Otra refutación a Lorenzo Meyer

Más sobre su decadencia intelectual

El México que inicia el 2022 no es el que inició el 2018, pero se parece mucho a un hijo embrionario de lo peor de ese México desigualitario y de un priismo falsamente mejorado. Ese embrión, que puede nacer o ser abortado, es exactamente lo que no critica Meyer.

Lorenzo Meyer y Andrés Manuel López Obrador.

Mantengo un gran respeto por el Meyer historiador, pero desde hace años no tengo respeto por el Meyer “analista político”. Es uno de los historiadores más importantes de algunos pasados mexicanos, pero no es uno de los analistas de su presente. Sus logros académicos previos no justifican sus dichos mediáticos actuales. Ganó el derecho a una presencia pública constante, no el derecho a no ser criticado públicamente. Y así lo critico de nuevo.

Meyer es, como Jorge Zepeda, un tipo de obradorista. Como él, es un izquierdista que defiende con más corazón que cabeza a un político que no es de izquierda. La confusión de ambos resulta clara… Así como Zepeda se contenta de haber “encontrado” que puede rebatir a algunos críticos de AMLO porque dicen que México es o será Venezuela mientras la política macroeconómica obradorista sigue siendo neoliberal —cosa que otros habíamos dicho antes que Zepeda y por eso nos oponíamos a esos críticos y al presidente—, Meyer se exaspera si se llama priista a López Obrador. La confusión meyeriana se ve con una nitidez absoluta en el programa “Tragaluz” del 18 de octubre de 2020.

Ahí Meyer dice que al poder se le cuestiona, para inmediatamente decir que él no cuestiona al poder–AMLO porque se enfrenta a poderes mayores, mayúsculos, muy viejos y muy fuertes. Es muy triste ver cómo la realidad desbarata el dicho. Nunca creí que sería tan fácil refutar a Meyer, pero llegó el (es)pejismo… Lo refuto:

Meyer, siendo acrítico respecto al presidente en función, se presenta como crítico del sistema priista. Un régimen político que institucionalmente ya no existe como tal sino que sobrevive como cultura política y podría resucitar… de la mano que estrecha el doctor Meyer.

¿Cuáles son esos poderes? ¿El PRI del día? No. Meyer, siendo acrítico respecto al presidente en función, se presenta como crítico del sistema priista. Un régimen político que institucionalmente ya no existe como tal sino que sobrevive como cultura política y podría resucitar… de la mano que estrecha el doctor Meyer. Parece que no se da cuenta de que AMLO es  priista e intenta una reelaboración —una repetición adaptada a sí mismo como gobernante y “líder histórico del futuro”— del hiperpresidencialismo del PRI hegemónico y pseudodemocrático. Las preguntas que Fernando del Collado hace a Meyer se le complican tanto al obradorista que se provoca un lapsus: hoy “se reconstruye un régimen”, verbaliza Meyer, y como en la narrativa obradorista no se trata de la mera mejora del régimen transicional–pospriista, la re–construcción dicha sería volver a construir el régimen… priista. Si la identidad meyeriana es antipriista, debería criticar a este presidente de cultura y proyecto presidencialistas–priistas (con todo y sistema electoral gobiernista o “desinezado” y centralización general, amén de clientelismo y cuatismo empresarial). Sobre eso ya he refutado a Meyer.

¿Es el PAN el gran poder del que habla el doctor? ¿Felipe Calderón? ¿La Coparmex? ¿El periódico Reforma? ¿“Brozo” y Loret? No, pues dice que López Obrador “les da demasiada importancia”. ¿Cuáles son entonces? No lo dijo, así que deduzco que tendrían que ser otros como estos cinco: 1) Estados Unidos, 2) la Iglesia, 3) las televisoras privadas, 4) los hombres más ricos, y 5) el ejército. Revisados esos casos, ¿tiene razón Meyer? NO:

1) Estados Unidos, esto es, los gobiernos federales de Estados Unidos presionan a todos los gobiernos federales mexicanos y sobre AMLO no han ejercido una presión históricamente extraordinaria ni peor que su promedio del siglo. No intentan derrocarlo ni están políticamente, por decirlo de alguna forma, encima de él. López Obrador no ha enfrentado a ningún Henry Lane Wilson; otra razón por la que no es el nuevo Madero. Por el contrario, el presidente que se deshizo de un embajador gringo fue Felipe Calderón y López Obrador obedeció en todo a Trump, lo que significa que no lo enfrentó de ningún modo, y en consecuencia no hubo conflicto propio. Un presidente de México no debe pelear a lo tonto con uno de Estados Unidos, ni jugar al bravucón, pero tampoco debe ser abyecto. AMLO fue abyecto con Trump.

2) Con la Iglesia católica, es decir, con su jerarquía no hay ningún conflicto ni ninguna tensión. Este presidente es otro que no sólo no hace ninguna crítica a la religión sino que no pelea con sus jefes. No es crítico de la religión en general ni de ninguna en particular, como tampoco lo es de ninguna práctica religiosa más específica. A ciertos jefes evangélicos les dio juego público y a los jefes católicos no los contradice en nada. Esa jerarquía, por tanto, no pelea con el presidente. Las únicas críticas directas y duras han llegado solas desde las parroquias envueltas por la violencia extrema. Algo más: López Obrador y los jerarcas católicos están de acuerdo en proteger el status quo antiaborto. Un presidente democrático y liberal no prohíbe las religiones ni persigue a los religiosos por el hecho de serlo, sí reivindica o fortalece tanto la laicidad del Estado como los derechos de las mujeres. No es AMLO.

López Obrador y los jerarcas católicos están de acuerdo en proteger el status quo antiaborto. Un presidente democrático y liberal no prohíbe las religiones ni persigue a los religiosos por el hecho de serlo, sí reivindica o fortalece tanto la laicidad del Estado como los derechos de las mujeres.

3) Las principales televisores privadas tampoco están encima del presidente. En tres años no he oído la menor crítica de Emilio Azcárraga a López Obrador ni de López Obrador a Emilio Azcárraga. Como Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego está tranquilo y contento, y hace más de lo que hace como sea: se vuelve más rico y nos recuerda con mentiras y descaro que es inmensamente rico. Así, Televisa y TVAzteca son bastante inocuas en cuanto a crítica, propensas a la tibieza, con islas de “claridosidad” o dureza. Ninguna televisora privada tiene una línea oficial (de la empresa como tal) que pase por el ataque personal, no cubren poco lo que dice el presidente, no critican excesivamente ni critican todo lo que puede resultar públicamente criticable. Incluso, ADN40 obliga a quienes ven sus noticieros matutinos a ver una pantalla “doble” o partida: dos tercios los ocupan el conductor y las notas, el otro tercio lo ocupan la imagen del presidente y su agenda mañanera. Salinas Pliego opera una recordatorio constante a favor de AMLO; a través de ese canal, AMLO se hace presente si no estás viendo “la mañanera” directamente; así que sea como sea te topas —te hacen topar— con la figura presidencial.1

4) Está implícito en el inciso anterior: los hombres más ricos de México no están en un bloque antiAMLO. Dos de esos ricos extremos —e injustos— son Azcárraga y Salinas Pliego. Otros de ellos forman parte del Consejo Asesor Económico presidencial. El más rico de todos es Slim y ya dijo AMLO que él es “amigo y buen empresario”. Y ninguno paga impuestos por su riqueza extrema —e injusta—. Porque López Obrador no hace la reforma fiscal que debería hacer, la que un progresista vigente y con poder debe intentar. Esa reforma sí sería enfrentar a esos poderes. Eso no sería conflicto gratuito sino necesario para el progreso del país. Eso es lo que el clientelista y “cuatista” no hace.

5) El ejército… No es necesario decir más: todos sabemos que los militares y el presidente siguen en su “luna de miel”.

¿De qué habla Meyer? ¿Miente o ya no entiende? El México que inicia el 2022 no es el que inició el 2018, pero se parece mucho a un hijo embrionario de lo peor de ese México desigualitario y de un priismo falsamente mejorado. Ese embrión, que puede nacer o ser abortado, es exactamente lo que no critica Meyer. ®

Nota
1 Un recordatorio de Raúl Trejo, aquí.

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Publicado en: Política y sociedad

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