Una flor que evidencia al corazón

Flor de Capomo, de Paul Medrano

Se dice que “los que escriben” mezclan la realidad con la ficción, la simpleza de lo cotidiano con lo exuberante de un sueño, que sus textos son una especie de anecdotario fusionado con pachequez.

Se dice que “los que escriben” dejan ver un poco de ellos en cada línea, en cada capítulo, en cada obra. Pero nadie puede confirmar nada, sólo “los que escriben”.

Narcos, mujeres, drogas, chelas bien frías, balas, tamales de guayaba a media peda, sexo, canciones con dedicatoria… ¿historia personal o la del amigo de un amigo? ¿Catarsis u ocio?

Habrá que preguntarle al tamaulipeco Paul Medrano, pues Flor de Capomo [México: Tierra Adentro, 2011] trae muchas interrogantes a los que desconocen el tema, confirma muchas teorías a los que suponen historias y provoca una sonrisa a los que han visto de cerca ese mundo. Y no me refiero al mundo del narco, no, me refiero al mundo de las partidas de madre, del dolor que se siente en el pecho cuando la desgraciada se va, cuando se ríe de ti, cuando “Te aprovechas porque sabes que te quiero”; cuando te roba el alma y algunos kilos de mercancía; cuando te quedas allí… tirado en la banqueta, botella en mano llorando tus penas porque como a las once se embarca Lupita, y se va a embarcar en un buque de vapor… Flor de Capomo pone en evidencia las manías, lo impúdico, lo soez. Flor de Capomo pone en evidencia al corazón.

Catorce historias que se presentan como canciones que hablan de mujeres y traiciones, de tragedias, de dolor. Historias que se parecen a las tuyas, a las nuestras, a las de una remota noche solitaria y en muchos casos a las del fin de semana pasado.

Paul Medrano nos masturba el hemisferio derecho y las emociones eyaculadas salpican las paredes, nos estimula una y otra vez con cada historia. Sus personajes existen, al menos me recuerdan a muchos de mis amigos, a veces a mí mismo. Otras más incluso al propio Medrano.

Flor de Capomo no es una narcoliteratura. Aquí se habla de otros tiroteos, de otros atentados, de otras infamias, de otros decapitados…
Historias con su propia banda sonora, soundtrack que duele, Humor quemante.

Después de leer esta obra habrá que plantearse otra pregunta: ¿Qué tienen en común las balas y las canciones con dedicatoria? Que ambas pueden matarte al instante. ®

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