LA BRADERIE DE LILLE

Y los mercados de pulgas

En la actualidad, cuando gran parte de los espacios públicos han venido sufriendo un agresivo proceso de transformación que prioriza la expansión y concentración del capital privado, como consecuencia principal de la gentrificación, manifestaciones mercantiles como las braderies vienen a adquirir un papel fundamental.

Un mercado de pulgas es una suerte de túnel del tiempo en donde cada uno de los objetos en venta, más allá de su relativo valor y precio, se presentan ante nosotros con una poderosa reminiscencia, la cual se intensifica de manera muy peculiar en aquellos cazadores —coleccionistas y anticuarios— ávidos de encontrar, regatear y adquirir los más diversos y memoriosos objetos; aunque no por ello deje de ser para los demás, independientemente de que se adquiera o no algún artículo, una experiencia gratamente evocadora.

La tradición de estos mercados es verdaderamente añosa, permanencia que ha tenido que sufrir, en mayor o menor medida, modificaciones que son consecuencia de la adhesión de nuevos puestos que ofrecen productos cada vez más distintos a los que normalmente se encontrarían en un mercado de pulgas —como es el caso del tradicional mercado de La Lagunilla de la Ciudad de México. En Lille, una ciudad ubicada al norte de Francia, el primer fin de semana de septiembre se instala un mercado que aunque, año con año, ha padecido también este tipo de transformación, continúa manteniendo una esencia del tradicional mercado de pulgas.

Considerado el más famoso de Francia, el más grande de Europa y uno de los más antiguos del mundo,1 La Braderie de Lille no sólo es un mercado de pulgas, sino sobre todo una gran fiesta popular que tiene su epicentro en el casco viejo de la ciudad y que se extiende, de manera asimétrica, hasta aproximadamente unos tres kilómetros a la redonda por calles donde pueden hallarse los más diversos objetos, en su mayoría de segunda mano.

La Braderie de Lille no sólo es un mercado de pulgas, sino sobre todo una gran fiesta popular que tiene su epicentro en el casco viejo de la ciudad y que se extiende, de manera asimétrica, hasta aproximadamente unos tres kilómetros a la redonda.

Mas la braderie2 no es un espacio comercial exclusivo de Lille, pues en el norte de Francia existe toda una tradición en la realización de este tipo de mercados, donde las mercancías usadas son tendidas en puestos callejeros cuyos dueños en su mayoría no son marchantes de oficio; de hecho, es tal el arraigo cultural que existen guías oficiales, como L’officiel des Braderies, anuales en las que pueden encontrarse la ubicación y fecha de las braderies que se instalarán en distintas ciudades o “barrios” del norte de Francia durante la mayoría de los 365 días del año.

En la actualidad, cuando gran parte de los espacios públicos han venido sufriendo un agresivo proceso de transformación que prioriza la expansión y concentración del capital privado, como consecuencia principal de la gentrificación, manifestaciones mercantiles como las braderies vienen a adquirir un papel fundamental, pero no sólo como emplazamientos que a través de su vendimia estimulan la memoria, sino sobre todo porque incentivan la economía de una manera más o menos horizontal y fortalecen los vínculos y lazos sociales de tipo barrial, los cuales práctica y lamentablemente son cada vez más escasos en nuestras ciudades. ®

Notas

1 Según algunos historiadores, los orígenes de La Braderie de Lille datan del siglo XII y están vinculados a la feria que se organizaba para celebrar la “ascensión de María”, en donde los comerciantes locales y extranjeros podían vender libremente sus productos durante los días que duraba la feria.

2 El nombre de braderie, que significa “venta pública de productos de segunda mano”, sólo es utilizado en el norte de Francia; en el resto del país a este tipo de mercados se les conoce como “marché aux puces” (mercado de pulgas), como por ejemplo los famosos “Porte de Vanves o el “Saint-Ouen, de París.

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Noviembre 2010


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  • Yaneli Silva

    Esta breve crónica ha traído, por muchas razones, una avalancha de recuerdos a mi memoria. Pero debo comentar que considero que es una tradición todavía muy viva, por lo menos en la ciudad de México. Estos espacios también se han convertido en sitios de empoderamiento, un tema en este sentido es la Colonia Portales y sus famosos “tirados”, sería interesante trabajarlo.