Urbanerías

Fotografías de Dulce Aguirre

La historia no está hecha de sucesos sino de la forma en la que ellos producen la realidad significada y mostrada de pronto (así se hacen, a su vez, historia). En este caso, de manera sorpresiva. Una fotografía es una sorpresa tomada, agarrada y, aun así móvil en los engranajes de su propia conformación como historia y sentido.

Keep intersection clear

Dicen que la distancia más corta entre dos puntos es una metáfora, pero bien puede ser una imagen. La metáfora más rebuscada puede ser la distancia más corta entre dos puntos. Un gesto puede ser fácilmente esa distancia. Y por más que queramos verlo así, ninguna imagen (ninguna metáfora) se queda quieta en su lugar, por más que sea una fotografía. Tiene que cargar con el sentido cuya movilidad intrínseca la provee de lo que podría llegar a ser: la distancia más corta entre dos puntos.

El sentido es el sedimento de todo lo que no está ahí, o que está de una manera acaso oscura; aquello que provee a la imagen de su meta final en la mirada. La historia es el sedimento que desemboca de pronto en el sentido y, como espectador, toma por sorpresa. Posiblemente también toma por sorpresa al artista, a la artista, aunque eso no lo sabemos. Pero podemos asir el sentido y con él, la historia. Aquella que está ocurriendo cada vez que le otorgamos significado a una imagen; a diferencia de lo que se cree con ingenuidad, la historia no está hecha de sucesos sino de la forma en la que ellos producen la realidad significada y mostrada de pronto (así se hacen, a su vez, historia). En este caso, de manera sorpresiva. Una fotografía es una sorpresa tomada, agarrada y, aun así móvil en los engranajes de su propia conformación como historia y sentido.

Las puertas de la percepción suponen el paso de todos, las marcas otorgadas de formas disímiles, por personajes ajenos, por ilustradores de los caminos que se convierten en hechos y asaltan al otro paseante, aquél al que le pasan las cosas y que llamamos “yo”. Las puertas están sitiadas por su historia y su necesidad de tránsito y de no-lugar; hasta que alguien se detiene a observarlas como sentido. Recabar las imágenes de lo ancilar supone el método de quien se para a mirar, de la misma forma que la tristeza ajena se hace rabia cuando la hacen suya por empatía aquellos que no sabían que estaban colocados en el mismo sitio que el otro y ahora lo saben. Y cuando no somos uno ni cien, sino la empatía de muchos que recaban tristezas conformadas en rabia como un panal de historias, se realiza el pacto de la inconformidad. La imagen, la mostración de eso, es la distancia más corta entre dos puntos. Es la figura capaz de polinizar en los otros el sentido para conformar la historia.

La ciudad funciona como un lienzo. El monstruo que se alimenta de recursos y los supone ilimitados, incluso a pesar de su propia enfermedad, que es la pobreza y la destrucción. Las imágenes declaran la premisa asumida por la ciudad; al mismo tiempo la explosión e implosión: extendiéndose hacia sus contornos y deglutiéndolos; a la vez que se abraza sobre sí en la imposibilidad de renovarse tiene que crecer violentamente para no morir, como el tumor que se alimenta del cuerpo y, a la par de éste, se hace fuerte hasta el colapso: la productividad de su economía es la pobreza de su centro vital. La ciudad, como reflejo del esquema económico actual, repite su principio, morir es seguir creciendo y hacerse fuerte; hacerse fuerte y subsistir requiere dar rienda suelta a la eutanasia. Convertir a la ciudad en imágenes y hacerlas reventar en colores o en espectros es su realidad viva y móvil que declara su ambivalencia; es el lugar en el que se diluyen los individuos para surgir intactos en la sorpresa de la foto, convertidos en un gesto o un perfil. La ciudad explota en su grandeza e implota en sus individuos. Estos, como la ciudad, explotan como individuos en la implosión reflexiva que los saca y los transforma en masa. Keep intersection clear. ®

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Publicado en: Agosto 2012, Fotografía

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