Mexica Hardcore

Historia del punk en México

Somos las flores del basurero.
Grafitti anónimo a las afueras del metro Pantitlán

El punk en México adquirió características muy particulares, diferentes del punk europeo y norteamericano. La miseria y el autoritarismo hicieron de este movimiento uno especialmente rabioso y contestatario. ¿Qué queda de todo eso ahora?

Herejía, Kagada de Perro, MELI, Vómito Nuclear, Solución Mortal, Massacre 68, Espécimen, Heterodoxia, Colectivo Caótico, Autarkía, Pisando Mierda, Desviados, Desobediencia Civil, Ley Rota, Ámpula, Cráneo, K’dveres, Rebel’d Punk, Atóxxico, Síndrome, SS20 (Secta Suicida Siglo XX), Nota Roja, Semen, Bacteria, Katarsis Liberada, Boikot, Asociación Delictuosa, Sedición, Sin Control, Desgarración, Sudor de Cola, Desahogo Personal, Sabotaje, Explosión Humana, Autodestrucción, Xenofobia, Antisociales, Akorvus, Grafitti 3X, Atheos, Kaos Subterráneo, Constructores del Odio, Clonación, Orines de Puerco, Turbulencia Kaótica, Enemigo Público, Komida Kruda, Eutanasia, Descontrol, Desorden Público, Oveja Negra, Epilepsia, Seguimos Perdiendo, Coprofilia, Verdugo Social, Desecho Social, Supositorio Social, Sistema Negativo, Sin Razón Social, Animal, Duda Radikal, Pulsiones Crónicas, Penetración Dolorosa, Clamor Inexorable, KKKore y Mierdas Punks son algunas de las bandas de punk mexicano en las cuales se inspira esta columna.

Si la Inglaterra del segundo lustro setentero era el suelo fértil para el surgimiento de grupos anarquistas y punks, qué podemos decir del México de los últimos quinientos años y su constante historia de desigualdad, humillación y miseria. ¿Qué no la primera manifestación punk fue apedrear al pinche Moctezuma por lamegüevos y traidor? ¿Qué no aguantar vara mientras los tiras gachupines le daban una calentadita en los pies hace de Cuauhtémoc un digno emblema de la resistencia? En contraste con países como Estados Unidos, Inglaterra y España, donde el movimiento punk ha rebasado su razón primigenia de protesta para convertirse en un género más en la búsqueda de la comercialización y los placeres que emanan de ésta, en México la tendencia sigue siendo hacia el encabronamiento. Al punk mexicano no le ha dado tiempo de volverse melódico y mucho menos happy. Desde luego, no estoy considerando punks a los indies y emos de bandas con nombres de plantígrados, que de pronto se aceleran en una rola o que un buen día se les ocurre pintarse los pelos de rojo para verse más freakies o más fashion.

El punk mexicano suele ser duro, rápido y agresivo: es hardcore punk. Influenciados por bandas como Black Flag, Discharge, The Exploited o D.R.I., los punkss mexicanos han creado a contracorriente una comunidad distinguible y un sonido uniforme. Las raíces del punk mexicano se remontan hacia 1977, y desde entonces los medios de comunicación y las disqueras han coincidido en algo: un manifiesto desinterés por el movimiento. El argumento suele ser el mismo: incapacidad musical, discurso disidente y ofensivo y, por si fuera poco, una estética inaceptable. Sumarizando: la idiosincrasia punk desborda la estrechez de sus estándares.

La historia del punk en México es curiosa y, en cierta medida, paradójica. En primera instancia habría que mencionar a grupos como Los Watts o Ruido Blanco, quienes con un sonido más cercano al ska intentaron ser una opción alejándose de la comercialización rocanrolera. Los primeros punks, cuenta la leyenda, surgieron en zonas más bien fresonas de la Ciudad de México, allá por los rumbos de la Zona Rosa, San Ángel y Polanco. Tocando en el mitológico antro Hip 70, en San Ángel, bandas como Size o Dangerous Rhythm (los mismos que más tarde se convertirían en los poprockeros de Ritmo Peligroso), estuvieron conformadas por jóvenes sin muchas necesidades económicas. Tenemos, pues, que mientras en la Gran Bretaña y en Estados Unidos el punk se ha venido suavizando con los años, después de surgir de las cloacas de barrios proletarios, en México surgió como un capricho musical y más adelante tomó su verdadero cauce en los estratos desfavorecidos y con mayor necesidad de protesta.

Es la década de los ochenta la de la explosión punk definitiva. La banda Rebel’d Punk de la colonia San Felipe de Jesús encabeza la lista. Los semilleros claves por excelencia son Chalco, Ciudad Neza y el Tianguis del Chopo; este último se convierte en una catedral sin techo donde se llevan a cabo toquines y concursos que permiten, incluso, la grabación de demos en vivo que después se venden en sus propios puestos.

Desde luego, para las nuevas bandas la idea de cobrar aunque sea lo de los gastos de transporte es sólo eso: una idea. Estos grupos no tienen de otra y comienzan a tomar la calle como escenario, combatiendo el desdén de las disqueras con grabaciones caseras que se distribuyen en casetes con portadas fotocopiadas en blanco y negro.

Ciudad Neza es también el sitio. Ahí numerosas bandas de jóvenes encuentran en la filosofía punk un medio para escapar de la precariedad. Los de Colectivo Caótico llevan a cabo sus primeros ensayos con tarolas y platos hechos con botes de basura y guitarras rotas. Los de la mítica banda Mierdas Punks organizan palomazos donde la bandita se divierte dándose de putazos mientras las rolas se hacen escuchar a través de los bafles reventados.

Es quizá por todo eso que la nefastamente célebre revista Alarma! comienza a llamar punks a todos los güeyes detenidos en las redadas policiacas, tan frecuentes al finalizar las tocadas. Bastaba con que el sujeto en cuestión tuviera el pantalón raído o que existiera algún indicio en su vestimenta o en su cabello que lo conectara con el rock para ser catalogado como un punk de lo peor, sinónimo de un pinche criminal. Es por ello que esta estigmatización ha sido el tópico más recurrente en las letras de los grupos punks. Canciones como “Es delito ser joven, es delito ser punk” (Rebel’d Punk) y “No más represión” (Massacre 68) se han convertido en himnos incuestionables.

Con la intención de distanciarse del título peyorativo chavo banda algunos intentaron anteponer una imagen más activista. En los primeros años de la década ochentera nacieron los primeros colectivos anarcopunks, entre los que figuran el Colectivo A, Chavas Activas Punks, Punks Never Died. Asimismo, surgieron los fanzines Falzo Magazine (distribuido por el famoso Ángel del Crimen, fundador del proyecto Punk DeFectuoso), Karamelo (dirigido por La Zappa, pionera del movimiento feminista anarcopunk), Amor y Rabia, Motín, Contraviolencia y Urbanicidios. Desafortunadamente, hoy en día es prácticamente imposible encontrar originales de estas publicaciones. Con mucha suerte algo se puede hallar en los puestos de viejo del Tianguis del Chopo. Las reuniones más conocidas de los diferentes colectivos eran en el Frontón de Iztapalapa o a las afueras del metro Insurgentes. Ahí se llevaban a cabo performances y toquines bien atascados de las bandas nacientes de hardcore: Sistema Negativo, Histeria, Kaos Subterráneo, MELI, SS20, Massacre 68 y Atóxxxico.

En el último tercio de la década de los ochenta, es decir, unos diez años después del nacimiento del punk en México, comenzaron a surgir espacios, sobretodo en la radio, para la difusión del movimiento. Héctor Castillo Berthier presentaba en 105.7 el programa Sólo para bandas, mientras que el Inspector Vorágine conducía Con los pelos de Punkta en Rock 101. Todavía entrados en el nuevo siglo, Roberto Muñoz, el Warpig, quien ha sido integrante de varios grupos, entre ellos Atóxxxico y Lost Acapulco, presentaba Las dos horas D’Brayan en Radioactivo. Igualmente, la revista Banda Rockera, dirigida por el fallecido Vladimir Hernández, incluía reseñas de demos y conciertos punks.

Con el empuje lento pero seguro de la banda comprometida con el movimiento, en 1988 apareció  el primer disco de punk mexicano grabado en un estudio profesional. El álbum titulado Sólo para punks incluía rolitas de cuatro de las bandas más representativas en el entorno nacional: Rebel’d Punk, Síndrome del Punk, Descontrol y Desorden Público.

Ante la creciente oleada, bandas de punk españolas de la altura de La Polla Récords, Eskorbuto y Total Chaos realizan algunas presentaciones en el país. Con el punk mexicano en pleno apogeo, las viejas ideas del no future inglés poco a poco se conjuntan con las consignas anarquistas de Bakunin y Ricardo Flores Magón.

La banda Massacre 68 publicó en 1990 el álbum No estamos conformes. Este disco, que impactó mi conciencia en los borrosos años adolescentes, también marcaría un hito en la historia del hardcore mexicano. Con canciones como “Ejército Nacional” o “Víctima del vicio” el gritante Aknez y su banda reventaron los escenarios de distintas plazas a lo largo del territorio nacional.

Actualmente hay un chingo de bandas y colectivos. Sin embargo, los espacios en medios y revistas de mayor circulación continúan estando restringidos. A pesar de la supuesta libertad de expresión que se presume aquí y allá y de que el rock es ya un género que se comercializa normalmente, en México sigue sin haber difusión mediática de las propuestas artísticas punks.

Quién que no sea punk se entera, por ejemplo, de que el último domingo de cada año se celebra el Día del Punk. El festejo se hace generalmente en la Arena López Mateos de Tlalnepantla o en el Deportivo Mina de la Guerrero.

Con todo y todo, México es y seguirá siendo un país que por naturaleza histórica tiende al punk. Algunos lo dirán y otros no. Siempre habrá diferentes métodos para manifestarlo o para reprimirlo. Lo que queda claro es que, le pese a quien le pese, el punk en México tampoco ha muerto. ¡Tiahui Mexica Tiahui!

*Con especial agradecimiento al Sanguijuelas, punk de coraza, ex integrante de Sudor de Cola, bandita de los rumbos de Peralvillo, quien enriqueció esta columna con datos, documentos y anécdotas bien locotas.
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Publicado en: Mayo 2010, Música

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