Se habla en este texto de dos tesis escritas al tuntún, una de maestría y otra de doctorado. Se pregunta el autor por qué el mundillo académico no ha terminado de hundirse haciendo agua por tantos grados concedidos a troche y moche y el plagio navegando a toda vela, practicado incluso por reputados escritores y por rectores universitarios.

Quod natura non dat, Salmantica non praestat.
En un cierto tramo de sus Memorias fray Servando Teresa de Mier descarga una andanada contra España y los españoles. En él relata que recién llegado a Nápoles preguntó en un café a un canónigo si sabía español, y que éste “me respondió que para qué había de saber una lengua de bárbaros”.
Fray Servando sostiene que los exjesuitas españoles “se mataban escribiendo para defender a sus paisanos de la nota común de bárbaros”, sin advertir que ellos mismos habían dejado de serlo en Italia. Es justo en ese contexto que Mier alude a los jesuitas que volvieron a España “con motivo de la primera revolución, cuando Pío VI fue llevado prisionero a Francia”:
Apenas llegaron a España, que el marqués del Mérito, (1) su adherente, publicó la obrita del jesuita Bonola (2) intitulada: Liga de la teología moderna con la filosofía para arruinar la Iglesia y el Trono. El agustiniano Fernández contestó con El pájaro en la liga, carta gratulatoria a don Cornelio Suárez de Molina, de que se vendieron en un día 3,000 ejemplares.
El affaire de “la liga” y “el pájaro” es atendible porque es una encarnación más de la larga lucha entre los jesuitas y el sempiterno, evanescente e inasible jansenismo. Es además muy divertido por la intervención de uno de los mejores espíritus satíricos españoles de la época, fray Juan Fernández de Rojas (1750–1819), “el agustiniano Fernández” que menciona Mier.

Fray Servando incurre en dos imprecisiones: el título del primer libro no es exactamente el que él dice, sino La liga de la teología moderna con la filosofía, en daño de la Iglesia de Jesuchristo…, (3) y en cuanto a El pájaro en la liga no se trata de una “carta gratulatoria a don Cornelio Suárez de Molina”: el texto está firmado por éste, que no es sino uno más de los muchos seudónimos que empleó Fernández de Rojas. (4)
Aunque se trata de errores duodecimales, habría que decir que fray Servando no sólo no disponía del enorme acervo documental ni de la información de los que ahora disfrutamos, sino que en buena medida escribía de memoria sus Memorias.
Sin embargo la amplia accesibilidad actual de la información no preserva de las meteduras de pata. Así por ejemplo en una tesis de nombre rimbombante (“La Relación de fray Servando como tamiz especular: noticias para abrir los ojos y escarnecer el Viejo Mundo”), pretendida edición crítica (5) de la segunda parte de las Memorias presentada en 2011 para obtener el grado de maestría —no en historia sino en literatura mexicana— en la Universidad Veracruzana, Silvia Alicia Manzanilla Sosa señala que, con el marqués de Méritos, Mier “muy probablemente” se refiere a Micón (no “Miconi”, como dice la autora) y Cifuentes, cuando la certeza de que él fue quien publicó La liga de la teología moderna existe al menos desde 1833. (6)
Las armas de la dicacidad y la ironía, copiosamente utilizadas durante un largo periodo, encuentran en él a uno de sus más acabados esgrimidores, en nítido contraste con aquellos en quienes la sátira sin erudición y sin talento no pasa de ser una pobre caricatura, un vehículo para dar salida grosera a los propios enconos y un mal chiste.
Un error mayor lo comete cuando da como traductor de este texto a Cornelio Suárez de Molina, quizá llevada y confundida por la segunda errata de Mier. Lo sorprendente es que cita también El pájaro en la liga, en cuya portada —es decir, sin necesidad alguna de leer el libro sino únicamente abrirlo— se le cita explícitamente como el autor de este segundo texto y además, como acabamos de ver en la nota correspondiente, se estipula que está dirigido “al traductor de la teología moderna con la filosofía”, y harto estrambótico sería que “Cornelio” se interpelase a sí mismo.
Finalmente, y seguramente ello también tiene que ver con el enredo, Manzanilla no identifica a “Suárez de Molina” como seudónimo de Fernández de Rojas y por lo visto los toma como dos personas diferentes.
El agustino ilumina este pasaje con su erudito y jocoso sarcasmo. Las armas de la dicacidad y la ironía, copiosamente utilizadas durante un largo periodo, encuentran en él a uno de sus más acabados esgrimidores, en nítido contraste con aquellos en quienes la sátira sin erudición y sin talento no pasa de ser una pobre caricatura, un vehículo para dar salida grosera a los propios enconos y un mal chiste.
Su opúsculo citado por Mier, El pájaro en la liga, empieza así: “Al muy devoto, muy zeloso y muy discreto Señor Traductor de la Carta urbano–agreste de nuestro carísimo Bonola…”, y se burla de entrada de Micón y Cifuentes:
¡Bendita sea una y mil veces la madre que pare tales Traductores! ¡benditos los buitres que le suministráron plumas para escribir! ¡y benditos los candiles que le alumbráron en sus elucubraciones! […]. (7)
Sobre “la Filosofía”, encarnada en aquellos momentos en los autores y las ideas surgidos en torno a la revolución francesa, fray Juan dice que
no me coge de susto, porque ya en tiempo de San Pablo era ella casquivana, novelera, atrevidilla, curiosa en demasia, amiga de sabérselo todo, de preguntarlo todo, de investigarlo todo, de pedir la razon de todo, y de no creer á nadie sobre su palabra sin pruebas al canto[…].
En cuanto a “la Teología” Fernández de Rojas sabe que el enemigo era, una vez más, el jansenismo, y sobre este antiguo expediente despliega también su sarcasmo:
Sobre todo ¿no tenemos en nuestra mano el Jansenismo? ¡el jansenismo! Esta obra maestra de nuestra política basta para quanto queramos emprender. […]. En caso que esto no baste Jansenismo en ellos: clamaremos: al Herege, al Jansenista, al rigorista, al impío; y como todo el mundo tiene tanto horror á estos nombres de anatema, forzosamente tocarán la retirada y quedará por nuestro el campo de batalla, y lo que mas nos interesa que son los despojos. (8)
Más trascendente por su impacto inmediato que El pájaro en la liga es la Crotalogía, (9) con cinco ediciones consecutivas y cuatro opúsculos relacionados con ella, todos durante el mismo año de 1792. Un simple vistazo a los títulos dará cuenta del jaez del contenido y del humor del fraile agustino:
- Carta de Madama Crotalistris sobre la segunda parte de la Crotalogía, escrita por el Licenciado Francisco Agustin Florencio (Madrid, 1792).
- Carta gratulatoria y de Pasquas que escribia D. Cornelio Panvino Venaseca al Autor de la Crotalogía, con una relacion verídica de los raros efectos que causó el sonido de las Castañuelas en Pasqual Cigarro, siendo Licenciado en Salamanca, y que al presente se halla Sacristan de Zamarramala: con las reconvenciones, notas, y razonamientos de D. Justo Severo Carrasco, Cura propio de la dicha Aldea, sobre varios puntos de la nueva científica Crotalogía (Vitoria, 1792).
- Impugnacion literaria a la Crotalogía erudita, ó Ciencia de las Castañuelas para baylar el bolero, que en V reimpresiones ha dado á luz el Lic. Francisco Agustin Florencio. Escribela en estilo de carta Juanito Lopez Polinario (Valencia, 1792) (10), y por último:
- Ilustracion, adicion o comentario a la Crotalogía, así no con la debida propiedad llamada la Ciencia de las Castañuelas que publicó el Licenciado Francisco Agustin Florencio en que se hace mérito de la Impugnacion de Juanito Lopez Polinario. Escribiala Antonia de Viqueydi (Valencia, 1792).
A pesar del tono zumbón, burlesco y de chanza evidente en los títulos y los nombres que Fernández de Rojas inventa, estilo que se reproduce también línea por línea y párrafo por párrafo en los respectivos contenidos, ya desde su época hubo quienes consideraron al texto fundador de esta minicorriente, la Crotalogía, como un real propósito en el agustino de escribir un tratado del arte de tocar las castañuelas.
En nuestro tiempo esa asombrosa asunción de una festiva sátira como un estudio sensato ha alcanzado incluso la dudosa dignidad de tesis doctoral. Elvira Carrión Martín asume como algo serio el evidente sarcasmo de fray Juan y sostiene que “las castañuelas formaron parte de la época ilustrada del siglo XVIII, pues serían elevadas […] a la categoría de pertenecer [sic] a una ciencia: la Ciencia Crotalógica, se encargó de ello Juan Fernández de Rojas…”. (11)
…ya desde su época hubo quienes consideraron al texto fundador de esta minicorriente, la Crotalogía, como un real propósito en el agustino de escribir un tratado del arte de tocar las castañuelas.
A lo largo de una enorme porción de sus 660 páginas, a la vez que incurre en constantes repeticiones, la autora va sembrando asertos solemnes que se dan violentamente de bofetadas con las desternillantes citas a pie de página que según ella los sustentan.
Sólo dos ejemplos entre decenas. Carrión Martín dice que
el tratado dedicado a las castañuelas y a su mundo lo escribe desde la visión de la ilustración, es una obra científica de teoría y no nacida de la práctica, pues el [sic] mismo dice que nunca ha bailado el Bolero, ni tocado las castañuelas, pero afirma que ha estudiado esta ciencia y puede transmitirla desde una visión teórica.
Confróntese esta solemnidad de la “obra científica de teoría” con la socarrona cita de Fernández de Rojas que la autora exhibe en su apoyo:
[…] aseguro con toda la ingenuidad de que es capaz un Autor, que Yo en mi vida he tomado las Castañuelas en la mano, y por consiguiente, que ni mal ni bien Yo jamas he querido, ni intentado tocarlas. De la misma manera y baxo las mismas formalidades protesto y aseguro, que, ó bien sea por la demasiada fuerza de atracción, que explica hácia mi cuerpo la tierra, ó bien por la fuerza de inercia de mis músculos y nervios, Yo no solamente no soy capaz de baylar el Bolero, pero aseguro ingenuamente que por mas esfuerzos que haga, no será posible que mis pies se levanten del suelo dos dedos siquiera, de modo que se pueda llamar salto. … En otros tiempos era necesario que se supiese una cosa para escribir de ella, … Ahora, gracias á Dios, ya están los entendimientos rectificados, … y todo lleno de ilustración y de buen gusto. (12)
Al tratar de la Impugnación literaria la autora asegura que fue escrita “desde una visión de defensa de la práctica y no de la teórica como hizo en la Crotalogía”, pero que a pesar de ello aparecen allá “numerosos tecnicismos como Músico–Crótalo–Bolero, la Crótala–Bolera, el Boleri–Vaylante…”.
La más que obvia calidad desopilante de los terminajos inventados por fray Juan hace superfluo cualquier intento por demostrar que ellos no pueden, juiciosamente, ser calificados como “tecnicismos”. (13)
Lo cierto es que al leer textos como éstos —una tesis de maestría y otra doctoral, nada menos— uno no puede dejar de hacerse algunas preguntas: si se escriben en serio, o para qué sirven los directores de tesis, o cuál es el valor de tantos postgrados. Y finalmente por qué el mundillo académico, el de todas partes, no ha terminado de hundirse haciendo agua por tantos lugares: tesis escritas al tuntún, grados concedidos a troche y moche y el plagio navegando a toda vela, alegre e impunemente practicado incluso por reputados escritores y por rectores universitarios.
Ninguna duda es concebible: nuestros tiempos hubiesen sido una inagotable mina áurea para la producción satírica de un espíritu como el de Fernández de Rojas. ®
Notas
1. Francisco de Paula María de Micón y Cifuentes (Cádiz, 1735-1811), marqués de Méritos. Traductor y editor más que escritor, aunque cuenta con obra, efectivamente no sólo publicó sino que antes tradujo “la obrita” que dice Mier.
2. Rocco Bonola (1736–¿?), uno de los primeros y más activos participantes en la furibunda y amplia reacción contra Ricci y el Sínodo de Pistoya con su Lettera di un arcivescovo all’illmo., e Revmo. Monsignore Scipione Ricci vescovo di Pistoia, e Prato sopra la sua pastorale de’ 5 ottobre 1787 (Ajaccio, 1788). Entre 1790 y 1796 polemizó con la mayoría de los principales “jansenistas” italianos: Tamburini, Palmieri y Giuseppe Zola entre ellos.
3. La liga de la teología moderna con la filosofía, en daño de la Iglesia de Jesuchristo. Descubierta en una carta de un párroco de ciudad á un párroco de aldea, en respuesta á la confrontacion histórica de los nuevos con los antiguos reglamentos acerca de la policía de la Iglesia: para entretenimiento de los párrocos rurales. Con adicion. Escrita en idioma italiano por el Abate Bonóla, é impresa en dicho idioma en 1789 (Madrid, 1798). He consultado también una reimpresión barcelonesa de 1822 y otra de 1825, en Avignon, que se imprimió traducida al francés. En México hubo también una reimpresión en 1826.
4. El páxaro en la liga. Epístola gratulatoria al traductor de la teología moderna con la filosofía, por Don Cornelio Suárez de Molina (Madrid, 1798).
5. Ya que uno de los ingredientes que se supone acreditan que algo sea una edición crítica es la incorporación de un trillón de notas, en este caso un alto porcentaje de ellas son simplemente voces tomadas del Diccionario de la Real Academia Española, cuya introducción la autora justifica como el propósito “de aclarar el significado de vocablos de uso poco habitual o de época”.
He aquí una muestra mínima de esos vocablos que ella considera que deben ser explicados al lector: conmover, por momentos, tal cual, satisfacción, interpolar, genio, aventura, arbitrar, declamar, pundonor, contemporizar, honesto, edad provecta, grosero, pretendiente, necio, interpolar, recabar.
Por lo demás, recurrir también al DRAE para “definir” una corriente doctrinal teológica como el probabilismo bien pudiera aceptarse como recurso de un lego para salir del paso, pero en un texto académico que además se supone que es una edición crítica resulta embarazoso.
6. Véase el Diccionario histórico ó biografía universal compendiada, tomo nueve (Barcelona, 1833), p.352.
7. El páxaro en la liga…, pp. 3–5.
8. Idem…, pp. 18–20.
9. Crotalogía ó Ciencia de las Castañuelas. Instruccion científica del modo de tocar las Castañuelas para baylar el bolero, y poder facilmente, y sin necesidad de Maestro, acompañarse en todas las mudanzas, de que está adornado este gracioso Bayle Español. Parte primera. Contiene una nocion exacta del Instrumento llamado Castañuelas, su origen, modo de usarlas, y los preceptos elementales reducidos á riguroso método geométrico, juntamente con la invencion de unas Castañuelas armónicas, que se pueden templar, y arreglar con los demas Instrumentos. Su autor el Licenciado Francisco Agustin Florencio (Madrid, 1792). La quinta edición es de Valencia. Nunca hubo, ni es probable que Fernández tuviese esa intención, una segunda parte.
10. Existe también, sin fecha, otra edición en Barcelona. Son prácticamente idénticas en sus sesenta y cuatro páginas, con la única diferencia de que en la edición valenciana al final está la frase: “Imprímase: Camacho”.
11. “La Danza en España en la Segunda Mitad del Siglo xviii: El Bolero”, tesis doctoral para obtener el grado en Historia del Arte por la Universidad de Murcia, 2017, pp. 329–330.
12. Ibid., p.240.
13. Ibid., pp. 242–243.
