La CDHDF: paradigma de la transición

La defensa de los derechos humanos y los intereses políticos

En el año 2001 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) designó a Emilio Álvarez Icaza como nuevo presidente de la CDHDF. Luego de dos periodos al frente de la institución Luis de la Barreda entregaba la estafeta. Desde 1993 hasta 2001 la CDHDF impulsó cambios significativos en materia de derechos humanos en la Ciudad de México.

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) fue creada en los inicios de la década de los noventa mediante decreto del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Los vericuetos de su creación y del estira y afloja con el entonces regente del Distrito Federal, Manuel Camacho Solís, están narrados en un libro de la autoría del presidente fundador de esa institución, Luis de la Barreda Solórzano. Este texto se enfoca, principalmente, en el giro que dio la CDHDF en su primer cambio de titular, es decir, cuando Emilio Álvarez Icaza sustituyó a De la Barreda.

El pecado original

Álvarez Icaza con Javier Sicilia

En el año 2001 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) designó a Emilio Álvarez Icaza como nuevo presidente de la CDHDF. Luego de dos periodos al frente de la institución Luis de la Barreda entregaba la estafeta. Desde el año 1993 hasta el 2001 la CDHDF impulsó cambios significativos en materia de derechos humanos en la Ciudad de México y sentó precedentes en cierto tipo de casos, como la fabricación de culpables por parte de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), los abusos por parte de la policía de la Secretaría de Seguridad Pública y otros. Sin duda, el caso más publicitado de la CDHDF de la administración De la Barreda fue el de Paola Durante, que ocasionó un duro enfrentamiento entre la PGJDF de Samuel Del Villar e importantes sectores identificados con el gobierno del Distrito Federal, y medios de comunicación como La Jornada y TV Azteca también se vieron enfrentados por el caso. A final de cuentas, y luego de una intensa batalla jurídica y mediática, Paola Durante recobró su libertad gracias a la CDHDF. Resultó obvia su inocencia y las patrañas que la mantuvieron cautiva.

El caso de Paola Durante creó una animadversión hacia la CDHDF. Los editoriales de La Jornada, cartones del diario y las columnas de quienes habían sido amigos de la institución daban cuenta de un rompimiento entre ésta y quienes apoyaban la gestión del gobierno perredista de la ciudad. Así, la gestión de Luis de la Barreda fue atacada por sus “nexos con el priismo”, entre otras acusaciones.

Cuando Álvarez Icaza fue electo presidente del organismo se intuía que el estilo cambiaría. Una de sus declaraciones fue que la CDHDF tenía un “pecado de origen”. ¿A qué se refería? A que la institución había sido creada por Carlos Salinas de Gortari. El expresidente que, según muchos, era el causante de todos los males que aquejaban a México.

El nuevo estilo

Cierta noche se reunieron los equipos entrante y saliente de la Comisión en la oficina del presidente. Según quienes vieron salir a estos últimos se les veía cabizbajos. ¿Cómo era la vida institucional bajo la presidencia de De la Barreda? Él y su equipo estaban hechos al viejo estilo: formalidad en el trato con trabajadores, formalidad en el discurso. Los discursos de Luis de la Barreda estaban llenos de citas y referencias mitológicas, alusiones a obras de la literatura universal, a piezas musicales. Eran discursos barrocos, casi churriguerescos y de buena factura. Sus mensajes a los empleados eran pocos y siempre formales. No se permitía frases coloquiales. Fiestas y celebraciones en la CDHDF eran engalanadas por ensambles que tocaban Vivaldi. En ocasiones más informales había jaraneros. Las cosas cambiaron, y mucho, con Álvarez Icaza.

Los discursos de Luis de la Barreda estaban llenos de citas y referencias mitológicas, alusiones a obras de la literatura universal, a piezas musicales. Eran discursos barrocos, casi churriguerescos y de buena factura. Sus mensajes a los empleados eran pocos y siempre formales. No se permitía frases coloquiales.

Con el nuevo presidente la comunicación con los empleados fue más abierta: se hacían reuniones para informar a los empleados de los cambios que se hacían. Las formas y el trato del maestro Álvarez Icaza diferían completamente de las del doctor De la Barreda: el nuevo titular era del todo coloquial, bonachón y procuraba eludir las formalidades. No intentaba emular a su predecesor en materia de conocimientos y hacía todo lo posible para distanciarse de él en cuanto a posiciones políticas. Las fiestas ya no eran animadas por cuartetos de cuerdas y en los discursos ya no había citas referentes a monstruos mitológicos. No. En las celebraciones había grupos de salsa y los discursos a los empleados eran del todo informales.

Desde un principio hubo cierta actitud de revanchismo con la administración anterior. El motivo no es muy difícil de dilucidar y revela una parte muy interesante de esta transición y de los relevos generacionales en la administración pública en México: Luis de la Barreda Solórzano era hijo del capitán Luis de la Barreda Moreno, titular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) en los turbulentos años de la década de los setenta (De la Barreda fue injustamente acusado por el fiscal Ignacio Carrillo por supuestos delitos cometidos cuando fue director de la DFS, los cargos no prosperaron y De la Barreda padre murió poco después). Era, pues, un funcionario priista ligado a tareas de seguridad. Emilio Álvarez Icaza es hijo de José Álvarez Icaza, fundador del Centro de Comunicación Social (Cencos), dedicado a la defensa de perseguidos políticos. Así, resulta clara que la posible animadversión de Álvarez Icaza contra De la Barreda estuviera basada en el “espíritu” familiar antipriista. Lo más relevante es constatar cómo en el cambio de estafeta en la Comisión, en la época de la transición del gobierno federal, estos dos personajes llegaron a tocarse. Por diferentes caminos, llegaron al mismo punto.

Rebasar por la izquierda

Álvarez Icaza tuvo el tino de no demoler todo lo construido durante la administración de De la Barreda. Como era de esperarse, a los funcionarios de alto nivel les pidió su renuncia. Llegó con gente nueva procedente, sobre todo, de ONGs y del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF). Gente que repudiaba todo lo que oliera a PRI. Álvarez Icaza realizó cambios en la institución que favorecieron a los trabajadores: el horario de nueve am a nueve pm fue sustituido por el de nueve a seis; se otorgaron más vales de despensa y regalos de fin de año a los trabajadores; retabulación; se instituyó el Premio Ponciano Arriaga; se establecieron gratificaciones por puntualidad; seguro de gastos médicos mayores y la adquisición de un nuevo edificio. Además, con estas medidas, Álvarez Icaza “rebasaba por la izquierda” a los miembros de la institución que luchaban por constituir un sindicato. Todo lo que pedían lo dio y no había razón para seguir con la idea del sindicato.

Aunque no todo fue miel sobre hojuelas. A diferencia del estilo de la administración anterior, hubo mucha inconformidad sobre la manera en que se les solicitaba la renuncia a ciertas personas o el bullying al que eran sometidos.

Digna Ochoa

Abuso policiaco en el News Divine

La era Álvarez Icaza puede abarcarse con dos casos relevantes: la muerte de Digna Ochoa y el caso News Divine.

Apenas había tomado posesión de su cargo cuando se supo que Digna Ochoa había sido hallada muerta en un despacho jurídico de la entonces primera visitadora de la CDHDF, Pilar Noriega. Los focos rojos se encendieron, como suele decirse. Según los que sabían, Digna Ochoa había sufrido varios atentados contra su vida por sus actividades relacionadas con la defensa de los derechos humanos. Las anécdotas de su valentía iban y venían en los medios de comunicación. Después de investigar, la PGJDF concluyó que se había suicidado. Los defensores de los derechos humanos pusieron el grito en el cielo: una pifia más de la PGJDF (aquí sí se aplica lo de la burra arisca). La PGJDF se caracteriza por armar unas investigaciones torpes, lo sabemos. Pero, a pesar de todo, la sombra queda. Me permito transcribir parte de un reportaje de Blanche Petrich sobre la investigación de la muerte de Digna Ochoa. En él Petrich hace un seguimiento de las suposiciones del “suicidio”. El texto es del 20 de julio de 2003.

¿En qué momento los investigadores empezaron a contemplar la hipótesis del suicidio, cuando la primera mecánica de hechos demostraba sin lugar a dudas una acción de un homicida profesional? Margarita Guerra dio la clave en una entrevista radial, cuando señaló que “un sacerdote jesuita que trabajó muy de cerca con Digna” la había descrito como una mujer con una personalidad “llena de luces y de sombras”. En las sombras, asumimos, se albergaría ese personaje perverso que por años hizo creer a todo el mundo —a sus compañeros del Centro Pro Juárez, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a su familia, a sus amigos, a todos menos a algunos de sus jefes, todos ellos sacerdotes jesuitas— que era amenazada y perseguida por algún cuerpo represivo.

[…] La palabra “suicidio” surgió en el entorno de compañeros de Digna Ochoa cuando su cuerpo aún estaba tibio. Fue Alfredo Castillo, trabajador del Centro Pro, cercano a su director, Édgar Cortés —uno de los sacerdotes jesuitas—, quien la pronunció, en la acera de la calle Zacatecas, en la noche del 19 de octubre de 2001. Castillo, como muchos otros, llegó al lugar y le pidió su teléfono celular a otro de los defensores de derechos humanos, Víctor Brenes. Castillo marcó un número y al poco rato dijo:

—¿Edgar? Digna ya se suicidó.

Brenes lo enfrentó: “¡No puedes decir eso!” Pero lo dijo.

Empezó el proceso de investigación en medio de clamores de justicia por la comunidad de defensores de derechos humanos. Pero el Centro Pro, coadyuvante en la investigación, pronto empezó a tomar distancia, a enfriar los gestos de solidaridad, a tejer en la oscuridad. Con el paso de los meses, los miembros del Centro Pro y otros ex compañeros dejaron de hablar cálidamente de Digna, a torcer el gesto, a desviar la mirada y la conversación cuando se tocaba el tema.

Dos integrantes de la congregación jesuita contribuyeron activamente a construir la historia que hoy ya es oficial. Desde las propias oficinas de la PGJDF el abogado Enrique Flota, ex sacerdote, se convirtió en brazo derecho de Sales y su contacto con periodistas y columnistas seleccionados, dirigentes de la sociedad civil y políticos que desfilaron por la oficina del subprocurador para recibir informaciones confidenciales de su investigación. Flota conocía bien los flancos débiles de la abogada. Él fue el primer jefe de Digna en un bufete, cuando ésta llegó, muy joven aún y como pasante, al Distrito Federal.

Por otra parte, existe una columna del desaparecido diario El Independiente en la que el entonces general de los jesuitas opina que Digna Ochoa se suicidó. No he podido localizar esa columna. La administración de Álvarez Icaza se mostró en desacuerdo con la conclusión de la PGJDF en el caso Digna Ochoa. El nuevo presidente hizo causa común con su primera visitadora y negó que Digna Ochoa padeciera algún problema psiquiátrico. Además, bautizó el auditorio de la Comisión con el nombre de la abogada fallecida. La PGJDF, según los usos y costumbres que se estilan en la procuración de justicia en este país, filtró información del caso a los medios, información delicada sobre Digna Ochoa. La CDHDF le pagó con la misma moneda a la procuraduría al filtrar información al periodista Carlos Loret de Mola. Ése fue el primer caso relevante que enfrentó Álvarez Icaza.

La pesadilla del News Divine y la Comisión que no fue

Casi al final de su segundo mandato Emilio Álvarez Icaza enfrentó un caso por demás grave: el de la discoteca News Divine. Nueve adolescentes y tres policías murieron asfixiados por un operativo policiaco con el que se intentaba extorsionar a los muchachos que festejaban en el lugar. Una pesadilla la de esa tarde. De inmediato la CDHDF tomó cartas en el asunto y emprendió una investigación acerca de los hechos que derivaron en la injusta muerte de esos jóvenes. Momentos antes de dar a conocer a los medios de comunicación la recomendación derivada de la investigación de tan lamentables hechos, el jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, y Emilio Álvarez Icaza hablaron por teléfono. El titular de la Comisión le advirtió al jefe de gobierno: “Viene fuerte la recomendación”. Ebrard respondió: “No es para menos”. Pero la recomendación no resultó tan fuerte: en ella se pidió lo mínimo, reparación del daño a los familiares y la destitución de un funcionario. La pregunta es si Álvarez Icaza no debió haber recomendado que el jefe de Gobierno, dados sus antecedentes en el caso Tláhuac por lo que fue destituido por el presidente Vicente Fox, renunciara al cargo. De haber sido así, la CDHDF hubiera hecho su trabajo de defender los derechos humanos de los capitalinos sin importar las consideraciones políticas. Álvarez Icaza se conformó, en un caso en el que murieron nueve jóvenes, con recomendar lo políticamente correcto. ¿Por qué no puso el mismo empeño arrebatado con que se condujo en el caso Digna Ochoa? ¿Cálculo político? ¿Valía más la pena el caso de una defensora de los derechos humanos que el de muchos jóvenes atrapados en una fiesta por la corrupción y falta de capacidad de los encargados de un operativo?

Epílogo

Luis de la Barreda

El caso News Divinecerró la administración de Álvarez Icaza al frente de la CDHDF. De haber pesado más la defensa de los derechos humanos que las consideraciones con un gobernante la CDHDF quizás sería otra cosa y no la institución en que se ha convertido. El nuevo presidente, Luis Plascencia, brilla por su grisura.

Luis de la Barreda Solórzano fundó el Instituto Ciudadano de Estudios Sobre Inseguridad (Icesi) y hace poco abrió el Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM. Emilio Álvarez Icaza está en Washington en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Del News Divinenadie se acuerda… y de la CDHDF sólo los niños de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. ®

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Publicado en: Octubre 2012, Política y sociedad


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