El Zapotillo, por ejemplo

La desaparición de tres pueblos jaliscienses

El hecho de que León —Guanajuato— y algunas localidades de Jalisco tengan necesidad de un mayor caudal de agua potable y que el río Verde haya sido visto como una fuente adecuada para ello, no es causa suficiente para decretar la desaparición de tres poblados de abolengo.

El viernes 10 de junio el director de la Comisión Estatal del Agua, César Coll Carabias, mostró el poco aprecio que tiene por las personas que no piensan como él. Lo hizo ante los micrófonos de Radio Metrópoli —en la Ciudad de Guadalajara—, a donde acudió para hablar de la presa de El Zapotillo, un proyecto controvertido que, sin miramientos, ha desahuciado tres poblaciones de la zona de los Altos de Jalisco, independientemente de que su tamaño se considere pequeño, algo que, por cierto, ha sido utilizado por algunos para tratar de justificar la desaparición de Acasico, Palmarejo y Temacapulín.

¿Es necesario insistir en que la extensión y el número de habitantes no es algo que determina la importancia de un pueblo, de una villa o de una ciudad? Si así fuera, sería mucho más importante Calcuta que Florencia, León (Guanajuato) que Zacatecas (Zacatecas), o Sahuayo (Michoacán) que Tlacotalpan (Veracruz).

Aparte del número de habitantes y de la extensión territorial, hay muchas otras cosas que cuentan a la hora de querer justipreciar un poblado: su historia, su antigüedad, sus valores arquitectónicos, urbanísticos, religiosos, naturales… Y junto con todo lo anterior, otra cosa más que forma parte de los valores intangibles o invaluables: el cariño, el arraigo y los lazos afectivos que los pobladores establecen con su lugar de origen, su terruño o su querencia.

Aparte del número de habitantes y de la extensión territorial, hay muchas otras cosas que cuentan a la hora de querer justipreciar un poblado: su historia, su antigüedad, sus valores arquitectónicos, urbanísticos, religiosos, naturales…

Todo esto es lo que, al parecer, no entiende ni valora el ingeniero Coll Carabias ni su jefe (el gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez) ni el director de la Comisión Nacional del Agua (José Luis Luege Tamargo) ni otros funcionarios federales, a quienes no les cabe en la cabeza que los vecinos de Temacapulín se nieguen a vender sus casas y propiedades, despreciando ofertas económicas que están muy por encima del precio comercial de esos inmuebles. Por lo visto, esos “servidores públicos” —¡vaya ironía!— creen que en esta vida todo se reduce a dinero y a cosas materiales.

César Coll Carabias, en particular, dice que los habitantes de Temacapulín se oponen a esa venta, a abandonar su pueblo y a que éste sea inundado porque los manipula el sacerdote Gabriel Espinoza. Con ello, quien fuera el primer alcalde panista de Guadalajara subestima a los opositores del proyecto de El Zapotillo al presentarlos como borregos, como personas sin criterio, que no pasan de ser pobres diablos, incapaces de pensar por sí mismos.

Y el funcionario estatal no es menos irrespetuoso con el padre Gabriel Espinoza, al que califica de “irresponsable”, de “alborotador”, de sembrar la discordia, de “fanatizar” a los vecinos de Temaca y, el colmo, de ser poco cristiano. Por principio de cuentas, y aun cuando en la actualidad se halle al frente de un templo en el municipio de Zapopan, el padre Gabriel Espinoza es originario de Temacapulín, donde viven familiares suyos y donde están sepultados sus mayores.

¿Qué tiene de extraño, pues, que se oponga a la desaparición de su terruño y que sus paisanos confíen en él y, por el contrario, desconfíen de autoridades federales y estatales, que les han salido con el cuento de dizque ofrecerles “mejores viviendas”, “mejores condiciones de vida” y trasladar, “piedra por piedra”, su basílica a un nuevo centro de población?

¿Desde cuándo se considera fanatismo o tergiversación de las enseñanzas del Evangelio el oponerse a los atropellos y las arbitrariedades de los poderosos? El colmo es escuchar al ingeniero Coll Carabias hablando del sentido correcto de las enseñanzas de Cristo. Este cuento bien podría llamarse “El diablo predicador” o “Nuevos sepulcros blanqueados”.

Pero la torcida argumentación del funcionario estatal no para ahí. Para Coll Carabias desplazar, sin su consentimiento, a varios cientos de personas del lugar más querido para ellas y obligarlas a que acepten que su terruño sea inundado, no es más grave que “mudarse de casa”. ¡Qué comparación tan burlona y ofensiva la del señor Coll Carabias!

Pero la torcida argumentación del funcionario estatal no para ahí. Para Coll Carabias desplazar, sin su consentimiento, a varios cientos de personas del lugar más querido para ellas y obligarlas a que acepten que su terruño sea inundado, no es más grave que “mudarse de casa”.

Por otro lado, el hecho de que León —Guanajuato— y algunas localidades de Jalisco tengan necesidad de un mayor caudal de agua potable y que el río Verde haya sido visto como una fuente adecuada para ello, no es causa suficiente para decretar la desaparición de tres poblados de abolengo.

Tan existen otros puntos para la construcción de esa eventual represa, en los cientos de kilómetros del cauce del río Verde, que originalmente no se pensó en El Zapotillo sino en San Nicolás como el lugar “más adecuado” para ello.

Ese primer proyecto se canceló, hace cinco años, ante las airadas protestas de los habitantes de San Gaspar, en el municipio de Jalostotitlán, quienes también se negaron de manera tajante, a que su pueblo fuera inundado. ¡Lo único que faltaría ahora es que Francisco Ramírez Acuña tenga que ser considerado un gobernante socialmente más sensible que Emilio González Márquez y, por supuesto, que su aguador César Coll Carabias!

Si el propósito de las autoridades (federales y estatales) es persuadir a los escépticos de las presuntas bondades del proyecto de El Zapotillo, hasta ahora han conseguido todo lo contrario. Y si la multicitada presa se construye, será sin el consentimiento de los habitantes de Temaca, Acasico y Palmarejo, y no porque los promotores del proyecto acuífero tengan la razón, sino sólo porque tienen el poder para hacerlo. Y aquí y en China, esto se llama prepotencia, despotismo, abuso, atropello, arbitrariedad… ®

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Publicado en: Junio 2011, Política y sociedad

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