Libertad

Soy como soy

No creo estar equivocado si digo que el siguiente axioma —que escribí en una red social— provocó extrañamiento en más de alguno: “Si aparento ser un hombre fuerte y seguro es porque en mí habita un niño lleno de miedo y dudas”.

Si hubiera llevado un diario del dolor, la única anotación habría sido una palabra: yo.
—Philip Roth

Antes lloraba con la cabeza en alto y las manos en la cintura. Hoy me tiro en la cama y pataleo.

Se trataba de mostrar lo que soy, lo que asumo que soy. Se trataba de sacar a la calle no sólo mis virtudes, sino también mis vicios. Que me vean con ellos tomado de la mano. Se trataba de hacer a un lado lo que entiendo por logros y triunfos; que me vean con mis fracasos y carencias. Se trataba de hacerles ver mis debilidades y temores.

Mi ego es un histrión: se caracteriza de humildad, y convence. Él me enseñó artimañas para hacer de mi personalidad una escena verosímil. Desde tramoya me veía, me ve actuar mientras sonríe.

¿Las sociedad? Nos instruye y alecciona para ser y sentir de tal manera. A las mujeres las convenció de ser el sexo débil, y muchas lo creyeron. A los hombres les enseñó que son el sexo fuerte, y muchos lo creyeron. El resultado es una sociedad machista y sumisa. El resultado es el empobrecimiento intelectual, espiritual y físico.

Fuimos instruidos para evitar el ridículo, somos maestros en eso y desaparecimos. Lo evitamos de tal manera que el mundo parece habitado por no más de cien personas. Ésta es mi opinión, que no es humilde —lo único humilde es el silencio: evitar el ridículo significa ignorar una importante posibilidad de cambio, significa vivir con el corazón dormido: evitar el ridículo es vivir en la sombra. Inventamos el ridículo para estrangular el espíritu y su libertad. Apenas percibimos la posibilidad de ridículo, damos la media vuelta y punto.

—¿Encarar la posibilidad del ridículo implica valentía?
—No sé.
—¿Qué implica, entonces?
—No sé.
—¿Entonces qué?
—Sólo tú sabes, deja de hacerme preguntas.

¿Las sociedad? Nos instruye y alecciona para actuar y sentir de tal manera. A las mujeres las convenció de ser el sexo débil, y muchas lo creyeron. A los hombres les enseñó que son el sexo fuerte, y muchos lo creyeron. El resultado es una sociedad machista y sumisa. El resultado es el empobrecimiento intelectual, espiritual y físico.

Mentiría si digo que no tengo idea de lo que la gente, quienes me “conocen”, opinan de mí. Esto no significa que mi deducción esté en lo correcto. Pero no creo estar equivocado si digo que el siguiente axioma —que escribí en una red social— provocó extrañamiento en más de alguno: “Si aparento ser un hombre fuerte y seguro es porque en mí habita un niño lleno de miedo y dudas”. El post recibió un par de comentarios, los dos decían Te quiero.

No queremos gente débil, nos gusta la gente de “carácter”: aquellos que no paran de cantar sus victorias. Queremos que nos mientan y estamos prestos para caer en el “engaño”. No queremos personas: queremos personajes.

Asumirme en público como una persona con miedo y dudas aviva algo parecido a la fortaleza, algo que prefiero llamar armonía. Por un momento me distraje y me sentí invencible: el ego otra vez, y en su mejor tradición, pude verlo y la armonía volvió, con forma de sonrisa.

Me tocó vivir en un país donde el presente es eterno y el pasado efímero. Me tocó ser parte de una sociedad llena de convenciones arcaicas, peor aún, convenciones que nunca funcionaron. Como sociedad somos el resultado de la generación anterior. La bola de nieve.

Llevo tiempo tratando de “exponerme” tal y como soy, como creo que soy. Al cabo de un rato entiendo que no es posible hacerlo en su totalidad. De ser así, me quedo sin amigos y de seguro termino en la cárcel.

Qué aprendí en este tiempo, con estas experiencias: en términos concretos, nada. Solo me dejó dos cosas: una agradable sensación de caminar sobre algodón, y el valor o la desvergüenza para seguir haciéndolo.

De pronto aparece una pregunta y me señala, seria ella, con el dedo: ¿No son estas palabras una artimaña para crear una apariencia?

A veces todo es confuso. Ver el mundo desde la banca donde la verdad nunca es inamovible puede tener sus desventajas. Pero aquí me quedo. Me inclino por las estructuras que carecen de centro. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Octubre 2011

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