¿Contra quién pelea Carmen Aristegui?

Un acercamiento personal a la periodista

Aristegui conquistó un nicho que en los últimos años se amplió: el de la masa que cree que Televisa es la fuente de todos los males, y Peña Nieto únicamente su títere y primer actor en la telenovela del gobierno que presenta cada noche López–Dóriga. Está bien, el suyo es un papel necesario en la vida nacional.

Aristegui. Foto © Cuartoscuro.

Aristegui. Foto © Cuartoscuro.

En noviembre de 2007 fui propuesto como corresponsal de Carmen Aristegui en Guadalajara. Carmen estaba harta de la ruleta de reporteros tapatíos que le ponían al aire en su noticiario de la W y le urgía un interlocutor con el que pudiera extenderse, profundizar, escarbar los detalles como a ella le gusta. Así que el entonces director de noticias, Omar Sánchez de Tagle, y el productor de la emisión de Aristegui, Daniel Alvarado, quienes me conocían de tiempo atrás, creyeron que era idóneo para la misión y me postularon para el puesto. El director general de W Radio en esa época, Daniel Moreno, confió en sus criterios y avaló la propuesta.

Con motivo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el noticiario de Carmen Aristegui vino esos días a transmitirse desde el hotel Hilton. Al punto de las diez de la mañana del primer martes, en cuanto terminara el programa, su productor me presentaría con ella sólo como mera formalidad antes de ultimar detalles. Acto seguido, me tomaría un café con Daniel Moreno.

Como política profesional solía asistir solo a mis reuniones de trabajo. Pero recientemente había caído en la cuenta de que se puede actuar de manera más relajada, así que invité a mi novia de entonces para que me acompañara y la conociera también.

Cuando Carmen se empezó a acercar hacia nosotros en el lobby me pareció más bonita de lo que a la distancia o en televisión la consideraba. Si bien el cabello anárquico dejaba ver que no se había bañado aún ese día (lo cual es totalmente comprensible en quienes empiezan a trabajar a las seis de la mañana) y los ojos rojos probaban que una vez más las horas de sueño no fueron suficientes, lo cierto es que su piel blanca se veía muy tersa, joven, su sonrisa era sensual y fresca, sus manos eran menudas y lindas, y sus facciones de roedor tierno daban por resultado una mujer atractiva, bella, de la cual es fácil enamorarse.

—Mucho gusto, Rodolfo. Tú estabas con Rocha, ¿verdad?

—Sí —respondí a algo que más que una pregunta era una forma de romper el hielo, pues en realidad ella conocía bien mi procedencia.

—¿Y cómo se dio la salida? —curioseó Carmen, a ver si se había suscitado algún pleito.

—Pues no se ha dado, hasta que esté todo cerrado acá —le aclaré.

En los albores del 2008, una mañana rutinaria en la que Carmen iba simplemente a renovar su contrato con W, cosa que todos creían que sería un mero trámite, surgió una complicación.

—¿Y qué opinas: renovación total? —Carmen se refería con esa interrogante a que si tenía contemplado despedir a todos los reporteros de W Guadalajara y contratar nuevos en cuanto asumiera el cargo; y es que, además de su corresponsal exclusivo, el trabajo que se me ofrecía implicaba ser el director de noticias, encabezar a los reporteros (o descabezarlos, como Carmen sugería), conducir el noticiario local de seis a siete de la mañana y hacer un programa de entrevistas de diez a once. (No sé cuántos de esos reporteros a los que Carmen quería desaparecer de su vida a finales de 2007 ahora se desgarran las vestiduras a favor de ella, pues nunca se enteraron de sus intenciones.)

—No, hay cosas que se pueden salvar, ya veremos —la contradije.

A mi novia le había prometido el indispensable puesto de coordinadora de invitados en caso de que efectivamente llegara a la dirección de noticias de W Guadalajara. Siempre es importante tener a alguien con porte, personalidad y elegancia que se mueva bien, consiga teléfonos, confirme entrevistas y reciba invitados.

Carmen volteó a verla, ubicada a mi derecha; en ese momento las pupilas de sus ojos rojos se dilataron y resplandecieron, la sonrisa incrementó su sensualidad y, llena de energía, se dirigió a ella:

—¿Y tú qué vas a hacer?

—Coordinadora de invitados —se limitó a responder Yosmar con una sonrisa amplia, correspondiéndole a Carmen con entusiasmo equivalente.

Como casi ningún cambio en las empresas se realiza durante el puente Guadalupe–Reyes, así que todo estaba pospuesto para enero. En los albores del 2008, una mañana rutinaria en la que Carmen iba simplemente a renovar su contrato con W, cosa que todos creían que sería un mero trámite, surgió una complicación. Inspirados en cómo lo hace Radio Fórmula, que computariza los cortes comerciales, sistema al que apodan “la guillotina” y que obliga a los conductores a ajustarse a la duración de los bloques o en su defecto dejar a los entrevistados esperando durante las pausas, W quiso imponer el mismo sistema en su programación. Y como Aristegui es muy dada a extenderse por más de una hora en un tema hasta desgranarlo por completo y aplazar los cortes hasta que se juntan veinte o veinticinco minutos de puros comerciales al final, se rehusó a firmar la renovación del contrato.

Ese día estuve atento a lo que ocurría. Nadie imaginaba cómo terminaría. Mis amigos estuvieron presentes y me telefonearon constantemente. Así de simple: Carmen no cedió en el tema de “la guillotina”, no quiso adaptar la organización de su noticiario de manera que los cortes se hicieran por computadora a horas marcadas, como es la regla general en Radio Fórmula, y decidió no firmar, creyendo que W recularía en el punto de la discordia. Pero W tampoco dio su brazo a torcer: estaban convencidos de que ésa era la forma de cumplir cabalmente con sus anunciantes.

No hubo historia de censura. No se impuso Televisa. No fue Calderón. Fue la idiotez de “la guillotina”.

Desde entonces me imaginé, de broma, devolviéndole la pregunta que ella me soltó apenas con cuatro semanas de diferencia:

—“¿Y cómo se dio la salida, Carmen?”

✱ ✱ ✱

Algunos años atrás, poco antes de entrar a W Radio, Carmen Aristegui acudió junto a Javier Solórzano a la oficina de Ricardo Rocha, quien tenía a su cargo en ese momento el proveer de contenidos, a través de la Agencia Detrás de la Noticia, las veinticuatro horas al aire de la estación del IMER. Como ideal, el pensar en una cartelera de noticiarios que incluyera a Ricardo Rocha en la mañana, a Carmen Aristegui al mediodía y a Javier Solórzano por la tarde, sonaba muy apetecible: para mi gusto, un sueño hecho realidad.

la más escuchada.

la más escuchada.

Los tres hablaron a puerta cerrada. Cuando Carmen y Javier se fueron, Ricardo le comentó al entonces jefe de información de la Agencia, Daniel Robles: “Es ofensivo lo que quieren cobrar”.

No tardaron en llegar Carmen y Javier a W Radio en los horarios que ellos preferían y en los que se habían vuelto habituales desde finales de los noventa en MVS. Completaba la tríada Carlos Loret de Mola por las mañanas.

Algunos pirados, muchos villamelones de la información y un sinfín de ignorantes quieren ver hoy a Carlos Loret como la antítesis de Carmen Aristegui, y viceversa; alucinan que son enemigos mortales, creen que son los antagonistas por excelencia en el periodismo nacional. Lo cierto es que el tiempo que duraron trabajando los tres juntos en las emisiones de Hoy por hoy lograron conformar un equipo solidario, con retroalimentación de contenidos, sin celos, cohesionados, identificados con una línea editorial común. Y lo mejor de todo: si no fuera gracias a Carlos Loret de Mola, Carmen Aristegui no se habría instalado en las mañanas.

A Carmen le gustaban los mediodías; tan aborrecía la idea de desmañanarse que ése fue otro de los puntos que exigía Daniel Moreno en el fallido contrato de W: que llegara puntual a las seis de la mañana y no a las seis y media o siete como acostumbraba. Y aunque a las feministas recalcitrantes les vaya a dar el soponcio, hubo una época en la que los radiodifusores apostaron por las conductoras más destacadas para competir al mediodía porque las amas de casa y muchas profesionistas a esas horas hacen el súper y recogen a los niños. Por eso Adela Micha, Denise Maerker y Carmen Aristegui eran las cartas fuertes en la persecución del rating femenino.

El caso es que cuando Carlos Loret recibió la propuesta de conducir Primero Noticias le pidió a Carmen hacer la permuta: Que ella condujera en W el noticiario matutino mientras él se hacía cargo del de mediodía. Y así fue. A la postre Carmen iría adueñándose del rating radiofónico por las mañanas.

Y aunque a las feministas recalcitrantes les vaya a dar el soponcio, hubo una época en la que los radiodifusores apostaron por las conductoras más destacadas para competir al mediodía porque las amas de casa y muchas profesionistas a esas horas hacen el súper y recogen a los niños.

W Radio estaba compuesto por 51 por ciento de acciones de Grupo Prisa —que entonces tenía en su poder el cien por ciento del periódico El País, de España, más la editorial Santillana, que incluía a Alfaguara; pero ya no—, y 49 por ciento de Televisa Radio. Desde que se integró la sociedad Televisa dejó de tener la menor injerencia en decisiones y contenidos de W Radio. Graciosamente, ahora publican notas y artículos en El País criticando y condenando la salida de Carmen de MVS, cuando ellos pudieron haber evitado que se fuera de W si no se hubieran empecinado con “la guillotina.

La transmisión del noticiario matutino de W Radio era simultáneamente llevada a la televisión por medio de Sky, esa empresa sí propiedad de Televisa.

Ante las mesas de debate que organizaba Aristegui, particularmente sobre la llamada “Ley Televisa”, la empresa aludida decidió dejar de poner su parte: la transmisión de Sky. Televisa arguyó “problemas técnicos” que serían resueltos en “una semana”, pero que nunca se arreglaron. Ahí empezó a crecer el encono de Carmen contra Televisa, que seguramente nació con la cancelación del programa Círculo Rojo en 2002. Sin embargo, el hecho de que Sky grotescamente le hubiera quitado su señal, además de legítimo —pues nadie pone su casa para que le peguen—, es prueba de que Televisa no podía influir en lo más mínimo contra ella en W. Y ahí siguió Carmen, refrescándosela a Televisa a cada rato, contando el paso de los años desde que le prometieron solucionar los problemas técnicos en “una semana”.

Nunca entenderé cómo es que la revista Proceso, de la que conozco la acuciosidad con que investiga, se prestó a hacer eco de la supuesta censura en W, que revistió a Aristegui con un halo heroico, de leyenda.

✱ ✱ ✱

En 1998 escuchaba a Carmen Aristegui al punto de la una y media de la tarde en MVS Radio al volver de la prepa y antes de preparar mi comida. A veces oía su resumen informativo de quince o veinte minutos, otras veces la escuchaba hasta las dos de la tarde, hora de sintonizar Los Protagonistas con José Ramón Fernández.

Hoy conozco a muchos voluntarios para un suicidio colectivo en honor a Carmen y en protesta contra Peña Nieto y MVS que en 1998 ni siquiera oían noticias. “¡Hola!, ¿qué tal?, ¡muy buenas tardes!”, saludaba Carmen con júbilo, alegría y buena vibra de lunes a viernes al arrancar aquel noticiario de mediodía llamado, sin mayores pretensiones, Para empezar.

Quince años más tarde, de nuevo en MVS, envuelta en su halo de leyenda, Carmen Aristegui celaba demasiado su imagen.

La guerra contra Televisa.

La guerra contra Televisa.

Existe un cortometraje, en algún rincón de la Filmoteca de la UNAM, protagonizado ni más ni menos que por una jovencísima María del Carmen Aristegui Flores, con el cabello largo, blondo y luminoso, hasta la cintura, en el que se la pasa escalando el espacio exterior con una túnica blanca, sosteniéndose y equilibrándose con meteoritos. (Aclaro que no lo he visto con mis propios ojos.) Para llegar adonde Aristegui ha llegado es menester creer que uno es una estrella, y no dejar de creerlo ni por un instante. Carmen, a sus diecisiete o dieciocho años, quizá creyó que sería una estrella en la actuación, error de cálculo que no tiene la menor importancia a estas alturas: de todas formas es una estrella. El problema es que el cuidado de su propia leyenda se volvió obsesivo.

El cineasta Armando Casas, con motivo de una entrevista a la que acudió con Carmen, le comentó amablemente durante una pausa que sabía de la existencia del cortometraje, por si le entusiasmaba la reminiscencia; entonces Carmen endureció el rostro, desvió la mirada y emitió un silencio tan hostil que le dejó claro el mensaje: No vuelvas a mencionarlo.

Al parecer, también los libertadores tienen secretos embarazosos.

Pero los silencios hostiles de Carmen no eran novedad para mí. Cierta noche Rafael Loret de Mola, mientras cenábamos tacos de asada, me dijo que tras haber presentado su más reciente libro en el noticiario de Carmen, antes de despedirse le escribió una dedicatoria “un tanto coqueta” junto a su autógrafo. Carmen leyó… Y ya sabemos: endureció el rostro… silencio hostil… y dejó caer el ejemplar sobre la mesa. Mensaje: No me vuelvas a coquetear.

Y Rafa obedeció, y no le volvió a coquetear, y no la volvió a regar… y se apoyan desde hace años. Y se respetan. Con el Carmen style los hombres seríamos mejor portaditos.

✱ ✱ ✱

Daniel Moreno fundó el portal Animal Político; su mano derecha en la empresa es Omar Sánchez de Tagle: el primero funge como director y el segundo como subdirector de ese sitio de internet dedicado a noticias, actualidad y reportajes. Lejos quedó W; ambos están más cerca hoy día, en todo caso, de Radio Fórmula: Moreno co–conduce con Denise Maerker los viernes, y a veces la suple, y Omar algo reporta —de variable trascendencia— diariamente en el noticiario de Ciro Gómez Leyva. El asunto es que Animal Político es de los contados miembros que se sumaron desde el principio a la plataforma Méxicoleaks.

No hay odio de un lado para el otro, por supuesto; pero si Carmen tuviera que señalar al individuo siniestro que pudo haber evitado su salida de W, ése es Daniel Moreno.

Ahora Carmen decidió defender a muerte su asociación a Méxicoleaks, tal y como están ligados Animal Político y las revistas Proceso y Emeequis, entre otros. Es curioso que Carmen no le hubiera guardado rencor ni le haya declarado la guerra (con Serrat de fondo, como esta vez) a Daniel Moreno; sólo es curioso.

Cuando se quedaron sin ella Moreno y Omar enfrentaron un dilema: despilfarrar en un conductor figura, como tanto gusta a los mexicanos: —adorar algún tótem, tener Mesías— a costa de despedir a una multitud de reporteros, redactores, etcétera, o seguir el ejemplo español que tanto insistían los del dominante Grupo Prisa y mantener un equipo sólido y numeroso de trabajadores sin que hiciera falta una figura.

Quisieron contratar a Ciro. Pedía ochocientos mil mensuales en el 2008. Prefirieron, estilo España, contratar a Carlos Puig y conservar la nómina sin recortes.

Se sabe que Carmen, a la fecha, ganaba en MVS un millón doscientos mil pesos al mes. Así es el mercado: si un cantante, actor, futbolista, conductor o animador genera taquilla, publicidad y dividendos, pues de eso se trata: las películas, las telenovelas, los eventos deportivos y noticiarios buscan capturar la atención de los espectadores, y ya teniendo ese momento de concentración y lucidez, aprovechan para lanzarles los comerciales.

Si Carmen recibía ese sueldo millonario no era por méritos personales estrictamente, sino porque en MVS tenían bien medido cuánto le generaba a la empresa su sola presencia y no podían darle menos, ni prescindir de ella si no querían disminuciones pecuniarias. Bajo esa misma lógica Charlie Sheen llegó a cobrar un millón de dólares por cada episodio de Two and a Half Men. Pedir menos sólo les dejaría mayor margen de ganancia a los empresarios y directivos. (Cuando se vuelve insostenible la situación pasa lo que Sony hizo con Sam Raimi: A sabiendas de lo que les daba a ganar a los productores su saga de Spider–Man pretendió un estipendio tan estratosférico —más regalías— para la cuarta entrega que Sony prefirió arriesgarse a un reboot en vez de concederle la mayor parte del pastel económico a Raimi. Correr riesgos como ése siempre pasa por sus mentes.)

Pero algo no me cuadra en eso de ser la Voz de la Izquierda, ganar un millón doscientos mil mensuales y estar entre las diez mujeres mexicanas más poderosas, según Forbes. Si su “Unidad de Investigación” hubiera descubierto que algún funcionario gana eso, ella lo habría hecho pedazos al aire. Y aunque fuera pagada por una empresa privada, no sobra la aclaración: prácticamente todos los periodistas dependen en buena medida de que los medios en los que laboran consigan anunciantes gubernamentales, cuyos recursos asimismo provienen del erario. No hay medio de comunicación importante que sobreviva con pura publicidad de la iniciativa privada.

Y nuestra legendaria Carmen Aristegui no dio en ese momento la “batalla por la libertad”. No defendió ni intercedió siquiera por quien dejó en su lugar mientras veraneaba y quien hizo lo posible por cumplir con su público.

Carmen Aristegui conquistó un nicho que en los últimos años se amplió: el de la masa que cree que Televisa es la fuente de todos los males; y Peña Nieto, únicamente su títere y primer actor en la telenovela del gobierno que presenta cada noche López–Dóriga. Está bien, es válido, el suyo es un papel necesario en la vida nacional; así como José Ramón Fernández lo había desarrollado ya, aunque limitándose al futbol, haciéndose pasar como el gran enemigo de Televisa, ganándose la simpatía y liderando hasta nuestros días a todos los que odiamos al América.

Carmen es, pues, una entrevistadora implacable, que habla con fluidez, precisión y corrección envidiables, es culta aunque un tanto anticuada, y funge el papel equivalente al de Joserra en los temas “serios” y “espinosos” de la política; muy bien. Pero lejos está de la leyenda que han construido sus fans.

En el verano de 2013 Carmen se fue de vacaciones, como estaba previsto. Para suplirla en la conducción tenía designado desde meses antes a Jorge Armando Rocha, titular ahí mismo del programa vespertino Informe MVS.

Siguiendo su propio olfato y a la vez tratando de cumplir las expectativas del auditorio de Aristegui, Jorge Armando dedicó sus esfuerzos a presentar revelaciones periodísticas y a hacer comentarios críticos durante esas jornadas.

Y no terminó agosto. Lo corrieron de MVS porque quisieron darle una lección, poniéndolo a él como ejemplo, al resto de sus conductores y reporteros: Aquí nos basta con los problemas que nos ocasiona Aristegui, así que los demás no deben imitar su estilo ni hacerle a los héroes. Palabras más, palabras menos, ése fue el mensaje que circuló dentro de la empresa.

Y nuestra legendaria Carmen Aristegui no dio en ese momento la “batalla por la libertad”. No defendió ni intercedió siquiera por quien dejó en su lugar mientras veraneaba y quien hizo lo posible por cumplir con su público.

A propósito, que ahora no se haga la sorprendida: desde entonces sabía perfectamente que los Vargas estaban hasta la coronilla de ella e intentaban mantener a raya lo más posible la línea editorial de MVS.

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En los últimos años escuchaba a Carmen Aristegui después de las ocho u ocho y media de la mañana a través de internet. Mientras otros noticiarios privilegian la hora de las siete a las ocho de la mañana para ofrecer lo más fuerte que tengan, Carmen siempre lo hacía más tarde; así que podía atender otros programas mejores más temprano antes de desembocar en el suyo, y no siempre, hasta que terminaba a las diez. No volví a sentir la buena vibra y la alegría que le escuchaba en el 98 y que le vi en todo su esplendor personalmente cuando saludó a mi exnovia.

Pero para buenas vibras y alegrías uno escucha otras cosas, no noticiarios. El asunto es que en la etapa de mayor éxito en su vida Carmen no sonaba feliz. Se le notaban sus obsesiones, su tensión, su permanente guardia defensiva. Poco quedaba del buen humor de antaño. Se tomó demasiado a pecho su condición de rectora de la sociedad, de Voz de la Izquierda, de Joserra seria. Y aun así era entrañable; los odiosos son sus fanáticos, hay que saber distinguir.

Por culpa del halo de leyenda con que la revistieron sus fanáticos Carmen confundió su función real como periodista y empezó a querer constatar su poder.

Cuando tuvo las reuniones preliminares con algunos medios internacionales, más Proceso y La Jornada, para ultimar detalles antes de dar a conocer la nota sobre el conflicto de intereses que conlleva la llamada “Casa Blanca” de Angélica Rivera, en todo momento insistía en que habría “un antes y un después” de esa nota; que haría caer a un presidente; que el asunto estaba más peliagudo que el Watergate, que hizo caer a Nixon.

La revelación de un caso claro de corrupción en la esfera más alta del gobierno es una cosa. Es un hitazo periodístico.

La malicia de querer que un presidente sea derrocado por obra y gracia de tu hitazo periodístico es otra. Es megalomanía, es mesianismo, es haber perdido el piso.

La leyenda.

La leyenda.

Pudo haber caído Peña Nieto (que, dicho sea de paso, bien merecido se lo tiene) y luego la Historia le habría dado su lugar a Carmen Aristegui, como lo tienen Bob Woodward y Carl Bernstein tras la caída de Richard Nixon. El problema es que al no suceder, Carmen puso en evidencia su frustración y malestar por no ver materializado su ansiado objetivo de tumbar al presidente.

Y esa forma insana, casi vesánica, de conducirse y de conducir de Aristegui la detectaron claramente los Vargas, quienes no tienen como fin en sus vidas ofrecer los noticiarios más creíbles del país, sino cuidar sus negocios y mantenerse multimillonarios; así de simple. Para prueba, a Jorge Armando Rocha, antes de despedirlo, ya le habían advertido que dejara de hacerle eco al tema de “Lady Profeco” con el argumento de que “tanto Chilis como Dish” estaban “expuestos constantemente a revisiones de la Profeco”.

✱ ✱ ✱

No estoy de acuerdo, como opinan algunos, en que la solución era ofrecer disculpas a MVS por usar su marca sin autorización, no: bastaba con rectificar ante la primera protesta de MVS alegando ese motivo, sustituyendo el logotipo de MVS Noticias por el de la empresa de Carmen, Aristegui Noticias, en la plataforma de Méxicoleaks. Así de fácil.

El día en que empezaron a transmitirse los spots y a publicarse los desplegados de MVS en los periódicos, de inmediato entré a la página de Méxicoleaks seguro de que a esa hora ya encontraría el logotipo de Aristegui en lugar del de “Unidad de Investigación de MVS Noticias”. Me extrañó ver que no fue así. Transcurrió un día más. Y el logotipo de MVS todavía estaba allí.

Al final de las cuentas el logotipo de Aristegui es el que está ahí ahora y el que permanecerá después del zipizape, así que no entiendo cómo no lo cambió desde el primer momento. De veras que no lo entiendo.

Los pormenores de su salida de W Radio sirven para retratar la incapacidad de Carmen Aristegui de ceder en lo que sea, hasta en nimiedades. Me queda claro que sin esa terquedad jamás se habría impuesto ni sobrepuesto contra todo lo que logró hacerlo en la vida, hasta convencer a un país entero de ser la gran estrella femenina del periodismo. Sin el empecinamiento o la intransigencia, incluso sin la megalomanía, simplemente no hubiera llegado al estrellato: se habría quedado en el camino, conforme o rendida.

¿Que si ha padecido la censura? ¡Claro! Cuando Lorenzo Servitje encabezó la amenaza publicitaria a Televisa para que sacaran del aire Círculo Rojo por haber maculado a su profeta impoluto, Marcial Maciel. O en diciembre de 2006, al inicio del gobierno de Felipe Calderón, cuando los empresarios más importantes del país —inspirados en el golpe a Excélsior de 1976— se pusieron de acuerdo para castigar a los tres conductores que habían declarado su preferencia por López Obrador: José Gutiérrez Vivó, Carmen Aristegui y Ricardo Rocha.

A Rocha lo respaldó Grupo Fórmula y a Carmen la W, aunque no hubiera comerciales en sus programas durante un año, salvo los institucionales de sus empresas; Gutiérrez Vivó no resistió el boicot y además perdió su último litigio con Radio Centro.

Ultimadamente por algo eligió Aristegui reventar la nota de la “Casa Blanca” en su portal de internet un sábado por la mañana, concediéndole el refuerzo informativo a Proceso esa misma noche —cuando sale a la venta la revista, aunque bien distribuida quede hasta el domingo— y con el tercer golpe listo en La Jornada al día siguiente, dejando el tema para el lunes en MVS, pudiendo lanzar la nota en su programa desde el viernes, pues ya estaba lista; por algo dejó a MVS para el tercer día, en lugar de encumbrarlo en el mundo de la información como el medio que daba la nota bomba. Si en esa ocasión Carmen prefirió catapultar a su sitio web, no entiendo por qué a Méxicoleaks no le entró desde un principio como Aristegui Noticias, o ya de menos, por qué no corrigió de inmediato. Así ya nada más hubiera ocurrido: ni el despido de los reporteros ni la crisis del ultimátum ni su salida dominical de MVS. (Y si no le dio preferencia a MVS porque los Vargas le rogaron con antelación que no detonara la bomba ahí, o si durante ese fin de semana —entre el sábado de la revelación y el lunes de su siguiente programa— fue cuando le solicitaron que mejor no abordara el tema en radio, como ahora asegura sin especificar, en cualquiera de ambos casos, entonces con mayor razón ella ya sabía desde entonces que su destino estaba marcado y el resto del tiempo fingió demencia, lo cual se traduce en que le mintió a sus seguidores, que le creen cada palabra. Pero entonces ¿por qué aduce MVS que le incrementó el salario a todo su equipo en febrero de 2015, queriendo probar con ello que no había ningún plan degollador de su parte ni la menor mala fe contra sus subalternos, si aquella nota se presentó hacia finales de 2014?)

Desde su cuarto poder, el ego titánico de Carmen Aristegui pretendió noquear a Enrique Peña Nieto por medio de su flanco más vulnerable: su connivencia con Juan Armando Hinojosa Cantú. Y el ego titánico de Peña Nieto bien puede ser que, aún tambaleante, terminara noqueando a su contrincante.

¿Que la habrían corrido a la siguiente excusa? Muy probablemente, porque ya la traían entre ceja y ceja los Vargas. Pero habría ganado tiempo, no hubiera sido en esta ocasión.

No sé qué tan ingenuos son quienes creen que tener a merced el micrófono de la señal nacional de MVS, con el nivel de vida y servicios que otorgan un millón doscientos mil pesos al mes, no implica tener un poder de primer orden; ya lo consignaba Forbes. Aquí no hubo David contra Goliat. Aquí no hay víctima. Para ponerse a boxear es necesario estar en el ring, y al ring del poder no llega cualquiera. Desde su cuarto poder, el ego titánico de Carmen Aristegui pretendió noquear a Enrique Peña Nieto por medio de su flanco más vulnerable: su connivencia con Juan Armando Hinojosa Cantú. Y el ego titánico de Peña Nieto bien puede ser que, aún tambaleante, terminara noqueando a su contrincante.

Si efectivamente, como quieren creer los fans, el gobierno de Peña Nieto presionó a los Vargas para sacar a Aristegui del aire, esos serían entonces los costos ordinarios de haber querido medir su poder con él; no de informar, sino de haberse sentido en el cuadrilátero imaginario de la Historia Nacional contra Peña Nieto. Y tan es así que el verdadero autor de la nota de la “Casa Blanca”, Rafel Cabrera, no tiene cabida aquí. Él cumplió como reportero; hasta ahí se vive la libertad de expresión. Carmen tomó la información como bandera para batirse a duelo; inconscientemente, para darse una idea de lo que en realidad es ella misma, después de tantos halagos y tantas disputas que le impiden aproximarse a una noción estable de lo que vale como ser humano.

En ningún país respetable del mundo se creerían el cuento de un Estado que censura a su mayor estrella del periodismo cuando el mismo Estado le tiende sus medios de comunicación para que regrese a las ondas hertzianas y a las pantallas de televisión.

El Senado de la República le ofrece el Canal del Congreso, en la Ciudad de México se le brindan la estación del IMER y Capital 21, el Canal de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, y en la capital jalisciense se le obsequia la estación radiofónica y el canal televisivo de la Universidad de Guadalajara. Aunque las dos primeras propuestas provengan de la oposición, se trata en todos los casos de medios de comunicación del Estado mismo. Así que el mito duraría poco: ¿A la periodista que se dice censurada por el gobierno le tienden medios públicos para que se mantenga al aire?

Si Carmen Aristegui quisiera estaría de nuevo al aire el próximo lunes. Eso si su propósito fuera volver cuanto antes al ruedo, a presentar noticias y a hacer entrevistas y revelaciones… Pero no busca eso: quiere “la restitución como estaba” de todo su equipo “en las condiciones” en que se encontraban antes del conflicto. Quizás entonces, como bien opina Rogelio Villarreal, lo único que Carmen quiere conservar es su millón doscientos mil al mes. Y su leyenda. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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