La Libertad de Expresión Legítima

¡El alcohólico Jaime Avilés en calzones!

¿Puede un columnista político redactar su columna en estado de ebriedad? ¿Existe acaso en México un Bukowski de la columna política?

El alcohólico Jaime Avilés en calzones. Zócalo de la Ciudad de México, otoño de 2003. (Fotografía: Jesús A. Castañeda).

Dicen que no hay preguntas prohibidas; he realizado estas dos preguntas porque somos muchos los testigos, en mayor y menor grado (¿Gay Lussac?), del alcoholismo crónico (¡no es un rumor!) de Jaime Avilés, uno de los columnistas más rastreros de Andrés Manuel López Obrador, personaje de quien hace muchos años se enamoró, obviamente que en estado de ebriedad, Jaime Avilés (esto último sí lo pueden tomar como rumor).

Sin embargo, creo que la pregunta más pertinente es, independientemente del estado de ebriedad (“La borrachera a veces da una lucidez asombrosa”, escribió —quizá en estado de ebriedad— Fernando Pessoa): ¿Se vale mentir, trampear, exagerar y tergiversar desde una columna política o un noticiero de radio, disfrazando una adicción política como periodismo? Porque esto último ha hecho muchas veces y desde hace años Jaime Avilés, causando probablemente un daño cerebral —neuronal— mayor en los fanáticos lopezobradoristas que el daño científicamente comprobado que causa el alcohol.

En su columna del día de hoy, “Desfiladero”, en La Jornada, Avilés habla de censura en el caso Aristegui, el enésimo caso de la locutora con vocación de mártir, su nuevo desafuero. Se vale que él y todos los admiradores de Carmen Aristegui pidan la restitución del espacio que ella tenía en MVS, lo mismo se valdrían para los admiradores de Laura Bozzo (“Que pase el desgraciado alcohólico y que nos diga si en verdad es alcohólico”) o Paty Chapoy (“Qué creen… se rumora que… ojalá haya una respuesta de la presidencia de Televisa”)… o de conductores de programas religiosos, de astrología, magia, ilusionismo, etcétera, etcétera. Lo que no se vale es que un conflicto de entrada laboral entre particulares lo quieran presentar como un conflicto por la libertad de expresión; que a quienes no nos sumamos a sus campañas políticas (tramposas), a quienes no nos tragamos la píldora nos acusen de “estar en contra de la libertad de expresión”, de no defenderla, de “estar en contra de México” y de “hacerle el juego a la derecha”. Es cierto que pudo existir un servilismo político por parte de la empresa MVS, pero del servilismo político de Carmen Aristegui con López Obrador, servilismo más o menos análogo al de Jaime Avilés y Julio Hernández López en La Jornada o Granados Chapa en Reforma, por dar sólo unos cuantos ejemplos, no se habla.

Es cierto que pudo existir un servilismo político por parte de la empresa MVS, pero del servilismo político de Carmen Aristegui con López Obrador, servilismo más o menos análogo al de Jaime Avilés y Julio Hernández López en La Jornada o Granados Chapa en Reforma, por dar sólo unos cuantos ejemplos, no se habla.

Avilés dice que Aristegui fue o es perseguida por Televisa. Pero lo que no dice es que ella colaboró de buena manera, en cierta época, en esa empresa llena de ética. Tampoco menciona que aún cobra en la CNN y que además quiere seguir cobrando en MVS. La verdad es que a esa locutora no se le ve la ideología ni el compromiso político por ningún lado. No sería extraño que un día de éstos cobrara al mismo tiempo en CNN y Al Jaazera. Desde luego que es legítimo su gusto por el dinero, los buenos sueldos y la comodidad. Tan es una comodina Carmen Aristegui que no cuestiona a fondo el tema de las concesiones de radio y televisión. Ella es parte de ese status quo, producto de lo mismo; no le interesa cuestionarlo sino erigirse en encarnación de la “Libertad de Expresión Legítima”, promocionarse personalmente (¿cómo explicar entonces la cantidad de fans que puede tener, análogos a los fans de escritores mediocres que no son leídos?, por la publicidad, antes que un trabajo profesional y honesto de tiempo completo) y darle espacios a sus aliados políticos. Carmen Aristegui parece tan esquirol como López Obrador. Y el que se mueve no sale en la foto ni en el programa de Carmen, diría don Fidel Velázquez.

Pero volvamos al alcohólico Jaime Avilés. Él exige que la próxima tercera cadena de televisión en México la dirija Carmen Aristegui. Pregunto: ¿y él y otros periodistas rastreros del lopezobradorismo qué papel cumplirían a esa cadena de televisión? ¿Esa tercera cadena de televisión, probablemente en manos de alcohólicos no de doble moral, sino inmorales, sería igual o peor que Televisa y Tv Azteca donde abundan adictos de todo tipo?

Y como a río revuelto, ganancia de pescadores (pejistas)… Jaime Avilés convoca al encuentro de este sábado 12 de febrero, a las cuatro de la tarde, en el Monumento a la Revolución, “inspirados en el ejemplo de las rebeliones que derrocaron a los dictadores de Túnez y de Egipto, en este caso, para insistir en la reinstalación de Aristegui en su cabina, rechazar la presencia de las fuerzas armadas en las calles de la Ciudad de México y exigir el regreso de la Marina y el Ejército a sus cuarteles al grito de no más sangre, entre otras cosas”. Ese encuentro, manejado como “apartidista” y “ciudadano”, es la enésima campaña voluntarista del lopezobradorismo y parte del envilecimiento del “debate” político en México que data por lo menos de 2006. Podrá haber personas bien intencionadas ahí, despistadas o ingenuas, pero la política pirañesca de los verdaderos organizadores —los personeros lopezobradoristas— estará más que presente.

Otra pregunta, si hay tanta valentía y coraje, ¿por qué no organizaron una brigada de solidaridad y se trasladaron al norte de África donde, para citar a los clásicos, sí hay condiciones objetivas para derrocar a más de un régimen y, además, existen verdaderos movimientos de liberación nacional? Parece que prefieren las caricaturas (con sus caricaturistas —rastreros— incluidos, pero sobre todo con prerrogativas de ley).

¡Ay, Jaime Avilés, siempre borracho, siempre lopezobradorista! Por algo se dice —con base científica— que el alcohol mata neuronas, ¿y la vergüenza? ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Febrero 2011

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  1. Jesús A. Castañeda

    Para complementar nota, aquí dejo el enlace a un video de 2007:

    http://www.youtube.com/watch?v=UIIG27bX96w

    donde aparece Jaime Avilés lanzando una acusación tan grave como falsa en contra de Cuauhtémoc Cárdenas, tan falsa como si alguien dijera, faltando totalmente a la verdad, que «Jaime Avilés apoyó a Vicente Fox en el desafuero en contra de López Obrador». En ese acto lopezobradorista, en Casa Lamm (casualmente el mismo lugar donde dio su conferencia de prensa la semana pasada Carmen Aristegui Flores), Avilés acusa a Cuauhtémoc Cárdenas de impulsar la candidatura de Ignacio Morales Lechuga, ex procurador del DF con Camacho y Ebrard en el primero trienio salinista (cuando, por cierto, uno de los hijos de Cuauhtémoc Cárdenas sufrió una agresión física una noche en el DF, en una especie de secuestro express, y el procurador Morales Lechuga nunca aclaró el caso) y luego procurador general de la República en el mismo gabinete de Salinas de Gortari, al gobierno de Veracruz en 1998. No sólo el desmentido está en «Sobre mis pasos», el libro publicado recientemente por Cuauhtémoc Cárdenas, sino también en los propios archivos de La Jornada (periódico al que Avilés presenta como fuente de verdades) de aquellos años. No sólo Cuauhtémoc Cárdenas se manifestó abiertamente en 1998 en contra de esa candidatura impulsada por Muñoz Ledo, Amalia García y otros, sino que gente cercana a él también se manifestó en contra abiertamente. Y el que se lavó las manos (como siempre), aunque démosle el beneficio de la duda asumiendo que quiso ser «institucional», contrariamente a lo que afirma mintiendo en este video Jaime Avilés, fue precisamente Andrés Manuel López Obrador.

    De la primera parte del video, cuando Jaime Avilés se refiere a periodistas supuestamente con el «empresario progresita» Carlos Ahumada, es significativa la forma en que trata a su feligresía, así como admirables las exclamaciones (típicas de un público ante un mago o ilusionista) al escuchar las «revelaciones» hechas por Jaime Avilés. Éste es otro fiel rostro (y lengua) de lo que ha sido el lopezobradorismo.

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