Something in the way

Olger es un niño y vive bajo un puente. No se trata de un puente sobre un río ni de uno que atraviese algún pedazo de océano. No es un puente colgante ni tampoco una pasarela para peatones.

El puente, bajo el cual Olger se arropa todas las noches, es un paso elevado. Una calle aérea. Por encima pasan vehículos y bicicletas, camiones y autobuses. Y pueden hacerlo porque dos hileras de pilares de concreto la sostienen. Una mañana, un ingeniero del Municipio llegó a examinar la estructura y Olger le escuchó decir que era un puente hiperestático. “¿Y qué es eso?”, dice Olger a la mujer que vende y compra cartón. Ella arruga la piel del rostro, la piel color dulce de leche, la piel corrugada como los cartones que nadie compra y pocos venden. No responde. Aquella noche, entre dos de los apoyos del puente, Olger se arropa con una doble película de cartón y antes de dormir saborea cada sílaba.

“Hi-per-es-tá-ti-co”. Acaricia las láminas ásperas que se empapan y se inflaman paulatinamente. La lluvia cae como aerosol sobre el asfalto. La Ecovía ronronea. Y Olger, arrullado, se duerme.

El ingeniero vuelve al día siguiente, cabalga un bulldozer. Una docena de obreros, todos con cascos amarillos, intercambian instrucciones a gritos. Olger despierta. Toma la bolsa de tela donde guarda las almendras que vende en el semáforo de la Ecovía. Baja las mangas de su saco de lana raído hasta cubrirse los nudillos. No sabe qué hacer cuando nota que no hay vehículos sobre su puente, cuando ve al ingeniero y a su hipopótamo metálico embestir los apoyos. La mujer de los cartones le toma el brazo. Ninguno habla. No hay preguntas. No hay reclamos. Sin mirar atrás ambos se alejan. Mientras lo hacen una nube de polvo blanco intenta alcanzarlos. Olger protege la bolsa de las almendras metiéndola bajo su saco de lana. La mujer le tapa la nariz con un pañuelo y entonces, la pregunta estalla en la mente de Olger. “Y ahora, ¿por dónde van a pasar todos esos autos?” ®

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Publicado en: Enero 2012, Narrativa

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