RELECTURAS DE GABRIEL ZAID. LA POESÍA EN LA PRÁCTICA

Reflexiones y acercamientos a su redacción

"Poema", Derek Beaulieu

Una revisión histórica de la obra ensayística y poética de Gabriel Zaid. El autor repasa su ascenso en las letras mexicanas, estudia las lecturas que lo formaron, y sobre todo, la congruencia entre su poesía y su vida cotidiana.

La práctica no es algo estrecho,
mecánico y sin misterio, sino creación;
y la poesía es práctica;
hace más habitable el mundo.
—Gabriel Zaid

I. Presentación. El ensayo, de la tradición de Montaigne a Zaid, retocar el autorretrato con el pincel de la lectura

El ensayo es conversación. Un diálogo —escrito, sin fin— impulsado por la lectura. Lo inacabado para el escritor Benjamín Valdivia. Reflexión que invita al intercambio de ideas y a ejercitar la inteligencia colectiva a través de los libros.

Quizá el Libro de los Proverbios del Antiguo Testamento, los Diálogos de Platón, las Cartas a Lucilio de Séneca y las Obras morales y de costumbres de Plutarco sean el antecedente de este género literario. Pero no es sino hasta el siglo XVI cuando Michel Eyquem, señor de Montaigne, gran lector de la Antigüedad, hace que los autores clásicos se desdoblen en su torre como conciencia crítica de su gran conversación y escribe llamando a lo que escribe Ensayos. Literatura de reflexión sin ser filosofía.

Al escribir sus ensayos Montaigne no pretendía elaborar un método epistemológico infalible como tiempo después lo intentaría Descartes; él anhelaba construir su yo desde el diálogo reflexivo con los libros. Retocar su autorretrato con el pincel de la lectura. Decía Michel Eyquem: “Nada hay tan hermoso y legítimo como actuar bien y debidamente como hombre, ni ciencia tan ardua como saber vivir esta vida bien y naturalmente; y de nuestras enfermedades, la más salvaje es despreciar nuestro ser” (Ensayos, libro III, Cap., XIII).

Montaigne (1533-1592) y Descartes (1596-1650) fueron contemporáneos del pensamiento escéptico de su época. Los dos se alimentaron del fruto de la duda. El sistema geocéntrico de la Antigüedad había sido superado por la nueva astronomía, y Colón descubriendo el nuevo mundo había descubierto también una nueva humanidad. Lo que pretendían estos franceses era trascender su escepticismo. Descartes escribió por esto el Discurso del método, en el cual propuso la duda metódica como vía de encuentro con la verdad, y Montaigne escribió sus Ensayos, donde renunció a las verdades universales. Michel Eyquem eligió ensayar, escribir sus reflexiones a sabiendas de que su conocimiento era parcial y subjetivo. Montaigne prefirió hablar desde el propio Montaigne, como decía, ensayar, dar su respuesta —literaria— individual, al desafío de la pregunta colectiva que brota de la conversación —diálogo o lectura— y que siempre será inacabada, es decir, no final. Por esto el ensayo desde su primera escritura fue —y sigue siendo— una respuesta personal. O como escribió Gabriel Zaid siguiendo la tradición de Montaigne: “Todo hombre debe ensayar, pensando a solas, hablando con su prójimo, escribiendo y quizá publicando, mientras hable, escriba o publique de cuestiones que lo cuestionen”.1

“Zaid es nuestro Montaigne…”,2 un espíritu independiente, crítico y alejado de las perversiones de la farándula literaria.

II. Cuatro acercamientos a la redacción de la poesía en la práctica

Tomar la alternativa por la poesía, accésit en los Juegos Florales de Tehuacán, 1954

Quizá Gabriel Zaid se inició en la vida literaria en 1950 con la obra en verso El sainete, que se llevó a escena en el teatro Rex de Monterrey —y digo quizá porque no resulta fácil seguirle la pista a un autor que siempre ha buscado el anonimato.3 Después, entre 1951 y 1952, publicó epigramas en el Diario de Nuevo Laredo, y a los veinte años de edad, en 1954, obtuvo el primer lugar en los Juegos Florales de Tehuacán. En aquel certamen literario el jurado estuvo integrado por Alfonso Reyes, Carlos Pellicer y Salvador Novo. El joven poeta ganó con su poema Fábula de Narciso y Ariadna, que se publicó en 1958 en la revista Kátharsis, no. 18, de Monterrey. Pero un año antes Octavio Paz le había enviado un carta fechada el 19 de diciembre de 1957 —que después le servirá de prólogo a su primer libro de poesía Seguimiento— donde lo anima hacer públicos sus versos: “Ojalá que se anime usted a publicar algo pronto. Mientras tanto, guardo su manuscrito como algo verdaderamente precioso”.4

Estaba decidido, ante la confirmación primero de Alfonso Reyes, Carlos Pellicer, Salvador Novo y después de Octavio Paz, el joven regiomontano sería poeta. Pero, ¿cuáles serían las implicaciones de tomar la alternativa por la poesía?

La pluma del escritor mexicano, tesis de Ingeniería industrial, La industria del libro en México, 1955-1959

El problema que puede ser llamado el problema del libro en México se revela de muy diversas maneras: el lector no encuentra, o si encuentra no puede comprar, todos los libros que necesita. El autor difícilmente puede publicar y de ninguna manera vivir de los libros que escribe. Las editoriales y librerías no pueden sostenerse en un plan de servicio estrictamente cultural y en el mejor de los casos nunca son buen negocio.

Así reflexionaba Zaid en el preámbulo de su tesis: Organización de la manufactura en talleres de impresión para la industria del libro en México para obtener el título de Ingeniero industrial. Pasado de los veinte años el joven poeta empezaba ya a meditar sobre el libro y el escritor en México, como podemos leer; sus preocupaciones se ahondaban al descubrir la gran dificultad que conllevaba su elección de vida. Escribía Gabriel Zaid en la obra citada:

El escritor mexicano no puede vivir de su pluma, como en algunos lugares del mundo, y puede darse por bien tratado si no se le exige más que la cátedra o la conferencia para obtener el pan; y por suficientemente pagado si sus obras llegan a publicarse, no con el mínimo provecho económico, sino con el mínimo desembolso de su parte.

Habiendo hecho las tientas necesarias antes de salir al ruedo, el joven escritor analizaba con detenimiento las posibles elecciones en su futura vida literaria. Ante su mirada, en el horizonte, se levantaba el testimonio de dos poetas coterráneos, por un lado, se encontraba el poeta bohemio español Pedro Garfias (Salamanca, 1901Monterrey, 1967); éste era el ejemplo típico del poeta romántico, aquél que ha decidido vivir al margen. Creer que este mundo y la poesía son irreconciliables. Del otro lado, estaba el poeta diplomático Alfonso Reyes (1889-1959, apenas fallecido), el regiomontano que para ejercer su oficio de escritor y ganarse el pan había buscado ser un funcionario del Estado.

¿Qué camino elegir?, pensaba Zaid, ante el ejemplo de estos poetas: el romanticismo o el servicio público. Había una tercera vía, la docencia. Aunque ésta sería una puerta falsa si no se contaba con la vocación necesaria. Ya lo había escrito el maestro Antonio Caso: Educar, arte de filósofos. ¿Acaso pudiera reinventarse la vida del poeta en la ciudad —en el mundo—, aparte de estas posturas?, meditaba el joven norteño.

Cuatro atisbos para una reflexión poética futura, La poesía, fundamento de la ciudad, 1963

La poesía, fundamento de la ciudad, de Gabriel Zaid, se terminó de imprimir en 1963, cuando el escritor estaba por cumplir los treinta años de edad. El libro es el antecedente de La poesía en la práctica (1985), una postura ante la vida, el inicio de una declaración de principios estético-morales. El joven Zaid, más que buscar una pose, realizaba epistemología al contemplar el escenario literario de su época y elaboraba asimismo su axiología. El norteño empezaba a construir los cimientos de lo que sería más tarde su visión poética. Aquel breve libro de ensayos era la integración concreta de cuestiones que no cesaban de planteársele y replanteársele al escritor. Un discurso dividido en cuatro partes para ser leído ante un público en la reunión de Poesía en el mundo en Monterrey. Escribía el autor en la primera parte del libro que

todo se integró bajo el apremio de un diálogo concreto: el arquitecto Manuel Rodríguez Vizcarra, a pesar de mis evasivas, insistía en que viniera a leerles mis versos, como otros muchos y mejores que yo lo han venido haciendo desde hace siete años, y con una insistencia y generosidad que superaba la importancia y el valor de cualquier cosa que yo tuviera que callar o que decir.5

Ante aquella insistencia y generosidad hecha por el arquitecto Vizcarra, Zaid aceptaba dar la lectura. Pero su lectura no sería la de sus poemas, sino la de sus reflexiones acerca del poeta en la ciudad, cuatro atisbos para una reflexión poética venidera constituía el tema de aquellos ensayos.

El norteño, en esos primeros ensayos de juventud, se revelaba como el espíritu realmente excepcional que ahora es. En esos cuatro textos el autor empezaba a elaborar su conciliación entre poesía y vida práctica. Su entrada al ruedo equivaldría a la del forcado en la tauromaquia; sí, Gabriel Zaid tomaba literalmente al toro por los cuernos.

El libro está divido en cuatro apartados por números romanos. Cada apartado corresponde a un ensayo, pero sin título. Siendo así que el ensayo I, de “La poesía, fundamento de la ciudad” (1963) se llamará después en “La poesía en la práctica” (1985): “Negándose a recitar”; el II y IV se fundieron para formar el ensayo “Las dos inculturas” y el III tomó el nombre de “Teatralidad de los negocios”. De tal manera resulta que con la escritura de estos ensayos Gabriel Zaid no buscaba hacer una carrera literaria, sino tratar de encontrar respuestas a sus cuestionamientos personales, elaborando una obra que se ha ido (re)escribiendo, buscando la perfección tanto estilística como en nitidez de pensamiento. O como lo ha dicho él mismo en su ensayo “Tres conceptos de obras completas”: “El verdadero artista hace una obra, no una carrera”.6

El norteño, en esos primeros ensayos de juventud, se revelaba como el espíritu realmente excepcional que ahora es. En esos cuatro textos el autor empezaba a elaborar su conciliación entre poesía y vida práctica. Su entrada al ruedo equivaldría a la del forcado en la tauromaquia; sí, Gabriel Zaid tomaba literalmente al toro por los cuernos. Su obra (poesía y ensayo), como podemos apreciar, se dirigía a disolver todos aquellos estereotipos que han formado las esferas solipsistas del mundo.

Desde entonces, y hasta hoy, el autor renunciaba a la vida bohemia, al servicio público y a la docencia para ser ante todo el ingeniero y, por sobre todo, el poeta en la práctica.

Por una poética vital, La poesía en la práctica, 1985

La poesía en la práctica es el libro emblema de Gabriel Zaid. Más que un conjunto de ensayos acerca del fenómeno poético es una extensión del ser del autor. Es cierto, el regiomontano ha escrito sobre diversos temas, pero Zaid es ante todo poeta en latu sensu. Toda su obra puede sintetizarse como la transformación del mundo por la poesía. A través de buscar soluciones a los problemas prácticos nos hacemos creativos, y la poesía es creación, hace más habitable el mundo.

En el discurso zaidiano de La poesía en la práctica pueden descubrirse resonancias al libro El tema de nuestro tiempo, de José Ortega y Gasset, donde el filósofo español en el capítulo “Las dos ironías, o Sócrates y Don Juan”, expone: “La razón es sólo una forma y función de la vida”. “El tema de nuestro tiempo consiste en someter la razón a la vitalidad”.

Asimismo, al encontrar las semejanzas entre las palabras poieín y práttein, Zaid demuestra que poesía y práctica significaron alguna vez lo mismo: hacer cosas, tanto en el mundo de la creatividad como en el mundo de la acción. En su ensayo “Las dos inculturas” dice: “La cuestión de la vida es más importante que la cuestión de los versos, los negocios, la política, la ciencia o la filosofía. La cuestión de los versos, como todas, importa al convertirse en una cuestión vital”.

Igualmente que Ortega y Gasset hacía escuela al estructurar la razón vital —raciovitalismo—, el poeta Zaid empezaba una tradición nueva al elaborar la poética vital.

Si la línea de pensamiento artístico que fue de la Ilustración al Romanticismo condujo en Alemania a la locura a Friedrich Hölderlin (1770-1843) y al suicidio en México a Manuel Acuña (1849-1873), entonces había que virar hacia lo saludable. Buscar una poética vital.

Las reflexiones de La poesía en la práctica son el camino de salida de las esferas solipsistas del mundo artístico, y la crítica también de sus caricaturas. Hacer poesía no es el camino hacia la destrucción y la locura, sino el medio para hacer habitable el mundo. El poeta es el que guía al lector a su encuentro feliz con la lectura.

La poesía en la práctica es la réplica contra el argumento de Platón para exiliar a los poetas de la ciudad, la solución creadora a la inviabilidad económica del poeta. Si el poeta o el escritor mexicano no pueden vivir de su pluma, y si al adherirse a la política corren el riesgo de degenerarse en lacayos del poder, entonces lo primero que hay que buscar es la independencia tanto económica como política.

El poeta zaidiano no es el que busca el aplauso del público o de las esferas del poder, sino el que apuesta por tener habitabilidad en el mundo y no ser un desterrado o suicida.

Gabriel Zaid es el autor de una obra —y no de una carrera literaria— que ha buscado desde sus inicios integrar la poesía a todo quehacer humano.

Con la publicación del libro en 1985 Zaid abría un camino nuevo para ser poeta en la ciudad, el camino de la creación, pero también el de la acción; él lo sabía bien, porque La poesía en la práctica era su gran faena literaria, por eso en su ensayo “Lo expresivo y lo oprimente” concluía con la siguiente estocada:

Todo lo cultural puede tener autor, no sólo el arte. Del mismo modo que hay un anonimato primitivo en el arte, no porque fuese un arte hecho por nadie, sino porque el papel de autor no estaba a su vez creado, reconocido como papel, los papeles humanos son obras de creación, hasta ahora en gran parte pertenecientes al anonimato primitivo. Estos papeles pueden ser opresivos o expresivos según vengan al caso, nos queden, sean viables socioeconómicamente, etcétera. Como las lecturas del mundo y totalizaciones propias, deberían ser también obras de creación personal (aunque fueran más o menos tipificables, como siempre lo son). Si esto se ejerciese, habría revoluciones más profundas porque todos estaríamos llegando a situaciones nuevas, inhabitables, fuera del programa previsto por el papel, que nos harían entrar en crisis y reajustar la totalidad de nuestra existencia, y conquistar para nosotros y para los demás nuevos espacios vitales.7

La poesía en la práctica es la argumentación de que el poeta también puede ser hombre práctico. Gabriel Zaid, su prueba. ®

Notas

1. Gabriel Zaid, La poesía en la práctica, México: Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 12.
2. Juan Domingo Argüelles, “Las lecciones de Gabriel Zaid”, Periódico de Poesía, no. 10, 1995.
3. La información acerca de los inicios literarios de Gabriel Zaid se tomó de los libros Gabriel Zaid, Antología general, de Eduardo Mejía, México: Océano, 2004, y Zaid a debate, varios autores, México: Jus, 2005.
4.  G. Zaid, Seguimiento, México: Fondo de Cultura Económica, 1964.
5.  G. Zaid, La poesía, fundamento de la ciudad, México: Ediciones Sierra Madre, 1963, p. 11.
6.  G. Zaid, El secreto de la fama, México: Random House Mondadori, 2009.
7. G. Zaid, La poesía en la práctica, México: Fondo de Cultura Económica, 1985, p. 115.

Archivado en Abril 2010, Ensayo

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