“Kuma” se quema

Notas sobre un nuevo aliado del obradorismo

Pedro Kumamoto no supo ser un político partidista diferente y mejor, porque si lo hubiera logrado no se habría entregado a Morena, y al hacerlo traiciona de nuevo: traiciona al progresismo al aliarse a un partido políticamente reaccionario y socialmente conservador.

Pedro Kumamoto, regidor por Zapopan, Jalisco. Captura de pantalla de su página de Facebook.

Pedro Kumamoto, expromotor de las “candidaturas independientes”, exdiputado jalisciense sin partido, luego fundador del partido local Futuro y regidor partidista del municipio de Zapopan, deseoso de gobernar y preocupado por la supervivencia política, se ha sumado al obradorismo y a la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum.

Willy Brandt, uno de los líderes históricos de la socialdemocracia internacional y canciller de Alemania de 1969 a 1974 como cabeza de la coalición social–liberal, decía que “un político debe tener principios y un gran pragmatismo para imponerlos”. No sólo pragmatismo, lo que acabaría creando cinismo, también principios; no sólo principios, lo que sería simple idealismo, también pragmatismo; pero lo más importante es la conexión brandtiana: dentro de la política, ser pragmático pero no prescindir de los ideales, ser pragmático pero no por el solo hecho de serlo, ser pragmático pero no para cualquier cosa sino para realizar el deber. Intentarlo al menos. El pragmatismo al servicio de los principios.

¿Ése es el caso de Kumamoto? No. Todo indica que hizo o consiguió lo contrario, incluso si no era su intención: “Kuma” sacrificó los principios al pragmatismo. Si entiende a Morena, fue su intención no brandtiana; si no entiende al partido de AMLO, tal vez no haya sido ésa su intención, pero el resultado es el mismo: va contra lo que decía defender (progresismo) y a favor de lo que decía enfrentar (la peor partidocracia). Con su decisión pragmática de unirse a una coalición obradorista que incluye al corruptazo partido “Verde” Kumamoto va contra sus propios principios. Es imposible que el aún joven político se los imponga —sus principios o eso que eran sus principios— a un partido como Morena, un partido de modo autoritario y vocación hegemónica como consta, por ejemplo, en el mensaje de la dirección de Morena en la Ciudad de México a favor de Omar García Harfuch, el candidato capitalino impulsado por Sheinbaum y hasta hoy aceptado por AMLO —ahí se habla en términos de “carro completo”, lo que indica cómo piensan dirigentes como ellos, qué quieren, a qué aspiran, hacia dónde se mueven, y qué es posible e imposible al gobernar de su mano…

Con su decisión pragmática de unirse a una coalición obradorista que incluye al corruptazo partido “Verde” Kumamoto va contra sus propios principios

AMLO no es Willy Brandt. Sheinbaum no es como Brandt sino como AMLO. Kumamoto se equivoca —más allá de la posibilidad del mero acceso al gobierno— al unirse a ellos. Y, por tanto, “Kuma” tampoco es Brandt.1

El caso de Kumamoto se acerca al de otro personaje que autodestruyó su nombre: Arturo Zaldívar. Por tratarse de un ministro de la Suprema Corte, resulta peor Zaldívar, pero el punto es que ambos han cambiado para mal abandonando toda independencia relevante para acomodarse en la campaña de AMLO–Sheinbaum.2

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Genaro Lozano fue del antitelevisivo movimiento “132” a Televisa y de Televisa al obradorismo informal; Andrés Lajous pasó de ideas de democracia social y progresismo radical a la farsa priista de Morena y al tragado de sapos conservadores por AMLO, y llegó el turno de Kumamoto: de enemigo de “la partidocracia” a amigo del partido que no quiere ninguna democracia:

A lo que se suma Kumamoto no es la coalición buena y bonita de la que habla Sheinbaum, es la coalición de partidos pseudoizquierdistas como Morena, partidos negocio de retórica anacrónica y origen oscuro como el PT y partidos negocio de juniors y falsos verdes como el PVEM, cuyo fin común es el poder y la reedición de un sistema de partido hegemónico con aliados millonarios como satélites (si Morena reeditara al PRI “dorado”, el PT y el partido “Verde” serían los nuevos PPS y PARM). Kumamoto al servicio del priismo restaurador.

Las candidaturas independientes fueron, en general, un fracaso, lo que quiere decir que la propuesta de Kumamoto le sirvió a muy pocos como él individualmente y no fue la solución sistémica de la que habló. Y si esas candidaturas pudieron y pueden poco en algunos casos locales y nada en el nacional, la conclusión que sigue no es que Morena y el obradorismo sean la solución: con ellos tampoco mejoramos nada, todo sólo se hizo peor; con ellos no corregimos la democracia sino que con ellos más poderosos nos quedaremos sin democracia que corregir.

¿Qué carajos está pensando Kumamoto? ¿O dejó de pensar? Sólo calcular en lo inmediato para la supervivencia no es Pensar. Si antes terminó equivocado sobre el alcance y el valor contextual de las candidaturas sin partido, hoy está equivocado desde ya, por completo y de inmediato: ¡se une al proyecto de hegemonía partidista! De querer acabar con la democracia de partidos o partidocracia hipodemocrática, con exceso de idealismo o no, Kumamoto acaba en la partidocracia autoritaria o autoritarismo con partidos estatales. Porque tal es el proyecto del obradorismo real. Si recibe una candidatura por los partidos obradoristas sólo terminará peor, mucho más incongruente y mucho más desprestigiado.

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Si los jóvenes que eran “132” y los de “Wikipolítica” hubieran sido un chingo y muy chingones —un chingo, relativo al tamaño de sus estados y el país, y muy chingones, relativo a lo tecnopolítico y moral— podrían haber colonizado y mejorado partidos existentes o formado partidos nuevos y distintos, pero resulta que ni eran tantos ni eran tan buenos: no hicieron ni una cosa ni la otra. A los “132” se los tragó alguna tierra o Morena, que los tiene formal o informalmente de escuderos, pomponeros o algo similar. TODOS los que pasaron del “132” al partido de AMLO, todos ésos, están hincados ante el falso dios, contribuyen al presidencialismo y al personalismo que El Señor mezcla, carecen de poder real y tragan sapos o sapos y pesos. Son los pajes del peje, como el desquiciado Attolini.

El partido que debía ser superior a lo tradicional nunca logró serlo. No cuajó. Hoy es obradorista de facto. Así que antes y después de 2021 hay fracaso y contradicción, contradicción y fracaso.

El partido Futuro, el hijo de “Kuma”, en muy poco tiempo vio nacer casos de acoso, contratos extraños y conflictos de interés, que incluso fueron “pequeños” escándalos en la política de Jalisco. El partido que debía ser superior a lo tradicional nunca logró serlo. No cuajó. Hoy es obradorista de facto. Así que antes y después de 2021 hay fracaso y contradicción, contradicción y fracaso. Los límites de las candidaturas sin partido, o la falta de alcance electoral de la política independiente, llevan a Kumamoto a fracasar si desde ahí quiere más; eso mismo lo lleva a contradecirse, a formar un partido, y vuelve a fracasar, esta vez en la construcción de un partido sin vicios típicos, por lo que vuelve a contradecirse, y remata la contradicción intercambiando apoyos inciertos con el partido en el poder que busca conservar y aumentar su poder a como dé lugar.

* * *

Cuando llegó mayo de este año Kumamoto, obviamente, ya había fracasado como político sin partido al haber formado un partido pero no había fracasado totalmente como político de partido, pues todavía no era aliado de Morena. Como aún no se entregaba al partido presidencial autoritario, se daba el lujo de criticar las inconsistencias, los juegos dobles y los excesos pragmáticos de Movimiento Ciudadano. De ahí este tuit:

El tiempo y sus ironías políticas han golpeado a Kumamoto como no lo hizo un loquito en el parque…

Preguntaba Pedro cómo se llamaría esa obra de MC–Jalisco. Bueno, esa obra de mayo de 2023 podemos reestrenarla, reescrita por el dramaturgo “Kuma”, y puede renombrarse ahora. Podría tener varios nombres:

1. Volver del futuro. Esta opción llevaría de subtítulo su mismo significado: “Regresando al pasado con el nuevo priismo”.
2. Lo que Morena también se llevó. Una opción clásica para una alianza con quienes admiran y desean al PRI clásico.
3. Las consecuencias de mis errores. O “Yo en unos años”.
4. El futuro de Kumamoto. O “Lo que Pedro hará con su futuro”.

Otra vez: Kumamoto había traicionado la política del “independentismo” —el hacer política sin partidos—, lo que no necesariamente es un error, pero no supo ser un político partidista diferente y mejor —un político no independiente ya de todos los partidos sino un político independiente de todos los demás partidos, de otros partidos peores—, porque si lo hubiera logrado no se habría entregado a Morena, y al hacerlo efectivamente traiciona de nuevo: traiciona al progresismo al aliarse a un partido políticamente reaccionario y socialmente conservador. No, Kumamoto no es justificable, excepto desde el obradorismo.

La obra de Pedro se ha transformado en la de un político cualquiera que además va a peor. Gobernar mejor que MC con Morena no será posible, por lo que es Morena y por lo que Kumamoto no le puede transformar. Tragedia mexicana, en Jalisco y en cualquier otro estado: ni MC ni Morena ni ningún partido es La Solución. Kumamoto no pudo ni podía hacer un partido que fuera esa alternativa y pegado a Morena en un posible gobierno ciertamente no lo será.

* * *

Concluyamos muy sintéticamente y en términos brandtianos:

Pedro Kumamoto pasó del idealismo al cinismo.
Nada menos y nada más.
No combinó principios y pragmatismo. O no lo hizo bien.
Está quemado.
Merece el castigo crítico.
Quedar quemado. ®

Notas

1. El gobierno federal de Brandt (en Alemania hay parlamentarismo y federalismo) aumentó sostenidamente el apoyo presupuestario a salud y educación, al contrario del gobierno federal de AMLO, cuyos “programas sociales” son indefendibles, a excepción de la pensión para adultos mayores, por sus implicaciones fiscales y su clientelismo, mientras que los programas sociales de Brandt no eran clientelares, tenían base en una política fiscal de línea progresista y eran más amplios y grandes. En resumen, lo de Brandt era verdadero Estado de Bienestar, lo de AMLO es un tipo de priismo con más clientelismo y retórica con la palabra “bienestar”.
2. Cuando termine de leer el artículo puede regresar a esta nota y leer sobre otro ridículo histórico del ministro y esto sobre el problema esencial de que los máximos tribunales, en los niveles federal y estatal, se llenen con personajes como él.

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Publicado en: Política y sociedad

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