EL SÍNDROME DEL JAMAICÓN VILLEGAS

Llanto allende las fronteras de la patria

Algunos recuerdan a José “el Jamaicón” Villegas por haber sido uno de los pocos que pudo detener el ferrocarril de Francisco Dos Santos “Garrincha”, cuando jugaba en el Botafogo, durante un encuentro en el estadio de Ciudad Universitaria. En la defensa, los que saben de futbol dicen que creaba murallas casi impasables.

Los logros de José Villegas Tavares, conocido como “el Jamaicón”, bullen en su historia personal, desde la más íntima cuando los reclutadores del Club Deportivo Guadalajara lo fueron a buscar a su trabajo de bordador y cargador de telas para invitarlo a sumarse al equipo, a principios de la década de 1950.

En las Chivas Rayadas del Guadalajara el Jamaicón fue campeón de liga ocho veces casi consecutivas, en la temporadas de 1956 a 1970.  Durante su carrera pudo jugar 28 veces portando la camiseta de la selección nacional mexicana y participó en dos Copas Mundiales de FIFA.

Para la gran mayoría de los aficionados al futbol, los villamelones y quienes de plano saben lo menos del balompié, José Villegas Tavares es más conocido por el “síndrome del Jamaicón”, cuyo nombre surgió a partir del bajísimo desempeño que, según consigna la historia futbolera de México, tuvo este defensa jalisciense que aparentemente nunca pudo decir “hay Villegas no te rajes” cuando le tocó jugar en Mundiales de FIFA.

Sobre la anécdota que creó una leyenda para explicar el agachismo mexicano en tierras extranjeras hay varias versiones. Una de las más aceptadas hasta ahora y que detalla mejor el escenario donde surgió la chunga para denominar esa peculiar manera de los mexicanos de salir a competir fuera “de casa” es la descrita por Carlos Calderón Cardoso en su Anecdotario del Futbol Mexicano (Ficticia, 2006).

En 1958 José el Jamaicón Villegas habría sido víctima de la nostalgia, la melancolía y una extraña forma de chauvinismo que acabaría de golpe con la fama y la carrera que se había construido en México y el extranjero luego de haber sido uno de los pocos que pudiese evitar el embate del considerado mejor extremo derecho en el mundo, Garrincha.

Según Calderón Cardoso, en ese año la Federación Mexicana de Futbol organizó una gira de la selección nacional previa al Campeonato Mundial que incluyó participaciones en Canadá y Portugal. En esta nación habría ocurrido lo que después muchos cronistas deportivos narraron como la caída previa de Villegas Tavares, luego vendría la pública y explícita en las canchas mundialistas.

Nacho Trelles iba como entrenador de la tricolor, acompañando anímicamente y con sus consejos y exigencias a los 22 elementos que en aquella ocasión salieron a buscar una buena participación en la VI Copa Mundial, en Suecia.

Estando en Lisboa, la selección nacional fue honrada con una cena de gala. Todo iba bien. Buena comida, comentarios positivos, ánimos para los siguientes juegos y para lo que el Campeonato Mundial les llevaría en breve. De pronto, José Villegas no está más en la mesa y nadie sabe de él.

Trelles, preocupado por sus jugadores, lo busca por distintos lados del salón donde se había realizado la gala. Cuál habría sido su sorpresa al encontrarlo sentado, con las piernas dobladas y las rodillas al pecho, entre las que ocultaba su rostro anegado de lágrimas. Trelles lo inquiere acerca de la situación y sobre si ya cenó.

La respuesta del Jamaicón se volvería de antología para la historia nacional del deporte: “¡Cómo voy a cenar si tienen preparada una cena de rotos. Yo lo que quiero son mis chalupas, unos buenos sopes o un rico pozole y no esas porquerías que ni de México son”. El resto está más que contado, nunca pudo dar el ancho esperado durante los juegos del Mundial, aun cuando llegó como “la potencia” de la Confederación Centroamericana y del Caribe de Futbol (Concacaf).

En un artículo publicado en la Revista Universitaria de la UNAM Sealtiel Alatriste sintetiza esta versión y otra más en la que, frente al potencial que el Jamaicón representaba en la cancha, Ignacio Trelles decidió dar la oportunidad de jugar al portero suplente. Esta historia ocurrió cuatro años después y, según ésta, José Villegas Tavares nunca pudo superar el trastorno de estar lejos de su casa y país.

Alatriste explica que también se trataba de juegos previos al encuentro mundial, en este caso en Londres. Muchos ojos estaban puestos en el jugador del Guadalajara y en sus “murallas” a los tres cuartos de cancha. Trelles incluso le ofrecería la oportunidad de jugar al Piolín Mota para sustituir a la Tota Carvajal en la portería. Cuando Mota le manifestó su preocupación Trelles le habría dicho que no tenía de qué preocuparse, el Jamaicón estaría ahí en la defensa para evitarle problemas.

El marcador final contra la selección inglesa fue de ocho goles a cero (a favor de Inglaterra, por supuesto). En la mayoría de los casos, los delanteros del Reino Unido pasaron sin mayor problema la defensa mexicana. En una entrevista posterior, José Villegas diría que extrañaba a su “mamacita”, que llevaba días sin tomarse una birria y que no soportaba la vida si no estaba en su tierra.

Leyenda a final de cuentas y cuentos, versiones diversas de ella, las historias del Jamaicón y otros mexicanos que intentan destacar en el extranjero coinciden y se repiten, bajo un mismo síndrome, aparentemente, según la evidencia marcada por la historia, superable en mínimas y excepcionales ocasiones. ®

Publicado en: Apuntes y crónicas, Junio 2010

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