Modelo para ensamblar

XLI Coloquio Internacional “Modelo para ensamblar. Responder al siglo XXI

Veinticinco años después, 17 es una apuesta que insiste, más que una obra concluida: pone en movimiento un lazo social desconstructivo. Es un nudo generativo con sinfín de derivas subjetivantes e instituyentes, no solo pensamiento o método. ¿Cómo valorar su actualidad? Repasemos sus principios y su articulación interna con el fin de interrogar su capacidad para pensar y actuar en el elemento de nuestras crisis actuales: ambientales, bélicas, políticas, económicas, sociales, culturales, subjetivas… 

Papel picado de Álvaro Ruiz Mayagoitia, reinterpretado gráficamente por Rodrigo Toledo Crow y Jerónimo Toledo Rossell.

Con el trabalenguoso neologismo dispositivología —una palabra quizá innecesaria para una pregunta que no lo es— designo provisionalmente una perspectiva dedicada al análisis y la praxis de los dispositivos, entendidos como configuraciones heterogéneas que articulan la vida disponiendo afectos, saberes, normas, prácticas, infraestructuras, tecnologías, arquitecturas y poiéticas, con la finalidad de generar efectos subjetivantes o contra–subjetivantes, e instituyentes o contra–instituyentes.

Por dispositivos hemos de entender configuraciones tradicionales como el parentesco, el ritual, la religión, las formas consuetudinarias de la autoridad, la reciprocidad económica y la cosmología, así como las instituciones clásicas de la modernidad (escuela, biblioteca, museo, universidad, prisión, clínica, psiquiátrico, leprosario, campo de concentración), a la par de formas contemporáneas más difusas como plataformas digitales, algoritmos, protocolos administrativos, sistemas logísticos e infraestructuras de datos. Esta perspectiva busca comprender cómo el conjunto de este tipo de ensamblajes produce efectos psíquicos, somáticos, simbólicos y materiales.

La teoría de los dispositivos ha privilegiado las funciones de captura y control, pero ha prestado menos atención a su mantenimiento, reparación, desgaste, fallas, usos desviados, atmósferas e improvisación. En su existencia cotidiana, los dispositivos dependen de constantes reinterpretaciones, adaptaciones prácticas, parchados y trabajos informales. Ningún dispositivo funciona exactamente como se supone debía funcionar. No se trata de estructuras cerradas, sino de estabilizaciones precarias sostenidas por ecologías distribuidas de mantenimiento y contingencia.

Cada dispositivo administra de manera específica aquello que no puede terminar de formalizar: el riesgo, el error, el acontecimiento, la fatiga, la interpretación y la imaginación.

De ese hecho se desprende una de las consideraciones más importantes: aquella de la relación entre los dispositivos y lo incalculable. Tradicionalmente, los dispositivos fueron entendidos como mecanismos destinados a reducir la incertidumbre; pero ni siquiera los dispositivos contemporáneos eliminan del todo la contingencia; al contrario, dependen estructuralmente de ella. Lo incalculable no figura entonces como un residuo externo al dispositivo, sino como una condición interna de su operatividad. Los dispositivos no serían máquinas de control total, sino moduladores diferenciales de la incertidumbre. Cada dispositivo administra de manera específica aquello que no puede terminar de formalizar: el riesgo, el error, el acontecimiento, la fatiga, la interpretación y la imaginación.

Papel picado de Álvaro Ruiz Mayagoitia, reinterpretado gráficamente por Rodrigo Toledo Crow y Jerónimo Toledo Rossell.

Para esta perspectiva el gran locus de la política —y la infrapolítica, esa franja existencial que se abre permanentemente más allá del alcance de las máquinas de guerra— son los dispositivos, sus arquitecturas y sus mediaciones, a través de los cuales se distribuyen el lenguaje, los recursos, el espacio y el tiempo.

La dispositivología permite analizar y poner a prueba estos mecanismos como configuraciones dinámicas de mediaciones. Las disputas por el saber, el poder y las formas de sujeción se juegan en su diseño mismo, sus modos de disponer los factores visibles y opacos, en los pliegues siempre complejos del mundo y el inframundo institucional.

En este marco —frente a la consideración de que no pueden inventarse instituciones del todo nuevas, sino que nuestro margen de movilidad tendría que ver sobre todo con cómo se habitan— la disputa por el poder aparece crecientemente como un enfrentamiento en torno a la configuración misma de los ensamblajes. Lo cual adquiere una urgencia particular en la era de los sistemas: en un tiempo en que la gestión ya no finca su eficacia en la compartimentalización, la prohibición y el encierro, sino en el acceso diferencial de los flujos, la seducción, la adicción y la violencia, carecer de este punto de mira haría del presente algo ilegible.

Requerimos conceptos y puntos de mira capaces de describir cómo operan realmente los modos contemporáneos de organización. No sólo qué dicen o qué representan, sino cómo disponen cuerpos, afectos, percepciones, incertidumbres y capacidades personales y colectivas. En ese sentido, la dispositivología no sería simplemente una posible especialidad más, sino la tentativa de hacer pensable la propia condición contemporánea, las formas históricas de la organización y la elaboración de futuros.

Papel picado de Álvaro Ruiz Mayagoitia, reinterpretado gráficamente por Rodrigo Toledo Crow y Jerónimo Toledo Rossell.

Un dispositivo organizacional que —en suma— se ha propuesto poner en movimiento un lazo social desconstructivo. No una comunidad fundada en identidades compartidas, pertenencias estables o consensos previos, sino una caravana sostenida por la interrogación constante de sus propios presupuestos, así como de los de quienes la integran.

Es bajo esta luz que podría considerarse la experiencia de 17, Instituto de Estudios Críticos (2001–2026), a veinticinco años de su establecimiento: como una apuesta que insiste. Un dispositivo organizacional que —en suma— se ha propuesto poner en movimiento un lazo social desconstructivo. No una comunidad fundada en identidades compartidas, pertenencias estables o consensos previos, sino una caravana sostenida por la interrogación constante de sus propios presupuestos, así como de los de quienes la integran. Desconstructivo aquí en sentido derridiano, concebido como una suerte de freudismo no psicoanalítico: una práctica persistente de lectura, desplazamiento y reinscripción de las condiciones mismas de posibilidad de una experiencia colectiva. Desde una perspectiva dispositivológica, la cuestión decisiva consistiría en observar los efectos subjetivantes e instituyentes de una configuración semejante.

Tal observación supone interrogar un ensamblaje en acto. Éste es el horizonte del XLI Coloquio Internacional de 17, Instituto de Estudios Críticos, Modelo para ensamblar. Más allá de una experiencia institucional singular, la pregunta planteada concierne a nuestra capacidad de respuesta crítica frente a las condiciones del siglo XXI. Crisis ambientales, bélicas, económicas, políticas, culturales y subjetivas determinan y desafían los dispositivos que hacen posible nuestra existencia colectiva. En tales condiciones, la cuestión de la praxis crítica se reedita con una urgencia renovada.

No la crítica entendida solamente como pensamiento, discurso o método, sino como capacidad de intervenir los dispositivos replicantes en que nuestras vidas se organizan. Allí donde los dispositivos vertebran la existencia colectiva misma, la crítica comparece necesariamente como una práctica de reconfiguración. La pregunta decisiva pasa a ser qué estructuras somos capaces de imaginar, habitar, reparar y transformar para hacer habitable nuestra época. La dispositivología encuentra aquí uno de sus desafíos fundamentales: no limitarse a describirlos, sino someterlos a prueba; examinar qué prometen, qué pueden, qué modifican.

Ningún dispositivo crítico se encuentra exento de las dinámicas que pretende analizar. ¿Cómo fracasa él mismo? ¿Cómo sobrevive? ¿Cómo se vuelve contra sí mismo? ¿Cómo se burocratiza? ¿Cómo se convierte en aquello que pretendía cuestionar? ¿Cómo es capturado, cooptado o neutralizado?

Ello implica también confrontar sus límites. Ningún dispositivo crítico se encuentra exento de las dinámicas que pretende analizar. ¿Cómo fracasa él mismo? ¿Cómo sobrevive? ¿Cómo se vuelve contra sí mismo? ¿Cómo se burocratiza? ¿Cómo se convierte en aquello que pretendía cuestionar? ¿Cómo es capturado, cooptado o neutralizado? La contingencia que atraviesa todo dispositivo constituye igualmente la condición de posibilidad de sus desvíos, antagonismos y fallas. La infrapolítica misma podría entenderse como el nombre de aquello que ningún dispositivo consigue formalizar del todo: la reserva de incertidumbre, imaginación, conflicto e incalculabilidad que excede permanentemente sus mecanismos de organización y reproducción.

Papel picado de Álvaro Ruiz Mayagoitia, reinterpretado gráficamente por Rodrigo Toledo Crow y Jerónimo Toledo Rossell.

La segunda Feria Internacional del Libro Pensamiento Crítico (FILPEC) figura aquí como una prolongación de esta interrogación y, ella misma, como un marco de este tipo. Si el coloquio se orienta hacia el examen de las formas que organizan nuestra vida colectiva, la feria multiplica las referencias, las conversaciones y los participantes concernidos por esta pregunta. Lo reunido allí no serán solamente publicaciones, autores, editoriales y lectores, sino diversas maneras de responder a la interrogante por los mecanismos contemporáneos y por las posibilidades de su transformación.

Un dispositivo crítico no se distingue porque escape a las tensiones de su tiempo, sino porque acepta convertirlas en objeto de trabajo. Su valor no reside en alcanzar una forma definitiva, sino en sostener la posibilidad de su propia evolución. Ningún dispositivo resuelve definitivamente los problemas que pretende abordar. Todos producen efectos inesperados, zonas ciegas, dependencias, antagonismos, residuos. Todos pueden endurecerse, burocratizarse o terminar organizando su existencia contra las promesas mismas que los hicieron surgir. La cuestión decisiva no es entonces qué son los dispositivos, sino qué permiten, qué impiden y qué llegan a ser capaces de modificar antes de convertirse en aquello mismo que pretendían cuestionar. ®

La invitación al coloquio y a la feria es abierta y gratuita, en presencia y a distancia. Todos son bienvenidos. Aquí puedes ver el programa.

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Publicado en: Pensamiento y reflexión

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