Las últimas visiones peligrosas

La antología que nunca salió

La situación exacta de The Last Dangerous Visions es difícil de determinar porque en medio de los pases de mago típicos de Ellison, el libro cambia de editor y de contenido todo el tiempo sin que los colaboradores se enteren: el último editor es, por el momento, Houghton Mifflin.

“The Last Dangerous Visions [TLDV] estarán terminadas cuando las termine. Eso es lo que Miguel Ángel le dijo al papa cuando lo regañaba constantemente para que terminara las pinturas del techo de la Capilla Sixtina. Siempre me asombran los lectores codiciosos (no todos, pero algunos) que están parados frente a mí, viendo cómo firmo Slippage, sabiendo que publiqué cuatro libros en los últimos dos años y demandándome “¿Cuándo acabará TLDV?” o Blood’s A Rover o Bring On The Dancing Frogs o uno u otro proyecto anunciado prematuramente (usualmente por los editores, no por mí). Ese es un intercambio garantizado para producir un daño corporal al interrogador. ¿Por qué? Porque usted no puede obtener alegría y satisfacción del nuevo libro que tiene a su disposición y que no ha leído todavía. La respuesta a esto es: “Bailo tan rápido como puedo”. Esto dijo Harlan Ellison en la presentación de su colección de cuentos Slippage el 17 de septiembre de 1997.

A diferencia de Ellison, Christopher Priest es sincero sobre sus intenciones en el prólogo a su libro The Last Deadloss Visions (cuyo subtítulo es por demás claro: An enquiry into the non-appearance of Harlan Ellison’s THE LAST DANGEROUS VISIONS), aclarando que su intención es “demostrar un punto de vista y persuadir a los demás de él”. Para Priest, Ellison es víctima de sus propias acciones (“o inacciones”) y no de causas externas como repite una y otra vez en sus cartas a editores y escritores, justificándose y poniendo la postergación fuera de su responsabilidad.

En The Last Deadloss Visions Priest rastrea todo el proceso desde el inicio, a través de las cartas, comunicados y entrevistas del propio Ellison y los colaboradores de la antología. La historia comienza en 1967, cuando aparece Visiones peligrosas, una antología de relatos destinada a transplantar las ideas de la nueva ciencia ficción inglesa a Estados Unidos, permitiendo que los escritores de ese país trataran libremente temas “tabúes” como el sexo, la droga y la religión.

La antología, con relatos originales de Philip K. Dick, Theodore Sturgeon, Brian Aldiss y J.G. Ballard, entre otros, tuvo un inmenso éxito de público y crítica y Ellison ganó un premio Hugo por su trabajo como antologista.

Su continuación, Again, Dangerous Visions, apareció cinco años después, y aunque era más grande y traía nuevos autores, tal vez por aquello de que chiste contado dos veces no causa gracia, tuvo éxito comercial pero no impacto público, y ahí es donde comienzan los problemas de un hombre amante de la publicidad y el autobombo: en la introducción a Again, Dangerous Visions Ellison aparece vendiendo la entrega final de la serie: “Last Dangerous Visions será publicado, aproximadamente, seis meses después de este libro”.

Ellison escribió esa introducción en mayo de 1971 y Again, Dangerous Visions apareció en 1972, época para la cual Last Vision Dangerous ya debería, según sus palabras, estar terminada y lista para salir, cerrando la serie de antologías.

Para justificar ese primer retraso Ellison difunde públicamente que tiene diecinueve autores comprometidos y promesas en firme de otros doce para colaborar con Last…

El 18 de agosto de 1973 Locus anuncia que, según el propio Ellison, Last estará lista para el 15 de septiembre de ese año. Para confirmar esta noticia el 13 de septiembre de 1973 Ellison escribe una carta a The Alien Critic, un fanzine que circula ampliamente entre profesionales y fans, diciendo que el manuscrito de Last ya esta terminado, con excepción de tres historias que deberán ser reescritas, “Pero más allá de estas historias, el libro está completo”, aunque, aclara, faltan 60 mil palabras de introducción y 50 mil palabras adicionales de comentarios.

En la lista de contenidos que Ellison incluye en su carta hay sesenta y ocho escritores, a los que hay que sumar tres historias que deben ser corregidas. También promete setenta y cinco páginas con ilustraciones de Tim Kirk. Last tiene, en ese momento, la longitud de siete novelas normales.

Priest remarca una de las primeras inconsistencias de Ellison: de los tres cuentos que, supuestamente, se están reescribiendo, uno ya había sido citado en el prólogo de Again, Dangerous Visions como definitivo. Además, Ellison tiene que escribir 60 mil palabras en dos días, el tiempo que le queda antes de la fecha final que él mismo fijó para el 15 de septiembre.

Incluso para un escritor profesional, anota Priest, es imposible hacerlo: trabajando todo el día le llevaría, al menos, una semana. (Se calcula unas quinientas palabras por página.)

En febrero de 1974 Ellison vuelve a escribir a The Alien Critic para anunciar que el libro “ya está cerrado”: Last tiene ahora 75 autores y 78 historias que suman 491,375 palabras, aunque todavía faltan los comentarios y las introducciones.

En junio de ese año, cuando se supone que la antología está terminada, Priest recibe una carta de Ellison, quien comienza aclarando que el libro cambió de editorial —ahora esta en Harper & Row— y aunque todo el dinero se le va en el libro, está dispuesto a pagar “lo más que se pueda” por una nueva e inédita historia: “una historia importante para un libro importante”, dice.

Priest adivinó que la carta había sido enviada a una lista de correo y lo confirmó cuando otro escritor le contó que había recibido una carta casi idéntica a la suya; de hecho, le dijo, si pusiéramos una sobre la otra y las sostuviéramos contra la luz, la única diferencia serían los títulos de nuestros libros.

Para Priest la manipulación de Ellison alabándolo como escritor era excesiva: cuando la primera trilogía de Visiones Peligrosas salió al mercado solo había vendido un par de “historias ineptas”, y para 1971, el único material suyo que había aparecido en Estados Unidos era su novela Indoctrinario junto al cuento “The Run”. Ambas obras desaparecieron sin dejar rastro, aclara.

Por supuesto, dice Priest, Ellison estaba intentando venderle la idea de que escriba para él, pero la autocongratulación de la carta era “muy repugnante”. Sin embargo, cediendo a la tentación, escribió “Un verano infinito” y se lo envió. Como pasan cuatro meses y no recibe ninguna respuesta de Ellison, le pide a su agente que lo venda en otra parte.

La historia se publica y ahí termina la relación de Priest con el libro mientras Last sigue cobrando víctimas.

El 19 de febrero de 1976 Locus anuncia que el volumen final de la antología todavía no tiene fecha de salida en Harper & Row.

En julio de ese año, en una entrevista con Christopher Fowler, Ellison vuelve a repetirse: Last está cerrada y él está terminando las introducciones de los relatos. La cantidad de colaboradores ha crecido de nuevo: ahora hay cien cuentos que superan el millón de palabras: “El equivalente a trece o catorce novelas completas”, asegura Ellison. El volumen final será publicada por Harper & Row en dos tomos que comenzarán a venderse en la primavera del 77.

14 de diciembre de 1977. Carta circular de Ellison a todos los colaboradores de Last explicando que hay un nuevo contrato con la editorial Harper & Row cuya modificación más significativa es la garantía de que el libro será publicado “antes de la Navidad de 1978”.

“Espero”, escribe Ellison, “que esto les devuelve la fe a algunos de ustedes que esperaron literalmente durante años para ver su trabajo impreso. Sin embargo, pueden negarse a firmar el nuevo acuerdo, mantener el adelanto que recibieron y vender la historia en otro lado… o pueden confiar en mí de nuevo y mantenerse dentro del proyecto”.

Para asegurarse la fidelidad de sus colaboradores, Ellison los tienta diciendo que la “reconocida y respetada” editora neoyorquina Victoria Schochet viajó especialmente a Los Ángeles para dedicarse al libro y su asistencia permitió llegar “al final del proyecto”. El borrador será enviado en enero de 1978 a Harper & Row que empezará inmediatamente su preproducción.

“Espero”, escribe Ellison, “que esto les devuelve la fe a algunos de ustedes que esperaron literalmente durante años para ver su trabajo impreso. Sin embargo, pueden negarse a firmar el nuevo acuerdo, mantener el adelanto que recibieron y vender la historia en otro lado… o pueden confiar en mí de nuevo y mantenerse dentro del proyecto”.

“En los próximos meses yo permaneceré en contacto con ustedes para saber en qué etapa de producción está el libro, pero no se preocupen, porque Harper & Row renegociará el contrato en rústica con New American Library, lo cual significará más dinero casi inmediatamente que continuará dando ganancias”, se relame a cuenta Ellison. Y ahora, por favor, memoricen esto (especialmente cuando lean las cartas de Malzberg y Bishop): ‘Con Visiones peligrosas y De nuevo, visiones peligrosas, vendimos millones y millones de copias en rústica y hubo traducciones y reimpresiones en Inglaterra. Todo lo que ustedes necesitan hacer para tranquilizarse es saber que están invirtiendo en una anualidad o preguntar a cualquier persona que haya aparecido en los dos primeros libros”.

Priest analiza la carta de Ellison y las mentiras que se van filtrando a través del texto para convencer a los escritores de que no abandonen el barco llevándose sus cuentos después de ocho años de promesas incumplidas y amenazas veladas.

Priest remarca que el pago continuo al que hace referencia Ellison es falso porque los derechos de un libro se hacen con base en la venta del libro; un libro que no se publicó no puede dar ganancias, más allá del pago inicial, que, como veremos más adelante, es muy pobre.

29 de enero de 1979: Ellison envía una nueva carta a todos los colaboradores de Last con un subtítulo muy claro (sólo faltan los colores y los signos de exclamación): “Publicación inminente”, contando que hubo otro cambio en el contrato y con él, una mejora para todos los involucrados.

“Empezamos con Doubleday hace ya mucho tiempo, luego movieron el libro a Harper & Row y ahora a Putnam. Siempre he intentado ser sincero sobre estos retrasos, y con algunas excepciones, ustedes entendieron que tomo mis responsabilidades como custodio de su trabajo muy seriamente. Es precisamente ese sentido de la responsabilidad la que nos trae a este punto. He visto muchos ejemplos de antologistas e historias que entraron en libros que desaparecieron instantáneamente de la vista”.

Por supuesto que eso no sucederá con Last porque —de nuevo— cualquier escritor que colaboró en las pasadas antologías “puede dar fe de los derechos regulares que reciben año tras año”.

Como apoyo a sus palabras cuenta que Vicky Schochet leyó el material y está muy entusiasmada. Con ella como editora de Berkley/Putnam, asegura Ellison, habrá más publicidad, una presentación especial y promoción en los medios. Además, ellos (él) tendrán un cheque de “cincuenta de los grandes” y una vez que devuelva los adelantos a Harper y New American Library el dinero será dividido y enviado a todos los escritores involucrados como “cemento que consolidará su confianza en el proyecto”.

Ahora Last no es dos sino “tres libros de aproximadamente 700 mil palabras” con “más de 115 historias” que darán “unos inmensos beneficios”. Ellison remarca que el lanzamiento será para la Navidad de 1979, lo que garantiza una gran expectativa entre los fans.

Esta carta viene acompañada por otra del editor que comienza dando la bienvenida a los escritores y hablando de una edición en tapa dura para el invierno de 1979-1980 con toda la fanfarria que el proyecto merece, más inminentes ediciones en rústica. “Sabemos que será un enorme éxito para todos nosotros” profetiza, como un eco del entusiasmo de Ellison.

En junio, Locus publica una lista con el contenido de Last, obtenido, supuestamente, del propio Ellison. El libro, dice, va a ser publicado el próximo año por Putnam y tiene un total de 113 historias (¿no eran 115?) que suman 645 mil palabras (¿700 mil?).

El libro, por supuesto, no apareció en la Navidad de 1979.

En agosto de 1980, durante una visita a Nueva York, Priest se encontró casualmente con Ellison en una fiesta donde había, además, otros escritores de ciencia ficción. Estaban todos sentados, charlando, cuando alguien preguntó qué pasaba con Last.

“Acabo de entregarlo esta tarde”, explicó Ellison, quien, en medio de la risa general, parecía lastimado e indignado, según Priest. “Escuchen, esta vez realmente lo hice”, dijo, y comenzó a explicar las complicaciones que había tenido para terminarlo.

“Está bien, Harlan”, le dijo alguien, “te entendemos. Pero no tenes que decirnos todas esas tonterías a nosotros. No se lo diremos a los fans”.

Entonces Ellison se relajó un poco y explicó que realmente aún no había entregado nada, pero que el atraso era una mera formalidad: tan pronto como volviera a Los Ángeles se sentaría un mes completo a escribir las introducciones que le faltaban y…

Tres meses después de la reunión con Priest, Ellison habló en una convención: “Estoy listo para darle el empuje final a Last… Berkley/Putnam lo está haciendo y lo publicarán este año en tres volúmenes” (Science Fiction Review, 40, 1981).

Desde 1980, con pequeños intervalos, se puede distinguir un patrón que dura dos o tres años: la primera fase es una explosión de actividad por parte de Ellison: el contenido de Last se publica en Locus, se nombra un nuevo editor, aparece un inmenso adelanto, se anuncia la fecha de publicación “inminente” del libro y Ellison promete estar escribiendo las introducciones; entonces hay un periodo de aparente tranquilidad donde se adquieren nuevas historias mientras las viejas se reescriben. Ahí llega la tercer fase; nada más sucede.

La situación exacta del manuscrito es difícil de determinar porque en medio de los pases de mago típicos de Ellison, el libro cambia de editor y de contenido todo el tiempo sin que los colaboradores se enteren: el último editor de Last es, por el momento, Houghton Mifflin.

La situación exacta del manuscrito es difícil de determinar porque en medio de los pases de mago típicos de Ellison, el libro cambia de editor y de contenido todo el tiempo sin que los colaboradores se enteren: el último editor de Last es, por el momento, Houghton Mifflin.

Priest rescata una anormalidad en la atmósfera de miedo que rodea a los contribuyentes de Last y los deja mudos frente al verborrágico Ellison; Richard Wilson escribió un artículo para Science Fiction Review en 1983 llamado “Cómo no escribir ciencia ficción” denunciando la situación: “Otra forma de no escribir es venderle una historia a Harlan Ellison y esperar a que sea publicada en Last. Uno se sienta y espera con visiones de reseñas, ventas subsidiarias, una película y opciones para televisión, fama y dinero, dinero, dinero. Uno espera y espera. Yo escuché que el libro saldrá pronto. Son sólo tres años más tarde, así que realmente no debo quejarme. ¿Usted no me oye quejarme, no?”

Wilson murió cuatro años después sin ver su historia publicada.

¿Por qué Ellison no puede dejar el libro en paz?, se pregunta Priest. El problema, concluye, es la credibilidad: Ellison ha hecho toda su jactancia en público y detrás de esa fachada debe haber mucha inseguridad; por eso, cualquier muestra de incredulidad en el proyecto —por ejemplo, que un escritor intente retirar su trabajo, después de años de espera para verlo publicado—, recibe una mezcla de chantajes emocionales, amenazas y acusaciones. Muchos escritores han sufrido esto, pero pocos hablarán sobre ello por miedo a Ellison.

Wilson y el propio Priest son excepciones a esta norma. La conclusión es simple: Last ha sido anunciado más que cualquier otro libro en la historia de la ciencia ficción mientras el antologista se defiende de las acusaciones diciendo: “Yo, Harlan Ellison, digo esto, y si me cuestionas, estás cuestionando no solamente el libro, sino mi integridad y reputación como escritor”. Una manera eficaz de suprimir las críticas y seguir rompiendo, año tras año, promesas de publicación “inminentes”, mientras los escritores, uno tras otro, se van muriendo” (Priest incluye en su libro una larga lista de autores fallecidos sin ver su historia publicada).

* * *

Antes de publicar el primer borrador de su ensayo Priest lo envió a los escritores relacionados con Visiones peligrosas, separándolos mentalmente en tres grupos: a) los que permanecerían fieles a Ellison, b) los que habían sufrido amenazas y presiones de este y c) aquellos cuya actitud desconocía a priori.

A todos les ofreció lo mismo: publicar cualquier cosa que quisieran decir sobre el libro. De los leales a Ellison, unos pocos lo atacaron públicamente diciendo que estaba malinterpretando la mercurial personalidad de Ellison; lo interesante, remarca Priest, es que ninguno defendió a Last, ni siquiera atacaron su ensayo, se limitaron a verlo como un asunto personal entre los dos.

Las cartas de los otros grupos son más interesantes. Ian Watson le escribió diciendo que le gustaba el trabajo de Ellison y sus posturas públicas, pero no le gustaba su comportamiento como editor y mucho menos su conducta cuando se intentaba retirar su historia del proyecto: a él lo había hecho sentir en “una lista de mierda” y “aunque yo escape con rasguños”, aclara, “un compañero recibió un tratamiento vil”.

John Christopher se definió como uno de los primeros contribuyentes de Last y le confirmó a Priest que los hechos habían sucedido como él los contaba.

Michael Bishop contó cómo, cuando sacó su cuento “Dogs Live” de la antología, Ellison lo acusó de paranoia, de venderse por dinero y de ser un hipócrita, aunque los hechos demuestren precisamente lo contrario: Ellison había comprado la historia en 1974 por cien dólares y ése era todo el dinero que había recibido Bishop hasta que decidió vender su cuento en otra parte.

“Durante esos diez años, me mantuve con Ellison creyendo que, finalmente, la antología sería publicada y los pagos prometidos entregados; especialmente cuando el libro cambiaba de editorial. Pero como Last no apareció no vi ni un centavo desde esos originales cien dólares (aproximadamente dos centavos por palabra)”, aclara, innecesariamente a la defensiva, Bishop.

Charles Platt confesó en su carta a Priest que el estilo de Ellison le recordaba un vendedor de autos usados, con la diferencia de que él nunca entregó la mercadería: Ellison le había prometido a Platt que Last estaría terminado en 1972.

El contrato actual, aclara Platt, no tiene fecha de publicación, por lo que no es necesario que cada dos años Ellison escriba haciendo mea culpa, mostrando todos los traumas de su vida como editor y pidiendo indulgencia “una vez más”.

“Yo veía todo el proyecto con humor”, escribe, hasta que decidió visitar la casa de Ellison con otro escritor-contribuyente, Graham Hall, quien cometió el error de burlarse. Entonces Ellison los llevó a su estudio y los retó como si fueran niños, recordándoles todo el dinero que harían con el proyecto una vez que saliera.

Hall moriría, al igual que Wilson, sin ver su historia publicada. Una lista que no tardaría en crecer incluyendo a Alfred Bester, Anthony Boucher, Leigh Brackett, Bertram Chandler, Avram Davidson, Edmond Hamilton, Charles L. Harness, Frank Herbert, Ward Moore, Edgar Pangborn, Thomas Scortia, Clifford D. Simak y Manly Wade Wellman.

Priest recibió más cartas después de la publicación de su libro-panfleto: la de Michael Bishop mostraba la leyenda negra sobre el violento Ellison: “Mo pienso que emplee a un pistolero, pero…”

Brian Aldiss, que había colaborado en la primer antología, escribió: “El aspecto menos placentero es que varias personas piensen que es peligroso discutir el tema. Yo estoy dividido sobre Ellison porque conozco sus dos lados: el generoso y divertido, y el lado oscuro, el de su mellizo siniestro”.

Para Aldiss, la semilla de destrucción de Last ya estaba en la primera entrega de la antología, cuando Ellison rodeó los cuentos con sus exuberantes e imprecisos editoriales buscando publicidad. Todo lo que había pasado desde entonces era consecuencia directa de un proyecto lanzado prematuramente sin una base real que lo sostuviera.

“Yo veía todo el proyecto con humor”, escribe, hasta que decidió visitar la casa de Ellison con otro escritor-contribuyente, Graham Hall, quien cometió el error de burlarse. Entonces Ellison los llevó a su estudio y los retó como si fueran niños, recordándoles todo el dinero que harían con el proyecto una vez que saliera.

Barry Malzberg le escribió a Priest diciendo que sentía que la única arma de los escritores free-lance —aislados, solitarios, vulnerables y desorganizados— era la información. El pago por su cuento “Still-Life”, publicado en Again, Dangerous Visions, contradice las versiones de Ellison sobre los fabulosos derechos que recibían sus escritores, confirmando las palabras de Bishop: Malzberg recibió 120 dólares en agosto del 69 (dos centavos por palabra) y el cuento fue publicado en abril de 1972; incluyendo los pagos posteriores, Malzberg ganó un total de 519 dólares con su historia; el último fue un pago de 33 dólares en noviembre de 1982. Aunque Again, Dangerous Visions fue lanzada en rústica nuevamente en 1983, no había visto más dinero.

Grey Feeley, en su carta, llamó la atención de Priest sobre los frecuentes anuncios de Ellison sobre títulos “inminentes” que nunca veían la luz. En Partners in Wonder (1971), antología de cuentos que Ellison escribió con sus amigos, se menciona, por ejemplo, diez títulos que “están por salir”.

Alguno de estos títulos serían publicados más tarde, pero The Prince of Sleep corrió la misma suerte que Last: fue mencionada en la Convención Mundial de Fantasía de 1972 y promocionada por la editorial Ballantine. Cinco años después, en el número que le dedicó F&SF (julio de 1977) a Ellison, otra editorial la anunciaba como “su primera novela en quince años”, y en 1980 The New York Times la cita entre los libros que Ellison vendió a Houghton Mifflin.

La princesa, sin embargo, sigue durmiendo el sueño de los justos, si realmente existe, en algún cajón de Ellison Wonderland…

En ese número especial de F&SF Silverberg recordaba a un Ellison veinteañero hablando de increíbles ventas profesionales que sólo había imaginado, empujado por “una ansia por éxito literario tan poderoso que disuelve la fina pero vital distinción entre hechos y fantasía”: una elegante manera de decirle mentiroso en la cara durante su propio homenaje.

Lo último que supo Priest del asunto es que en 1984 Ellison seguía comprando historias para Last y concluyó: “Bueno o malo, [el libro] no existe. Largo o corto, no existe. El valor es saber abandonar cuando se sabe que no se puede terminar”. Y agregó un remedio en ocho etapas para que los escritores cautivos puedan escapar con su historia bajo el brazo:

El remedio

Paso 1: Establezca los hechos

Resuma todos los detalles referentes a la historia. Por ejemplo, establezca la fecha en la cual se hizo el primer contacto para contribuir con la antología. Si Ellison hace cualquier promesa o garantiza algo para más adelante, anótela. Descubrir la fecha en la cual se envió realmente la historia y la fecha en la que Ellison respondió. Otras fechas relevantes son: cuándo se envió el contrato, informes sobre la marcha de los trabajos y la terminación del libro, pagos a cuenta y fechas de publicación estimadas.

El punto de esta investigación es que Ellison es imaginativo en su interpretación de los hechos.

Paso 2: ¿Conoce a otra persona relacionada con el proyecto?

The Last Deadloss Visions contiene nombres de escritores que han estado relacionados con la antología. Usted puede ser amigo de alguno o ponerse en contacto con ellos a través de Internet o en calidad de miembro de una organización como la SFWA. Haga el contacto, específicamente sobre este tema. Compare las notas, compare los hechos, compare las promesas. Sobretodo, compare las sensaciones y las opiniones sobre el tema.

Paso 3: Armar un grupo de autoayuda

El propósito de este grupo es coordinar acciones individuales porque la acción grupal sería ineficaz con Ellison. Sin embargo, él no puede ignorar cartas personales. Cerciórese de que reciba estas cartas personales, todas en el mismo día (o dado los caprichos del servicio postal de Estados Unidos, dentro de una semana).

Usted debe ponerlo por escrito. No intente hacerlo por teléfono.

Paso 4: Convenga una fecha

La fecha que se convendrá será en la que todos los miembros del grupo de autoayuda escribirán y enviarán sus cartas personales a Harlan Ellison. Es decisivo que una gran cantidad de personas le escriban al mismo tiempo.

Por razones obvias, evite días festivos, convenciones, etc. Dé al hombre la posibilidad de leer su correo y considere su posición

Paso 5: Convenga la fraseología a usar

Escriba la carta como lo haría normalmente; sin embargo, todas las cartas que Ellison reciba deben contener el mismo mensaje que debe ser tan firme como sea posible: debe decir que ha tenido paciencia y que no cree en lo que él dice sobre fechas de entrega y publicación. Que ha llegado a la conclusión de que la única manera de que la historia sea publicada es si usted, personalmente, toma el control de ella. Por lo que fijará dos condiciones:

a. En el plazo de tres meses desde la fecha de la carta enviada, él deberá enviar una prueba inequívoca de que el manuscrito final de Last ha sido enviado al editor y que su historia está incluida en ese manuscrito.

b. Que en el plazo de cuatro meses desde la fecha de su carta usted recibirá una copia de la carta dirigida al editor y firmado por el vicepresidente a cargo que confirme que a) el manuscrito completo de Last ha sido recibido; b) se ha aceptado para la publicación; c) su historia está incluida, d) y se ha fijado la fecha de la publicación de éste.

Si se satisface la primera condición pero no la segunda, usted se considerará libre para vender la historia a otro mercado.

Esta decisión será absoluta y no es negociable, ni ahora ni más adelante. (Usted podría añadir que si él siente que estas condiciones son imposibles de satisfacer, podrá avisarle, con lo cual la historia volverá a usted inmediatamente.)

Paso 6: Escriba la carta y mándela

Si usted decide esperar para ver qué resultados consiguieron los otros escritores, entonces el remedio fallará.

Si su resolución comienza a debilitarse, hable con su grupo de autoayuda; hable con gente que usted conoce y respeta para confirmar personalmente que ella enviará sus cartas en la fecha convenida.

Paso 7: ¿Que sucederá?

Hay cuatro resultados posibles.

1) Harlan Ellison contesta la carta y acepta sus condiciones.

2) Harlan Ellison contesta pero rechaza las condiciones.

Éste es el peor resultado posible porque Ellison es un demagogo eficaz y escribe cartas emocionales y provocativas y seguramente interpretará la carta como un ataque a su profesionalismo, su confiabilidad e integridad. Seguramente también lo verá como una traición.

Mientras la mayoría de los editores contestará tranquila y profesionalmente, Ellison usará cualquier método —adulación, compasión, amenazas— para hacerlo cambiar de opinión sobre el proyecto.

Usted debe mantener sus principios pensando que ya le dio suficiente tiempo (¡treinta años!) y cuanto más pase intentando convencerlo, menos podrá dedicarse a terminar el libro.

Recuérdele los plazos que le dio y su determinación absoluta sobre el tema.

3) Ellison hace una contrapropuesta.

Cada escritor debe decidir si la contrapropuesta es verdadera y razonable, o sólo otra manera de atrasar el proyecto. Si piensa esto, hay que volver al punto 2.

Por otra parte, la contrapropuesta de Ellison puede ser apenas razonable, entonces escriba diciéndole que primero tiene que consultarlo con otras personas y luego lo llamará.

Dígale que hasta que lo haga, siguen corriendo los plazos establecidos.

Si los demás miembros del grupo aceptan la propuesta, entonces establezca los términos. Una vez más, conviene escribir como individuos, no como grupo, y se debe mantener la misma actitud firme.

Si usted decide rechaza su contrapropuesta, recuérdelo sus plazos.

4) Harlan Ellison no responde.

Apenas termine el plazo, envíele una carta certificada. No se retrase ni piense en darle “unos días más”. La carta debe decir que, como el plazo expiró, venderá la historia en otro lado. Sea cortés pero firme, diciéndole que esto no es negociable.

Envíe una copia de la carta a su agente y otra al editor de Visiones peligrosas.

Paso 8: ¿Eso es todo?

Sí. ®

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Publicado en: Libros y autores, Mayo 2011


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