Otra fulminación revolucionaria

Respuesta a Gustavo Hirales

Hirales ni siquiera se atreve a criticar la actuación de la fiscalía. Su postura es también inquisitorial, como la del ex fiscal. Perdida la lucha por la verdad jurídica, apuesta por la verdad histórica, que él mismo pretende escribir.

Luis de la Barreda Solórzano

Luis de la Barreda Solórzano

A cinco años de la publicación de mi libro El pequeño inquisidor, en el que señalo y demuestro las perversidades del ex titular de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, Ignacio Carrillo Prieto, en su persecución obsesiva contra mi padre —once acusaciones, todas echadas abajo—, Gustavo Hirales responde… sin refutar uno solo de los argumentos de aquel libro. Su fulminación revolucionaria es el típico anatema estalinista: son intelectuales de derecha como Sergio Sarmiento —acusa— los que afirman que mi padre cumplió cabalmente con su trabajo. En su ofuscación, Hirales soslaya que, además de Sarmiento, condenaron el uso perverso de la facultad investigadora de la fiscalía intelectuales, escritores, juristas, periodistas y políticos igualmente de gran valía, como Héctor Aguilar Camín, Julián Andrade, Jorge Castañeda, Paco Calderón, Camacho, Luis González de Alba, Pablo Hiriart, Marco Levario Turcott, Miguel Limón, Ángeles Mastretta, Leopoldo Mendívil, José Ovalle Favela, Beatriz Paredes, Federico Reyes Heroles, Esteban Righi, Luis Rubio, Rafael Ruiz Harrell, Jaime Sánchez Susarrey y Raúl Trejo Delarbre. Como advirtió este último, el informe final de la fiscalía no contiene acusación alguna contra el capitán Luis de la Barreda.

Su fulminación revolucionaria es el típico anatema estalinista: son intelectuales de derecha como Sergio Sarmiento —acusa— los que afirman que mi padre cumplió cabalmente con su trabajo.

Hirales ni siquiera se atreve a criticar la actuación de la fiscalía. Su postura es también inquisitorial, como la del ex fiscal. Perdida la lucha por la verdad jurídica, apuesta por la verdad histórica, que él mismo pretende escribir. Sería interesante que contara qué sintió cuando asesinó a sangre fría, de tres tiros, a un policía cuyo único delito fue cuidar un banco en cumplimiento de su deber, capítulo narrado por el propio Hirales en tono festivo en su Memoria de la guerra de los justos. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Junio 2013


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