La zona de Elena Garro

Elena Garro, ni panfletaria ni teórica

Se escribe sobre Elena Garro con escaso conocimiento sobre su vida y su obra. Ojalá que los estudios acerca de su legado contengan mayor rigor y menos leyenda negra para que dejen de servir a un grupo que no permite ver más allá de sus intereses.

Elena Garro.

Hace varias semanas un lector de Elena Garro me mandó un mensaje en el que me comentaba que había leído el cuento “Cabeza de ángel” de Octavio Paz y que ese texto no parecía proceder de la pluma del Premio Nobel de Literatura 1990. Consideraba que “en el relato no se asomaba el más ligero parecido a su estilo y que en cambio contenía la magia de Elena Garro, su peculiar juego de lenguaje y de su creatividad”. Concordé con su apreciación: “Efectivamente, el texto más bien refleja la cosmovisión y el vocabulario de Elena Garro”, le respondí.

Mencionaré algunos elementos característicos de la producción de la autora que podemos apreciar en “Cabeza de ángel”. Por una parte, sus obras de teatro Un hogar sólido y Benito Fernández, y, por otra, la presencia de los ángeles y de los indios. Quienes hayan leído de cerca a Elena Garro detectarán esos y otros elementos propios de su imaginario.

Sin embargo, como la autora de La semana de colores (1964) al parecer no escribió “Cabeza de ángel”, el relato adolece de su estilo. Tengo la impresión de que se trata de uno de sus sueños, pues ella solía escribirlos, los cuales, aunque fueran borradores, poseían la belleza de su lenguaje y una más clara y a la vez sorprendente estructura. Lo anterior me hace pensar en la siguiente hipótesis. Probablemente Garro le narró este sueño a Paz y el poeta lo escribió, pero sin el lirismo y el singular manejo de la forma y del contenido que caracterizan a las obras de quien fuera su esposa. Todos sabemos que Paz no ejerció la narrativa; tal vez le gustó la anécdota y la publicó bajo su autoría. Pero de no haber sido así, en caso de equivocarme, entonces podemos concluir que Octavio Paz se nutrió de la cosmovisión y del pensamiento de su cónyuge.

Esto me conduce al artículo “En la mirada de Elena Garro” de Maarten Van Delden, publicado en la “Zona Paz”. El autor inicia su diatriba de la siguiente manera:

La gran mayoría de los retratos literarios de Octavio Paz —pensemos en los casos de Carlos Fuentes, Roberto Bolaño y Enrique Serna— se enfocan en el papel del poeta mexicano como especie de caudillo cultural de su país. Sin embargo, también hay autores quienes, sin dejar de prestar atención a Paz como figura pública, dirigen sus miradas principalmente hacia su vida privada. La más notable creadora de retratos novelísticos de la vida íntima de Paz fue, sin lugar a dudas, Elena Garro, quien extrajo de su difícil matrimonio con el poeta mexicano una gran cantidad de material para sus libros, al mismo tiempo que utilizó sus novelas para vengarse de su exmarido.

Van Delden obviamente desconoce la vida y la obra de la periodista, dramaturga, novelista, cuentista, poeta, memorialista y guionista. Elena Garro asumió su compromiso como escritora, es decir, como seguidora de autores como Balzac y Dostoyevski, para quienes “la novela es vida”, y de Ortega y Gasset, quien aseveró “Lo que no es vivencia es academia”. Elena Garro explicó en varias ocasiones que ella sólo escribía sobre lo que había visto, ya que no creía en la literatura que no tenía su origen en la experiencia. Por lo tanto, como estuvo casada dos décadas con Octavio Paz, algunos temas en sus obras reflejan su vida al lado del poeta:

Yo no puedo escribir nada que no sea autobiográfico; en Los recuerdos del porvenir narro hechos en los que no participé porque era muy niña, pero sí viví. Asimismo en las dos últimas novelas, Reencuentro de personajes y Testimonios sobre Mariana, trato las experiencias y sucesos que me acontecieron en la multitud de países donde he vivido. Y como creo firmemente que lo que no es vivencia es academia, tengo que escribir sobre mí misma.1

Ahora bien, esto no implica que Elena Garro haya escrito sus obras para vengarse de Octavio Paz. Creo que si éste hubiera sido su propósito —la simple venganza— sus novelas, obras de teatro y poemas, en donde surgen elementos autobiográficos de su vida con Paz, no serían obras maestras de la literatura universal. Si ése hubiera sido su propósito Elena Garro habría escrito textos de otra índole, simples y directos. Garro se caracterizó por expresar lo que pensaba sin medias tintas y hubiera hecho lo mismo respecto a Octavio Paz, como de hecho lo hizo en algunos de sus diarios y epístolas.

En cambio, Testimonios sobre Mariana, Mi hermanita Magdalena, Andarse por las ramas, El rastro, así como sus poemas compilados en la sección “Horror y angustia en la celda del matrimonio” (Cristales de tiempo) son obras complejas en su estructura, así como profusas en su estilo y lenguaje. En cada una de ellas Garro refleja su cosmovisión de la vida de acuerdo con su experiencia no sólo con Octavio Paz, sino de la sociedad patriarcal y el sistema político autocrático mexicanos. Por ello, sus textos han rebasado las fronteras nacionales y poco a poco se han convertido en clásicos de la literatura mundial. De haberlos escrito sólo para vengarse de su marido serían libelos. Y no lo son.

Más bien, en donde prima la venganza es en la “Zona Paz”, entre los seguidores del ensayista, ya que siempre buscan un pretexto para seguir desacreditando a Elena Garro y ensalzar a Octavio Paz. No hay duda de que ambos creadores constituyen una columna vertebral en nuestra cultura, pero eso no debe cegarnos para no reconocer el machismo y el yugo que ejerció Paz sobre su esposa, por ser producto de una sociedad que alimentó su ego y su deseo de poder.

Lo que sí hizo Elena Garro fue defender su integridad física, emocional y psicológica, como lo manifestó en su poema “Me acuso”:

Me acuso





Me acuso de ahogarme en el Mar Rojo
Mar de cólera
Mar homicida
Mar de sangre.
Me acuso de ver rojo y de estrellar
el espejo de la fiesta,
astillas cintilantes
puñales imprevistos.
Me acuso también de la rabia amarilla
de perseguir al enemigo
de levantar el puente
que permita su huida.
Me acuso de darme demasiada importancia
y de amarme sobre todas las cosas.2

La composición lírica está construida con el formato de una plegaria, en la que la voz hablante aparentemente se acusa de expresar su furia y su sed de venganza cuando alguien la humilla y la ofende. Pero como esos sentimientos responden a su condición humana no se deja embaucar por los dogmas cristiano–católicos. La voz hablante manifesta que las mujeres no somos esos seres idealizados por la sociedad patriarcal, la cual nos adoctrina para ser siempre bondadosas, sacrificadas, asexuadas y calladas, y en cambio se rebela en contra del falocentrismo. Ella no acepta la invisibilización impuesta por las leyes de los varones. Entonces la voz hablante, el alter ego de Elena Garro, da una vuelta de tuerca en los últimos dos versos al romper con los preceptos machistas para defender su derecho a los sentimientos de enojo cuando alguien intenta destruir su identidad, su yo. Hombres y mujeres poseemos las mismas características fisiológicas y psíquicas; las mujeres no somos seres extraordinarios. Somos seres de carne y hueso.

Si las investigadoras hemos visto en la obra de Elena Garro un claro reflejo de la misoginia que continúa vigente en México y la consideramos feminista, se debe a que la polígrafa fue una pionera en visibilizar la violencia de género en los años cuarenta, como periodista, y en los cincuenta, como dramaturga. Y sí, por supuesto, lo hizo a partir de su propia experiencia, por un lado al estar casada con Octavio Paz, y también por vivir en una comunidad de machos intelectuales. ¿Por qué no iba a expresarlo? Elena Garro se negó a personificar el postulado falocéntrico: “Calladita te ves más bonita”.

Maarten Van Delden concluye su texto:

Quizás la autora de Testimonios sobre Mariana y Mi hermanita Magdalena espera que la historia de una mujer oprimida por su marido nos haga pensar en la opresión sufrida por todas las mujeres a manos de los hombres. Sin embargo, leer a Garro desde tal perspectiva se vuelve mucho más difícil una vez que nos damos cuenta de que ambas novelas giran de modo casi obsesivo en torno al tema de la atracción que ejercen las protagonistas femeninas sobre una serie de pretendientes masculinos. Si insistimos en una lectura feminista de las novelas, ¿cómo explicaríamos la preocupación de Garro por retratar a mujeres que se encuentran en el centro de la atención de los hombres? Las tramas de Testimonios sobre Mariana y Mi hermanita Magdalena contradicen el mensaje sobre la autonomía de las mujeres que las críticas feministas han visto en ellas, y sugieren que estos textos están más preocupados por el tema de cómo encontrar un buen hombre que con denunciar a todos los hombres. Y en la medida en que las novelas cuentan historias particulares, más que analizar conceptos abstractos, podemos concluir que, al crear los personajes de Augusto y Enrique, Garro estaba pensando en Paz, no en el patriarcado.

Elena Garro no es una autora panfletaria ni didáctica. Realizó un espejo de la mujer adoctrinada por la sociedad falocéntrica, esas mujeres coquetas sobre las que pululan los hombres. ¿Quién creó ese papel para ellas? ¡Los varones! Ellos las han convertido en objetos sexuales y Elena Garro no hizo más que registrar fielmente esas conductas que nos deshumanizan. Depende de nosotras si tomamos conciencia a través de los retratos literarios construidos hábilmente por Elena Garro y rompemos con los preceptos patriarcales.

Por otro lado, cabe señalar que Elena Garro no fue una teórica del feminismo ni se consideró “feminista”, ya que declaró que mientras las mujeres sigamos utilizando todos los esquemas creados por los hombres no hemos inventado todavía nada propio. No obstante, la obra de Garro puede analizarse desde la óptica del feminismo, pues retrata la condición de la mujer bajo las leyes patriarcales, y claro, Elena Garro estaba pensando en Octavio Paz al elaborar sus obras como escritora que creyó en la literatura de la vivencia —de la vivencia y no de la calca de la vida al papel— puesto que su marido fue un hijo fiel del patriarcado, por eso lo ficcionalizó igualmente en El rastro, a través de Adrián, el joven que asesina a su esposa embarazada porque el círculo de machos así se lo exige.

Lamentablemente se escribe sobre Elena Garro con escaso conocimiento sobre su vida y su obra. Ojalá que los estudios acerca de su legado contengan mayor rigor y menos leyenda negra para que dejen de servir a un grupo que no permite ver más allá de sus intereses. ®

Notas    

1 Páramo, Roberto. “Reconsideración de Elena Garro” (véase en Rosas Lopátegui, Patricia. Diálogos con Elena Garro. México: Gedisa, 2022, vol. 1).
2 Garro, Elena. “Me acuso”, en Cristales de tiempo. “Edición, estudio preliminar y notas” de Patricia Rosas Lopátegui. Galisteo (Cáceres): La Moderna, 2018, p. 127.

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Publicado en: Ensayo

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