Míseros intelectuales

Los minutos pantanosos de Peña Nieto

Tuvo cinco minutos —asumo que los más largos de su carrera política— para responder una simple pregunta y no pudo. Había ido a la FIL para hablar sobre su libro México, la gran esperanza, pero el ámbito literario terminó por exponerlo: Peña Nieto se une al grupo de los que han escrito más libros de los que han leído.

“Míseros intelectuales, me quitaron la máscara”

Esa mañana amaneció en un sofá, tirado en posición fetal y con el traje arrugado. La noche anterior, cuando llegó a casa —después de su participación en la FIL— no tuvo el humor ni el ánimo para quitarse la ropa y meterse en la cama. El sofá apareció en el camino y ahí se quedó. En la almohada que su mujer le llevó Enrique encajó su cara y dejó escapar un llanto profundo y amargo. Aspiraba a la presidencia de México pero horas antes había revelado su ignorancia y algo más delicado aún: su apego natural por fingir y su falta de interés por la cultura. Lo sabía y por eso lloraba. De ser poeta hubiera escrito los versos más tristes esa noche.

Su mujer, de rodillas sobre un tapete, inclinada en el sofá, quería consolarlo acariciando su espalda y acicalando su cabello, pero él, inconsolable, le retiraba la mano cada vez que lo tocaba. Hubiera querido decirle tantas, tantas cosas… decirle que no se apure o decirle cuánto lo ama o decirle que, con suerte, el país sentiría mayor simpatía y afinidad con él gracias a su ignorancia: “Quién lee, corazón, quién lee en este país: nadie”. Pero las palabras estaban prohibidas esa noche. Enrique no quería saber nada que implicara palabras, las muy putas lo habían delatado. Si tan sólo pudiera pensar sin palabras…, pensaba en medio del llanto, sin poder evitar las palabras.

No se trata de la confusión, ni siquiera de ignorancia. Se trata de su gusto por fingir y de su falta de interés por el arte y la cultura.

No siento asombro ante la ignorancia de Peña Nieto, es una característica del político mexicano. En las redes sociales es el tópico a seguir y la prensa de España y Latinoamérica reseñó sobre ese aspecto particular del priista en la recién concluida Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Señalan, ironizan y hacen mofa de la (no-)respuesta del candidato a la presidencia cuando le preguntaron qué libros habían marcado su vida personal. Tuvo cinco minutos —asumo que los más largos de su carrera política— para responder una simple pregunta y no pudo. Había ido a la feria para hablar sobre su libro México, la gran esperanza, pero el ámbito literario terminó por exponerlo: Peña Nieto se une el grupo de los que han escrito más libros de los que han leído. El mismo grupo al que pertenece Pamela Anderson.

El incidente es lamentable para Peña Nieto pero afortunado para el país, pues con esto se revelan aspectos delicados: Enrique Peña Nieto carece de todo interés por la cultura y, de llegar a la presidencia, la ignorancia y la educación nacional seguirán el rumbo actual. Por otro lado, con su respuesta, devela su afinidad y gusto por la falsedad —no sus aptitudes de mentiroso, sino su necedad por convencer con la mentira. Me explico: durante cinco pantanosos minutos que lo hundían cada vez más trató de convencernos de algo que ni él mismo podía creer. La mentira apareció por inercia, en automático, jamás consideró la posibilidad de hablar con la verdad y decir que nunca había leído un libro o que ninguno de ellos le había dejado huella alguna. Eso hubiera sido la verdad. El señor ignora que en términos de plusvalía, ante la sociedad, la honestidad rebasa al conocimiento. Pero sabe que no es posible y que sería imperdonable decir que la lectura lo tiene sin cuidado, cosa que al final de cuentas lo dijo.

Horas después, en su cuenta de twitter, aclaró los siguiente: La Presidencia Imperial de E Krauze y La Silla del Águila de C Fuentes, dos libros que disfruté leer y hoy los confundí. Se los recomiendo”.

No se trata de la confusión, ni siquiera de ignorancia. Se trata de su gusto por fingir y de su falta de interés por el arte y la cultura. ®

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Publicado en: Diciembre 2011, FIL


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  • Vianett Medina

    Su conducta no deja de ser sintomática de la cultura nacional, por más asesorado que esté este señor. La posible ventaja de la incultura de este próximo probable presidente de México es que el sexenio de Fox nos curtió.