De las tiras al celuloide

El Santos vs. La Tetona Mendoza

Llevar un texto al cine no es tarea fácil. Cumplir el objetivo central de mantener la esencia de la idea original es un mérito pocas veces logrado en el proceso de adaptación al lenguaje cinematográfico. La historia del Sanx nunca ha tenido pierde: pese a las buenas conciencias y la censura ha permanecido arriba y abajo del ring tirando golpes, pero en su llegada al cine casi le cuentan “la de tres”.

El Santos vs. la Tetona Mendoza puede ser considerada una película para fans. Fuera de eso cae en peligro de ser interpretada erróneamente y perder el valor que el personaje central ha alcanzado luego muchos años de luchar por ello.

La construcción de la historia que el filme propone no alcanzó el estándar de los creadores originales. Así las cosas, el esfuerzo de quienes condujeron el proyecto cinematográfico convierte la singular guarrez del Sanx y compañía, creación y mérito total de Jis y Trino, en casi un lugar común.

Si no se tiene el contexto de los personajes, los momentos y hechos a los que alude, puede ser por momentos difícil de asimilar, incluso incoherente. La victoria entre los entuertos de su manufactura está en la esencia de la creación original, en el hecho de que el Santos es su padre. Pero en esta lucha “su padre” sale bastante madreado.

Una vez escuché decir a Arturo Ripstein que una buena película no consta sólo de una buena idea. Requiere también de un buen guión, y tampoco sólo esas dos condiciones, sino también una buena dirección que sepa conducir el relato y, acompañando todo ello, una buena producción: que sea capaz de sacar lo mejor de todo lo que tiene bajo su responsabilidad: la película como conjunto, como cuerpo completo narrativo.

Dicho sea para dejarlo más claro: por principio de cuentas, el resultado final del filme está bajo la responsabilidad de la producción de Lynn Fainchtein, el director Alejandro “el Patas” Lozano y el guión de Augusto Mendoza.

Descargar toda la responsabilidad en el dúo creador también de “La chora interminable”, en el sentido de que la película cumpla o no sus objetivos, sería como culpar a Bram Stoker de las decenas de versiones poco exitosas o definitivamente fiascos de Drácula, o a John W. Polidori por todos los vampiros impresentables que el cine o la literatura bestseller ha creado a partir de Lord Ruthven.

Rewind

El Santos vs. la Tetona Mendoza no formaba parte de expectante ansia alguna de ver un largometraje entre quienes descubrieron a los personajes creados por Jis y Trino en las tiras de periódicos como La Jornada, o aquellas versiones “prohibidas” que retomara El Chamuco, o las primeras ediciones en libros compilatorios. El éxito de su manufactura estaba en la inmediatez, en el gag veloz, guarro, antipolíticamente correcto, cachondo. La viñeta veloz, una página a lo mucho, en ese instante en el que “Estaba un día El Santos…”.

Es muy probable que pocos de los seguidores de la ambivalencia sexual, la postura machindril y la coprolalia del Sanx hayan pensado alguna vez que verían esos dibujos pasar de la narrativa estática del papel a la continuidad implícita para la pantalla grande. Por eso el impacto inmediato ante el lanzamiento de la película, que sin embargo llevaba casi una década en proyecto.

La película no es un fiasco, hay que dejarlo en claro, pero tampoco hay que caer en el argumento de la justificación rápida y complaciente. El guión derrapa, cojea, cae incluso por momentos. Los valles en la narrativa no están para dar ritmo, para atenuar la hilaridad o mesurar el epítome de la guarrez, más bien son —o parecen— caídas que suponían no serlo.

Desde ahí va la primera dificultad que la dirección a cargo de Alejandro Lozano debió enfrentar para dar continuidad y enfrentar el reto que supone siempre la animación para cine, pues no se lidia con personas sino con imágenes que deben tener vida propia y a las que la “cámara” debe dar sentido, en un contexto determinado.

A lo largo del filme pareciera haber cortes. Como si el personaje del Charro, interpretado en la voz por Cheech Marín, debiera haber dicho en unas siete u ocho ocasiones “Estaba un día El Santos…” Por momentos es inconexa. Faltó algo que pudiera tejer la trama sin que se dieran espacios abiertos, donde la historia se va en la simpleza de abusar del “pendejo”, de la caca y los orines, de lo sexoso, de la fuerza feminazi de la Tetona Mendoza y la debilidad e inseguridad machista de un Santos enamorado hasta el masoquismo más abyecto, de esa rivalidad envidiosa con el Peyote Asesino. Eso lo conocemos, lo hemos disfrutado hasta desternillarnos de la risa.

El problema es que pareciera que el guionista, Augusto Mendoza, se fue por la línea fácil: llevar al Sanx más allá de su guarrez intrínseca para entretener al auditorio con el pendejeo y la escatología al menor pretexto, lo que resulta en dibujar una historia que termina en partes.

La trama salta de una situación a otra con un hilo conductor que se adelgaza hasta romperse, irónicamente, reflejando esa cualidad de los zombis de Sahuayo: no importa en cuántos pedazos los cortes, de cada uno sale otro. En el filme parece que en cada caída de la historia hay chance de que salga otra nueva. Esa cualidad queda bien para los zombis. Son accesorios, finalmente, el mismo Santos lo dice ante los reclamos de El Cabo. No le va bien al guión.

El reparto

En una entrevista que Efrén Maldonado y yo les hicimos a Jis y Trino en Yucatán, en marzo pasado, comentaron lo que ya en otras se ha consignado e incluso está en el libro El Santos vs. la Tetona Mendoza. El desmadre detrás de la película [Tusquets, 2012]: la voz del antihéroe por excelencia surgió por la insistencia de Daniel Giménez Cacho.

El lujo está en el Gamborimbo Ponx: Guillermo del Toro pone el toque adecuado para darle sentido a los discursos filósoficos ramplones del Gamborimbo y es quizá el único al que da gusto escucharle más de dos veces decir: “pendejo”.

De la capacidad actoral de Giménez Cacho no hay ni qué discutir. Aunque, según aquella entrevista, una de las cosas que más se buscó es que hablara como él mismo, sin impostaciones, sin buscar una imagen, sin crear un personaje que con toda su capacidad histriónica hubiera dado mucho más. La idea era no hacer un lugar común con el personaje, pero el resultado final es que no termina de prender, le falta chispa, acusa una cierta falta de carácter.

Regina Orozco, por su parte, juega con la voz, con el tono, con la actitud. Crea una Tetona Mendoza que justifica, en caso de toparse con ella tras ver la película, gritarle: “Eh, Tetona, eres la más cabrona, ¡chichis poweeeer!”

José María Yazpik desempeña el papel y le imprime al Peyote Asesino ese cinismo y actitud despótica del que sabe que difícilmente perderá. Héctor Jiménez se acopla bien a la pasividad y corte de sanchopanza-tolerante de todos los desvaríos y desbarres del Santos en su personaje de Cabo. Los hermanos Bichir, Demián, Bruno y Odiseo, cumplen con los Cerdos Gutiérrez.

Jesús Ochoa aporta las partes que le tocan al Diablo Zepeda, al igual que Cecilia Suárez con la Kikis. La voces de Andrés Bustamante hay que andarlas adivinando, no quedan muy claras.

El lujo está en el Gamborimbo Ponx: Guillermo del Toro pone el toque adecuado para darle sentido a los discursos filósoficos ramplones del Gamborimbo y es quizá el único al que da gusto escucharle más de dos veces decir: “pendejo”.

Estaba un día Lynn Fainchtein…

en el asunto de hacer la película del Sanx. Llevaba la mayor responsabilidad. Si bien compartida con Fernando de Fuentes, José Carlos García de Letona y Paco Arriagada Cuadriello, quedó a la cabeza de los créditos y eso no se escribe por orden alfabético o por aleatoriedad, sino por quién está a cargo de todo.

También la comparte con Jis y Trino, los que finalmente confiaron en el trabajo de quien ha musicalizado un medio centenar de películas y producido los documentales Hecho en México (2012), 0.56% ¿Qué le pasó a México? (2010), ¿Y tú cuánto cuestas? (2007), entre otras producciones del cine mexicano.

Finalmente, Jis y Trino, aun cuando intervinieron en varias ocasiones leyendo guiones, propuestas de directores, actores y staff, terminaron por entregar el producto que los convirtió en dos de los más identificados, vilipendiados y muy admirados moneros mexicanos.

La saga de El Santos rompió los cánones de la crítica política y social, pero se estrelló con daños notables en los del cine. El resultado final es entretenido, da gusto refocilarse y reír por ratos o cuestionarse incluso por qué en un momento determinado uno está viendo lo que está en la pantalla, como la aparición del mono de Vicente Fox o las voces de Moderatto. Sería raro que a Jis y a Trino pueda gustarles el grupo liderado por Jay de la Cueva, aunque quien esto escribe podría equivocarse.

Si algo salva a la película es el mismo Sanx, como en todas sus historias desde hace años; finalmente saldrá airoso en medio de sus propios desmanes y se rearmará como los zombis de Sahuayo, pretexto inicial de la película. Su esencia discurriendo durante el filme permite tener los suficientes gags para disfrutar el producto en general.

Queda bien marcado que la genialidad de Jis y Trino aguanta las tres o más caídas con límite de tiempo. Los miles de ejemplares de sus libros, publicaciones en revistas o periódicos, videos, su trabajo en la radio, ya sea mano a mano o cada uno por su lado, son prueba fehaciente de su capacidad. Habrá que esperar si deciden hacer una segunda parte, como se señala, ya sea en serio o en desmadre, en el libro antes mencionado.

Epílogo

Sí, el pinche Santos es un carajo de héroe y a veces hasta un mamerto execrable, pero se le quiere mucho y se merece una victoria menos forzada, menos de trabuco, algo donde salga con ese cinismo que tan bien se le da, a exprimirse los calzones, rascarse los destos, agarrarse a la Tetona, reírse del Peyote y de críticas como este texto y otras más, para finalmente decir: “Me la Pérez Prado con música de viento, El Santos es su Padre”.

Secuencia tras los créditos

Útil herramienta para los no fans e incluso para los fans es el libro El Santos vs. la Tetona Mendoza. El desmadre detrás de la película. La edición de Tusquets que también aprovechó el envión del luchador que no lleva máscara (porque ése es su rostro, señor “Hijo de El Santo”), para reeditar la colección completa del Sanx y sus correligionarios del desastre.

De la mano y la narración, en anécdotas recogidas y escritas por los propios Jis y Trino, en el texto es posible acercarse más al proceso de creación, de búsqueda de los elementos adecuados para lograr el objetivo final en película.

En el mismo formato que los libros compilatorios de las aventuras del atribulado antihéroe, el ejemplar de marras ofrece una clara explicación del proceso mediante el cual se fue configurando el resultado que finalmente llegó a la pantalla de cine. De la mano y la narración, en anécdotas recogidas y escritas por los propios Jis y Trino, en el texto es posible acercarse más al proceso de creación, de búsqueda de los elementos adecuados para lograr el objetivo final en película.

Quien se sorprenda porque le gustó mucho o no le agradaron partes o la totalidad de la película encontrará ahí, explícitamente o con un mínimo análisis, respuestas a las preguntas que le pudieron surgir durante su asistencia a la proyección.

Una suerte de making-off impreso salpicada también de buen humor, cotorreo, desmadre, irreverencia y más guarradas. La entrevista de Mónica Maristáin a Jis y Trino es apenas el aperitivo del platillo de situaciones y hechos que se cuentan a lo largo del ejemplar y que rematan en una “ñapa” que muestra cómo el Sanx sigue igualito, pese a los años y con las mismas broncas, aventuras, amores, desamores y rivalidades.

Va también la relatoría del casting, la forma en la que cada uno, entre broma y broma de sus narradores, el par de irredentos jaliscienses fue elegido para tomar tal o cual papel, además de incluso cuestiones técnicas explicada por el equipo de animación que dio movimiento visual a la historia.

Aun cuando acuse estrategia de mercado, el libro se coloca como un buen complemento para “leer” la película. Cumple su objetivo: respondernos: ¿Qué pasó con el Santos y la Tetona en su brinco desde la tercera cuerda del papel a la pantalla grande? ®

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Publicado en: Cine, Diciembre 2012


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  • Mario Sánchez

    El error fue hacer una peli sin un buen guión, con esto aniquilaron al personaje, abusando del humor escatologico y de la promoción del pachequismo, el Santos no lo merecían y menos Trino. Lo único rescatable: la animación y la aparición para la historia de la Poniatowska. Más suerte para la próxima!