Tres mentiras de Andrés Oppenheimer

Respuesta a una hipócrita defensa de Milei

Me ganó la curiosidad y vi el programa “Oppenheimer presenta” sobre el primer mes del presidente Javier Milei (15 de enero). Sabía lo que iba a ver y lo vi: Andrés Oppenheimer mintiendo.

Javier Milei en el Foro Económico Mundial.

Según el periodista, a Milei hay que darle tiempo y no hay por qué criticarlo aún. Las mentiras son que 1) “El Loco” sólo está cumpliendo sus promesas de campaña, 2) está cumpliendo con la Constitución y 3) es democrático. Mentiras totales.

¿Milei está haciendo lo que prometió? No, no exactamente, don Andrés. Milei prometió gobernar sin “la casta” y está gobernando con gran parte de ella. Gobierna con Patricia Bullrich y el expresidente Mauricio Macri, líderes de partidos fallidos, y con los más grandes empresarios, que no son ajenos al poder estatal y al final nunca pierden. Otro ejemplo: el presidente de la Cámara de Diputados, aliado de Milei, es Martín Menem, representante de la familia del expresidente Carlos Saúl Menem —quien, dicho  sea de paso ante la confusión histórica, fue un gobernante peronista, populista y neoliberal.

Repito: Milei prometió que el “ajuste” lo pagaría “la casta” y no las clases medias y bajas, pero son estas clases las que están pagando. La verdad la dijo sólo después de ganar las elecciones. Prometió un “ajuste”, sí, pero no prometió que fueran a pagarlo quienes lo están pagando. El engaño era previsible pero una mayoría de argentinos cayó en la trampa. Hoy Oppenheimer intenta convencerlos de que la trampa no existió.

Asimismo, Milei prometió que la inflación bajaría pronto, muy pronto, por sus medidas de shock, pero subió 25% en un mes, el mes que lleva su gobierno. También prometió que dolarizaría pero no había ni hay certeza de que pueda hacerlo, como se nota ahora, aunque él dijo que lo haría a como diera lugar. Hizo otras promesas que nunca iba a cumplir, pues no son más que la utopía libertarian, como destruir el Banco Central. Entonces, no: Milei no está haciendo (todo) lo que prometió. Mintió. Como miente Oppenheimer.

El “protocolo antipiquetes” de Milei–Bullrich contradice todo dispositivo de derechos humanos en relación con expresión y protesta libres y por tanto contradice la Constitución argentina. El megadecreto presidencial es anticonstitucional porque usar el decreto como lo usó Milei sólo es constitucionalmente posible cuando el Congreso no puede legislar porque materialmente no puede funcionar.

¿Milei no ha violado la Constitución? Dijo el conductor televisivo que mientras Milei no viole la Constitución no hay que criticarlo… ¡Viva la mentira, carajo! O ¡Viva la ignorancia, carajo! Porque Milei ya cometió más de dos violaciones al orden constitucional. El “protocolo antipiquetes” de Milei–Bullrich contradice todo dispositivo de derechos humanos en relación con expresión y protesta libres y por tanto contradice la Constitución argentina. El megadecreto presidencial es anticonstitucional porque usar el decreto como lo usó Milei sólo es constitucionalmente posible cuando el Congreso no puede legislar porque materialmente no puede funcionar. Es el artículo 99 de la Constitución argentina. Léala, don Andrés. Esa condición no se cumple: el Congreso estaba funcionando con normalidad, puede seguir funcionando normalmente: el elefantiásico decreto “de necesidad y urgencia” de Milei viola la Constitución. Punto.

Opppenheimer está mintiendo, descaradamente, o no tiene el mínimo conocimiento sobre los aspectos jurídicos de la política de su propio país. Puede obtenerlos leyendo los textos del profesor Roberto Gargarella, a quien recomiendo no sólo porque es recomendable por su calidad sino porque sería fácil que Oppenheimer los leyera, en tanto se están publicando en La Nación y Clarín, y porque el caduco periodista suele creer las cosas si traen cualquier sellado de universidad gringa —Gargarella es justamente famoso en buenas partes de la academia gringa.1

Claro, Gargarella está sólidamente en la izquierda —crítico de los kirchneristas— y Oppenheimer está obsesionado con simplificar y atacar a la izquierda —real e imaginaria—, que es exactamente lo que se ve en el pésimo episodio de su programa: es esa obsesión la que explica que Oppenheimer esté dispuesto a perdonar el autoritarismo de Milei, a esconder su antidemocracia por vía de anticongresismo. Para el opinador la lucha contra el progresismo bien vale la disculpa del anticongresismo… Esto hace Milei, eso hace Oppenheimer. Podría defender a López Obrador…

No son todas sus mentiras, no, pues dijo una más: que Milei actúa democráticamente y que los antidemocráticos son los que después de sólo un mes protestan y marchan contra Milei. Cierto es que la CGT (la central obrera) no marchó contra el gobierno anterior, pero eso no justificaría que no protestara contra el de Milei. No lo justificaría, sobre todo porque sus agremiados (trabajadores) y los aliados que consiga en las clases medias son los mayores perjudicados por las decisiones de Milei y sus aliados en las clases más ricas. Porque, como se dijo ya, la inflación enorme no bajó ni un milímetro sino que subió 25%. Porque en un año, incluido el mes de Milei con su aporte disparado, la inflación respecto a la canasta básica alimentaria subió 258% y la canasta básica para no ser pobre subió 225%. Y porque la legislación que busca Milei quita o disminuye derechos laborales. Lea los documentos, don Andrés.

No puede sorprender que el 15 de enero en “Oppenheimer presenta” no haya presentado un solo dato, ni cualitativo ni cuantitativo, sobre “la realidad real” de Argentina.

Oppenheimer se concentra en el desastre del gobierno de Alberto Fernández, que es innegable, pero muy convenientemente olvida que a) ese desastre no puede desvincularse del desastre del gobierno derechista de Macri y su megaendeudamiento, el más grande de la historia argentina, dirigido por Luis Caputo, ministro de Finanzas de Macri y de Milei; Fernández fracasó porque entre otras cosas no pudo superar la herencia de Macri; b) que en pocos días Milei ha empeorado el desastre y está creando un desastre “nuevo”, suyo. Qué curioso que Oppenheimer no presente la historia completa… Es como si los peronistas y kirchneristas dijeran que todo es culpa de Macri y nada del gobierno anterior a Milei. Pero concedamos, citando a Guy Sorman, que no es culpa personal y única de Oppenheimer que “la imagen de la verdad sea más importante que la verdad misma, que la opinión sobre los hechos sea más importante que los hechos mismos”.2

No puede sorprender que más de un sector social se manifieste contra Milei. (Y deseo que la megaprotesta planeada para el 24 de enero sea eso, una megaprotesta, y que tenga mucho éxito.) Tampoco puede sorprender, si se le conoce, que la celebridad mediática Andrés Oppenheimer defienda a Milei por atacar a cualquier izquierda. No puede sorprender que el 15 de enero en “Oppenheimer presenta” no haya presentado un solo dato, ni cualitativo ni cuantitativo, sobre “la realidad real” de Argentina. Estamos ante un periodista que se ha quedado atrás, que debajo de la superficie pro–innovación económica, defiende lo de siempre: más para los más ricos. Eso es Milei en la presidencia, por medio del Estado, aunque en su discurso era y es anarcocapitalista, dizque para la libertad de todos.

Vea los datos de esta tabla de Ari Lijalad:

Fuente: Ari Lijalad.

Si ésos son los datos de uno de los peores años, los grandes perdedores de los procesos inflacionarios y las crisis monetarias argentinas son las clases bajas y medias —incluyendo algunos pequeños y medianos empresarios—, no los más grandes empresarios a quienes se dirigen las desregulaciones que Milei intenta aprobar. Es decir, en general, la desregulación mileiana es ideológica y cuatista, no es objetiva–científica: no existe universalmente un exceso real u objetivo de regulación que castigue irracional e injustamente a los empresarios más grandes y luego afecte a los consumidores. Pueden ser necesarias algunas desregulaciones específicas, puntuales y de grado, pero no el total que propone Milei y que termina defendiendo Oppenheimer.

Lo que hace Oppenheimer son elogios gratuitos a “los empresarios” y disculpa del autoritarismo si es para ir contra cualquier izquierda y a favor de los amigos de creencias. Oppenheimer, para cualquier otra cosa, como se dijo, está caduco, está agotado.3

Notas

1 También puede leer sus textos sobre el presente y sobre otros temas en su blog: seminariogargarella.blogspot.com —y algo más en el primer volumen de mis Cartas a los estudiantes de ciencia política.
2 No cito sin otra intención a Sorman: visitó varias veces Argentina, fue defensor de Menem y hasta profesor de Milei en algún curso olvidado (empezando por Milei). Sorman es un autor muy interesante, muy inteligente, muy expresivo, que se ha movido entre el liberalismo clásico y el neoliberalismo (dos cosas distintas), un autor con el que se puede tener acuerdos y desacuerdos varios, de tenues a rotundos, y que se equivocó penosamente sobre el significado y los efectos de los gobiernos de Reagan y Yeltsin y del gobierno menemista porque, como tantos otros, fue engatusado por Domingo Cavallo, el ministro neoliberal del peronista Menem. La cita proviene de la página 45 del libro La singularidad francesa, publicado en Chile por la Editorial Andrés Bello en 1996. En ese libro se incluye un texto sobre la Argentina de los años noventa, “El Nueva York austral” (pp. 195–199), que es tan bueno en la forma como erróneo en el fondo.
3 Y no olvidemos que fue uno de los que insistieron en que AMLO era un fiel representante del presunto monolito de la izquierda latinoamericana y uno de los que sugirieron que México sería económicamente Venezuela. No fue cierta ninguna de las dos cosas: AMLO es una nueva derecha priista cuyo proyecto consiste en regresar políticamente al priismo de “los buenos años” pero que económicamente continúa una parte de lo que gusta a Oppenheimer; el de AMLO es un proyecto que a veces habla contra la riqueza en abstracto pero en cuyo gobierno se vuelven más ricos los que ya eran los más ricos (distintos del decil 9 de la población, aunque Viri Ríos parece no entenderlo) y se transforman en ricos otros miembros del partido. A la clase media le toca indiferencia, precariedad o ataque, y a la clase baja migaja, por motivos electorales.

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Publicado en: Política y sociedad

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