malo, pero sí se extraña la fuerza.

Cierto, en Valtari se pierde en buena parte esa combinación de sonidos etéreos, pianos tristes que guiaban a los escuchas en esos viajes con la rudeza y salvajismo presente en la segunda mitad de ( ) (2002) y que llegó a su mejor momento en Takk (2005). Si acaso lo más cercano a esto es el cierre de “Varúð”, la tercera pieza del álbum.

Quizá Valtari no tenga los tintes festivos de Með Suð Í Eyrum Við Spilum Endalaust (2008), más no llega al otro extremo del citado Takk, para muchos su obra maestra.

Su nuevo trabajo es más contemplativo, más centrado en los detalles, y será el disco con el que más de alguno reafirmará su gusto o desdén, además de que recuerda un poco más a The Cocteau Twins, en el sentido de que embona más en lo denominado como Dream Pop, que hacía dicha agrupación.

Las letras siguen estando en ese en idioma inventado por ellos mismos que remite a la esperanza, pero la voz y los sonidos son los que se encargan de transmitir un mensaje abierto, con o sin sentido, con o sin una intención, pero capaz de mover las emociones.

Simplemente, se trata de Sigur Rós, no es otro trabajo en solitario de Jónsi, su vocalista, los cuales tienden a ser más alegres, la maquinaria volvió echarse a andar y ahora de manera más fluida, sin las “trabas” reflejadas en un sonido más duro, cercano al de un grupo de rock y en otra escala, pero regresó.

Otro más para el revival noventero

Para algunos fue un chiste mientras que para otros fue una gran noticia: Garbage, ese cuarteto que llamó la atención especialmente a mediados de los noventa, anunció su regreso después de varios años de ausencia.

Not your kind of people, su quinto trabajo discográfico, lanzado en mayo pasado, reafirma la nostalgia por los noventa que desde hace algún tiempo se asoma en la música, el cine y la televisión. Baste recordar el año pasado las diferentes rediciones de diversos artistas, especialmente de álbumes lanzados en 1991 y con los cuales las discográficas buscaron hacer su agosto de nuevo.

Not your kind of people suena a Garbage en 2012, pero la esencia es la misma: un rock pop con tintes de otras vertientes que aceleran, hacen bailable o muy agresiva la música, además de algunas baladas dramáticas.

Lo que llama la atención de Not your kind of people es que a simple escucha puede tener un sonido más orientado al rock con una línea pop definida, pero es la saturación de los detalles como secuencias, atmósferas y efectos en su sonido lo que a fin de cuentas le da forma. El detalle se convierte en la base.

Tiene momentos interesantes, por ejemplo esos guiños muy marcados a la música más bailable aunados al rock duro, como “Systematic Automatic Habit”, encargada de abrir el álbum. Toda esa combinación entre lo inorgánico de la música electrónica y lo “orgánico” funge como escenario para un relato en el que los mecanismos de defensa, las mentiras y los secretos hacen de las suyas a lo largo de poco más de tres minutos. Algo similar sucede con “Blood for poppies”, primer sencillo, mientras que “I hate love” es más orientada al baile.

La mentira, lo siniestro, la incongruencia, la rabia, la tristeza, el miedo, la aceptación de lo diferente, el amor, el desamor, la desesperación, la locura, el control, el dominio, la toxicidad de las personas y lo raro que podemos ser los seres humanos son algunas de las temáticas que siempre ha abordado Garbage en su obra y en este disco no se ausentan.

Si bien es cierto que el sonido está anclado a ese rock electrónico que generaron en los noventa —ahora llevado a un extremo— y que no reinventan ni su sonido ni el hilo negro, hay algunos giros de tuerca. De vuelta a los detalles.

Hay acercamientos al pop más descarados, a la música bailable y a la electrónica, pero también destaca la manera en los que se hacen los cruces entre las diferentes vertientes. Incluso la inserción de otros géneros. Hay un poco del glamour del Beautiful Garbage (2000) y se pierde un poco la crudeza de Bleed Like Me (2005), pero ahondan los ecos de Garbage (1995) y Version 2.0 (1998), especialmente en cortes como “Big bright World”, quizá uno de los temas, en lo musical, más luminosos que hayan hecho.

Dentro de lo más destacado se encuentran “Control”, cruda, saturada de efectos, potente, pero también por lapsos un poco atmosférica y que a su vez recuerda a “Vow”, de su primer álbum; “The one” parte de un acercamiento más en serio al Kraut Rock y que añade velocidad y potencia para convertirse en uno de los cortes más “diferentes” de Not your kind of people; en la recta final del disco se asoman los fantasmas de bandas como The Cure y U2 en “What girls are made of” y “Bright tonight”.

La presencia de la vocalista escocesa Shirley Manson, quien en estos años incursionara en la actuación, sigue siendo punto de referencia. Diva, sí. Maligna, también. Oscura, algo hay de eso. Dramática, por supuesto. Sí, tiene encanto, pero no es de porcelana. Vulnerable, rabiosa e iracunda. Eso permanece hasta la fecha y se hace más palpable en Not your kind of people.

Saturado, quizá demasiado; glamoroso, fuerte, crudo e incluso meloso por momentos. Eso es Garbage este año. No cambia, se acentúa con los años. Genio y figura. ¿Acaso es necesario el cambio forzado para aparentar evolución? Podría parecer que en el caso de Not your kind of people, el avance está en los detalles. ®

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Publicado en: Junio 2012, Música


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