La música popular griega

Canciones de belleza desoladora

Un repaso histórico a los orígenes de la música popular en Grecia y los cantantes más populares, así como los temas de que hablan: soledad, melancolía, abandono, la noche, el amor…

Dimitris Mitropanos.

Dimitris Mitropanos.

La actual música popular griega viene sobre todo de la antigua Jonia, hoy la costa turca que da al Egeo. A la caída de Roma en el siglo VI d.C. subsistió por casi mil años más el Imperio Romano de Oriente, o Imperio Bizantino, de idioma oficial griego y no latín, con capital en Constantinopla (Konsdandinu polis = la ciudad de Constantino) que no cayó hasta 1453. Pero siglos antes ya los turcos se habían expandido sobre Anatolia, la península que hoy es Turquía, y llegaron a las puertas de Viena: así quedó constituido el Imperio Otomano, de religión musulmana.

En 1821, el mismo año que México se independizó de España, Grecia puso fin al dominio turco en el extremo sur del país, el Peloponeso. En esa guerra de independencia participaron helenófilos como lord Byron. Al término de la Primera Guerra Mundial en 1918, el imperio Otomano pagó cara su alianza con Austria-Hungría y Alemania: los países victoriosos le dejaron solamente la península de Anatolia, dieron Macedonia a los griegos, Bulgaria a los búlgaros, Servia a los servios. El sur del Imperio quedó a cargo de Inglaterra y Francia como protectorados: Siria y Líbano, una Palestina que incluía lo que hoy es Jordania. Olvidaron crear Kurdistán para los kurdos y dieron pie en el Oriente Medio al conflicto israelí-palestino que aún subsiste.

Los cantantes más populares: Giorgos Dalaras, Haris Alexíou, Dimitris Mitropanos, Eleni Tsaligopulu, Pasjalis Terzís. Y títulos: “Roza”, de Mitropanos; “La carta” y “Siete veces”, de Dalaras, “Todo te recuerda”, de Terzís.

Pero los griegos no estuvieron conformes con el reparto de 1918: no podían aceptar que la antigua Jonia, la de los filósofos presocráticos, la Esmirna de población mayoritariamente griega y la antigua Constantinopla quedaran en manos de los turcos. Kemal Atatürk creó Turquía, una república, adoptó el alfabeto latino en vez del árabe, lo adaptó para escribir el idioma turco y levantó un país que miraba más hacia Occidente. Pero allí quedaba Jonia.

Los griegos trataron de tomar la costa turca del Egeo y tuvieron éxito donde la población era mayoritariamente griega. Pero el rey, Constantino I, llevó sus tropas tierra adentro, donde la resistencia turca fue feroz… y no había griegos. La guerra de 1919 a 1922 concluyó con la derrota griega. La costa de Jonia, que habían ganado, la volvieron a perder. Muchos griegos de Esmirna fueron echado literalmente al mar.

A partir del llamado Desastre del Asia Menor millares de griegos buscaron refugio en la Grecia continental. El puerto del Pireo se llenó de hombres y mujeres sin trabajo. Pronto unas fueron putas y otros padrotillos. La música que produjeron es de una belleza desoladora: habla de miseria y abandono. Surgieron los ritmos hoy más identificados con Grecia: el rembétiko (de rembetis: holgazán, vago), dentro del que hay zeibékiko, jasápiko (jasapis es carnicero), tsámiko, muy marcial, el muy turco tsifteteli para mujeres vestidas a la turca y haciendo sonar moneditas encadenadas a la cadera.

El zeibékiko lo baila siempre un hombre solo, en la taberna, en torno de un vasito de ouzo, quitándose el saco (pobres pero con saco y corbata y camisa… mugrosa). Es una gran ofensa que otro se ponga también a bailar. No conozco uno más desolador que “O paliatzís”, que traduzco libremente como El ropavejero, el que compra cosas viejas (paliá). No tengo que oírlo, con decir: “Llévate lo que quieras, paliazí (ropavejero) que al fin ya no vive conmigo”… lloro. Hasta es parte de mi novela Cuchillo de doble filo, que es otro título de zeibékiko.

El jasápiko es el que vemos con más frecuencia: hombres tomados de los hombros haciendo coreografías complejas y gimnásticas. Mi preferido es “El último tranvía”: “Me emborraché y se me hizo tarde, apura el paso a ver si alcanzamos el último tranvía… ¡Ay! ¡Qué triste que seamos tan pobrecitos”. Y claro, “Siete Veces” (Eftá forés) que puse de fondo a mi página web [www.luisgonzalezdealba.com]: “Sólo recuerda esto: de siete veces que caigas, levántate ocho…”

Los dos autores más conocidos son, por supuesto, Mikis Theodorakis y otro, que prefiero: Manos Hadzidakis. De Theodorakis es una de las pocas canciones griegas que no me gustan: el tema de Zorbás. Y de Hadzidakis el tema que canta Melina Mercuri en Nunca en Domingo: “Los muchachos del Pireo”. Otros, como Tsitsanis, son venerados en Grecia, pero desconocidos fuera de sus fronteras.

Los cantantes más populares: Giorgos Dalaras, Haris Alexíou, Dimitris Mitropanos, Eleni Tsaligopulu, Pasjalis Terzís. Y títulos: “Roza”, de Mitropanos; “La carta” y “Siete veces”, de Dalaras, “Todo te recuerda”, de Terzís.

La música de las islas es de muy distinto carácter: casi puede uno ver a los campesinos bailando en ronda, un hombre, una mujer, hasta cerrar un círculo tan grande como se quiera.

¿Y qué es ese instrumento que siempre pone el color griego? El buzuki, de la familia de la mandolina y del laúd.

Una joya: Mitropanos canta “Roza” al pie de la Acrópolis y hace unos cuantos pasos de zeibékiko (el baile de hombre solo en una taberna). La música es de Thanos Mikrútsikos y la letra de Alikis Alkaíos:

Finalmente, María Faranduri (con frecuencia transliterada “Faranturi” en letras latinas, lo cual suena “nd” a nuestro oído) es una enorme institución. Lo mejor es que vea su página, con biografía, discografía y otros enlaces. Tiene versión en griego o inglés.®

Publicado originalmente en mayo de 2011.
Compartir:

Publicado en: La música popular, Noviembre 2014


Te invitamos a tomar nuestro curso en línea Presencia en internet para escritores.
Conoce el programa e inscríbete.

Suscríbete gratis a Replicante:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.