La pasión por la destrucción es también una pasión creativa

Por desobedecer a sus padres, de Ana Clavel

“Nadie sabía más de Darío Epifanio San G. Alicia hasta que reapareció, más de una década después, en abril de 2019, en un estado de miseria y abandono tales, con un tumor en el vientre y dificultades para caminar y alimentarse”.

Ana Clavel. Fotografía de Barry Domínguez (detalle).

Existe toda una estructura discursiva bajo la cual se construye esta interesante propuesta narrativa de Ana Clavel: Por desobedecer a sus padres (Alfaguara, 2022). Por una parte, tenemos a un personaje literario que es, a la vez, una una especia de fantasma que, en lugar de recorrer el mundo, recorre las distintas geografías en las que Ana Clavel lo sitúa como si se tratase de una perspicaz detective (y veremos más adelante por qué lo es) que sigue la pista de un crimen del cual se ha propuesto llegar hasta sus últimas consecuencias.

Hasta aquí vamos bien. Lo que es la estructura general de la novela, el esqueleto sobre el cual se erige, está conformado por distintos testimonios que a la vez son pistas y que giran en torno a un proceso discursivo muy recurrente en la literatura mexicana de mediados del siglo XX: nada más y nada menos que el rumor. Pero el rumor visto a través del análisis discursivo: lo que el otro procesa lingüística y narrativamente a través de un suceso o, en este caso, de una persona–personaje. Y, claro, todo alrededor de una emblemática figura literaria sobre la que Ana Clavel deconstruye una especie de mitología social: el poeta Darío Galicia (son tantos los nombres con los que juega Ana a través de la novela que ya había puesto Darío G. Alicia, hasta que revisé mis notas y comprobé que había escrito mal el nombre, de este tamaño son las distintas figuras que Ana nos presenta de un poeta castigado, pero a la vez festejado, hasta los límites de varios “rebautizos”).

Darío Galicia.

Hay un tema incesante en Por desobedecer a sus padres y es la probable lobotomía que se le realiza a Darío Galicia para intentar arrebatarle (porque eso y no otra cosa hacía la lobotomía en esos tiempos aciagos para muchos) su bienaventurada homosexualidad. Sin embargo, como todos sabemos, el supuesto de que la lobotomía curaba la homosexualidad nos suena actualmente a chiste médico rancio, pero en su momento, y Ana Clavel lo documenta, la lobotomía causó daños irreparables a aquellos a los que se les sometía casi por prescripción médica, y ella lo señala cuando advierte que en ese tiempo “había una lobotomía que practicaban los neurocirujanos que era una cirugía en regla: abrían el cráneo y cortaban…”, sin que hasta la fecha haya datos de cuántos fueron a los que se les aplicó esta técnica que también ha sido el motivo de varias propuestas cinematográficas —ahora se me viene a la memoria Atrapado sin salida (Milos Forman, 1975), en la que a Randle P. McMurphy (Jack Nicholson) se le practica una lobotomía al final de la película. Otra referencia cinematográfica es la magistral película mexicana El infierno de todos tan temido (Sergio Olhovich, 1979), basada en una novela homónima de Luis Carrión, en la que un joven escritor (Manuel Ojeda como Jacinto Chontal) es internado en un hospital psiquiátrico para curar sus adicciones, su depresión (no diagnosticada) y sus bravas posturas políticas y literarias, pues así como Darío Galicia es un rebelde que va en contra de las posturas oficiales, Jacinto expone sus principales teorías literarias acerca de la forma en que se debe escribir poesía, y ya ebrio y drogado (con marihuana) ofende a la comunidad literaria supuestamente oficial en un evento similar a algunos de los comportamientos literarios de los infrarrealistas. Basta señalar que en Por desobedecer a sus padres Ana Clavel narra aquel episodio tan conocido de cuando Roberto Belano (así es como lo bautiza Ana) y un grupo de infrarrealistas acuden a una de las lecturas poéticas de Octavio Paz para echarle a perder la fiesta al maestro.

Darío Galicia ahora existe, pero su existencia es la de un fantasma que se transparenta a través de las palabras del otro, un proceso de comunicación donde el escucha y el hablante se parten porque Galicia está en medio, al menos así me parece que es la estructura narrativa de Ana Clavel.

Si bien cabe señalar ese símil que podría existir entre Darío Galicia y Jacinto Chontal, también debemos citar a Ana Clavel cuando asegura que “Bakunin advierte que la pasión por la destrucción es también una pasión creativa”, porque al parecer es el ejercicio que de manera disciplinada sigue Darío Galicia: no solamente visto desde el proceso que señala Ana Clavel en palabras de Bakunin, sino en el desenlace que la mayoría de los testimonios tienen: Darío Galicia ahora existe, pero su existencia es la de un fantasma que se transparenta a través de las palabras del otro, un proceso de comunicación donde el escucha y el hablante se parten porque Galicia está en medio, al menos así me parece que es la estructura narrativa de Ana Clavel.

Tuve oportunidad de visitar en su casa a Ana Clavel días antes de que saliera la novela. Entonces platicamos de sus procesos, de cómo había llegado a Darío Galicia, y Ana me mostró muchos de los objetos que tenía como testimonio de la existencia y el trascurrir de Darío Galicia: uno de sus libros, La ciencia de la tristeza: y otros poemas (1994), en cuyas solapas conocí, por primera vez, la imagen de Darío Galicia. Recuerdo que le pedí permiso a Ana para tomar una fotografía de la solapa. De vuelta a casa, mientras pedaleaba en la bicicleta, la imagen me perseguía una y otra vez en la mente, pues Ana Clavel me había contado cómo fue el reencuentro que tuvo con Galicia cuando éste ya se encontraba en plena decadencia, cuando “a partir de la operación: de promesa literaria con premios y becas se había convertido (Darío Galicia) en un sombrerero deslucido y loco que daba lástima encontrar”.

Llegué a casa y volví a ver la fotografía que tenía en mi celular: ¿quién era ese hombre hasta ahora desconocido que aparecía casi como de pose de actor cinematográfico con un cigarrillo en los labios en una fotografía en blanco y negro? Eso era un misterio para mí todavía.

Por desobedecer a sus padres estaba para eso: me iba a brindar una imagen completa del poeta de esa imagen, me iba a brindar muchas de las pistas para entender no sólo a un poeta abandonado que supo hacer de su misma imagen una leyenda, sino para entender y procesar ese laberíntico mundo donde se han extraviado muchos de nuestros autores mexicanos. Pienso, por ejemplo, en Jorge Arturo Ojeda, homosexual también, y con un libro emblemático: Octavio, en el que trata directamente el tema de la relación amorosa y erótica de un hombre con otro hombre. Pienso en lo mal que estaba Guillermo Samperio al final de sus días. Pienso en cuando se organizó una cooperación para enviar dinero a los parientes del escritor Daniel Sada, quien a pesar del éxito literario que tenía no pudo con una enfermedad costosa. Pienso en algún que otro amigo de la Facultad de Filosofía y Letras, y Ana Clavel también viene de ahí, lo mismo que Darío Galicia, cuya promesa literaria se anuló cuando se extraviaron en las drogas y el alcohol y no alcanzaron a mostrar al público poemas que yo recuerdo furiosos e incendiarios.

“Nadie sabía más de Darío Epifanio San G. Alicia hasta que reapareció, más de una década después, en abril de 2019, en un estado de miseria y abandono tales, con un tumor en el vientre y dificultades para caminar y alimentarse”.

Ésta es otra lectura de Por desobedecer a sus padres: el camino de la literatura no es la mejor opción para sobrevivir, parece decirnos desde sus tantos testimonios Darío Galicia: si se analiza con rigor casi sociológico su final parecería que se trata de una confirmación: sí, realmente no se puede vivir de la literatura, o no se puede vivir del arte, como ya asegura en el primer acto de la ópera de La Bohème (Giacomo Puccini, 1896), donde Colline, filósofo de profesión, entra iracundo y helado (el invierno es de los más duros) porque no pudo empeñar unos libros y recurren al manuscrito del drama que escribe Rodolfo, soñador e iluso, para encender el fuego en una ópera que marcará mucho el significado del arte en una sociedad a la que parece no importarle, y el destino que marca a Galicia es el mismo del drama de Rodolfo: termina incendiado, y entre llamas, junto con su obra literaria breve, pero significativa: “Nadie sabía más de Darío Epifanio San G. Alicia hasta que reapareció, más de una década después, en abril de 2019, en un estado de miseria y abandono tales, con un tumor en el vientre y dificultades para caminar y alimentarse”.

Y es el destino, también, para muchos autores mexicanos (podríamos hacer una lista), así que en Por desobedecer a sus padres Ana Clavel nos asegura que “a Darío lo mataron varias veces el rechazo, la intolerancia, el desprecio, la indolencia. Como cuando lo hospitalizaban por ‘problemas de conducta’”. ¿Cuántos han sido los autores, sobre todo poetas, cuyo destino fue el que dijeran que sus textos se debían a problemas familiares que tenían que ver con desintegración, alcoholismo en los padres, o meros juegos fantasiosos del poeta? De hecho, cabe añadir una pregunta: ¿Realmente se puede vivir del oficio literario en México?, sobre todo del poético, porque seguramente se sigue enseñando que los poetas son seres raros que parecen venir de otro planeta y que están enfermos y por eso escriben. Este falso discurso se estructura simbólicamente a partir de historias populares de ídolos de la literatura, como la famosa historia amorosa y poética de Rimbaud con Verlaine, como los excesos de un Bukowski, que también desprecia parte de su mundo literario, como la generación de los Beatniks, cuyos excesos y recetas psicodélicas son más famosos que su obra literaria misma, por lo que todo mundo habla de ellos y los cita, pero pocos son los que realmente han leído sus principales propuestas literarias, algo que ocurre casi de la misma forma con los infrarrealistas, grupo poético que gira en Por desobedecer a sus padres en torno a la figura de Darío Galicia, quien no forma parte del grupo pero sí coquetea con muchos de sus integrantes, entre ellos el famoso detective salvaje mayor Roberto Belano, quien lo presenta en su famosa novela Los detectives salvajes como Darío Epifanio G. Alicia, ya que, como señala Ana Clavel, “un poco como ‘detectives salvajes’, nos dimos a la tarea de ir tras su rastro (el de Darío Galicia), entre recuerdos vagos de una visita de sus amigos a la casa donde vivía en los años noventa, y la aparición providencial de una ficha con una dirección específica”, sin olvidar que es también recurrente en Por desobedecer a sus padres la cita de uno de los poemas de Belano en que habla de Darío Galicia y de su probable trepanación del cerebro.

Darío Galicia conforma el grupo de aquellos súper–héroes que durante muchos años defendieron su sexualidad frente al oprobio de la censura y de las buenas costumbres que fomenta una sociedad hipócrita y exquisitamente indecente: “Un golpe/ Otro madrazo/ En un psiquiátrico/ Donde ronda mi cadáver/ No espero mi Hiroshima/ Soy un ciudadano desconocido/ Soy un expediente psiquiátrico/ Donde no tengo nombre/ Ni historia” (Darío Galicia: “Autobiografía: mándenme a la silla eléctrica”).

Nada hasta aquí es cierto: seguimos las pistas a través de los rumores como discurso emblemático de comunicación muy simbólico en México y en otros países de Sudamérica. Lo que sabemos del misterioso autor, que se juntó y tuvo muchas experiencias literarias, eróticas y cachondas, con algunos infrarrealistas y fue amigo del famoso escritor chileno “Roberto Belano”, nos llega a través no de un solo narrador sino de una polifonía narrativa inventada desde el yo testimonial, yo lo vi, yo lo conocí, el narrador que se enfoca en un único recuerdo y que hilvana la narrativa desde su propia y única perspectiva.

Así es como desfilan a través de Por desobedecer a sus padres distintas personalidades (todas ellas, casi, del mundo literario) que tuvieron oportunidad de conocer a Darío G. Alicia.

Por desobedecer a sus padres debería inaugurar un nuevo género en la literatura. No sé aún qué nombre debería llevar. Pero sí sé que este nuevo género exige disciplinas en distintas áreas creativas, porque por una parte escribes crónica, pero por otra escribes testimonios que transformas para novelarlos…

Por supuesto que los testimonios y las narrativas no tienen la misma coherencia o grado de veracidad (lo cual hubiese sido anodino en la novela), sino que cada quien tiene a su propio Darío G. Alicia, porque en todo momento él se encuentra hundido en las tinieblas que dejan las reminiscencias. Y es aquí donde Ana Clavel erige al mito sobre la persona, al personaje sobre el hombre común y corriente, porque Darío G. Alicia le llevó mucho tiempo a ella para compilar la información, organizarla, partir de entrevistas, y de ahí volcarlas (aquí es donde entra la novelista) en una historia que si bien tiene el eje primordial que ya hemos visto, tiene, por otra parte, una historia delirante que corre al mismo tiempo que se generan los distintos testimonios de Darío G. Alicia: aquí es donde damos con Alicia y su luminosa locura, con sus pasos y su pase al siguiente nivel, hágase chiquito, hágase grandote, y es una historia como varias a las que nos tiene acostumbrado Ana Clavel: delirante, surrealista, imaginativa, desbordante, ahí donde tiene cabida la locura creativa de Ana y de su mano narrativa, quien hoy por hoy se coloca como lo mejor de la narrativa mexicana.

Por desobedecer a sus padres debería inaugurar un nuevo género en la literatura. No sé aún qué nombre debería llevar. Pero sí sé que este nuevo género exige disciplinas en distintas áreas creativas, porque por una parte escribes crónica, pero por otra escribes testimonios que transformas para novelarlos, y, por otra parte, insisto, escribes y construyes y deconstruyes a una figura emblemática de la literatura y haces una biografía inquieta, aún ignota.

A través de las páginas de Por desobedecer a sus padres nos encontramos con ecos que perduran a través del tiempo y que son historias a través de un solo personaje. Todos estos ecos son convocados por Ana Clavel y es como si representaran los testimonios del probable crimen que se comete contra un hombre cuyo mayor delito, aparte de ser buen poeta y de ir tan iluminado como Wilde (con quien se le llega a comparar por la astucia y el ingenio literarios) es ser homosexual y defender plenamente sus derechos y la propia homosexualidad con actos irreverentes y mostrando los trapitos al sol de figuras más que emblemáticas de la literatura mexicana, como es el caso de Carlos Monsiváis, nuestro querido Monsi (de quien, acaso, aún no sabemos todo, todo).

Por desobedecer a sus padres es una novela sólida y bien planteada. Hay un detalle que se tiene que aceptar: puedes o no estar de acuerdo con la propuesta narrativa de Ana Clavel, debes aceptar que se trata de una autora mexicana emblemática que sabe cómo narrar, punto. Y esta novela es pieza clave para adentrarnos en el mundo oscuro y luminoso de un poeta. A partir de aquí cada quien se queda con el testimonio y con la historia que más le convenga. A mí, por ejemplo, me gusta pensar que un día subiré al vagón del Metro y veré a Darío Galicia de espaldas, casi como un príncipe, y que en cuanto me acerque de manera curiosa escucharé cómo lee en voz alta uno de sus tantos poemas; entonces él existe, yo lo hago también, son las recompensas de la literatura. Hasta pronto, poeta: “Descansa por fin en paz, Darío Epifanio San G. Alicia (1953–2019), después de tantas muertes. Que el viento leve te sea, barco oscuro y eternamente bello, y asistamos a tu resurrección en la vida perenne de tus poemas”.

Por desobedecer a sus padres, de Ana Clavel, se presentará el 4 de marzo a las 15 hs en la FIL del Palacio de Minería, salón Capilla. Presentan Rafael Pérez Gay, Alberto Chimal y Bibiana Camacho, ahí nos vemos. ®

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Publicado en: Libros y autores

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