Sobre el IX SITAC y la gente intensa

Teoría y práctica de la catástrofe

El noveno Simposio Internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo. La rimbombancia del nombre precede a esta actividad que cada año reúne a artistas, críticos y teóricos de arte provenientes de México, Estados Unidos y Europa occidental para dialogar acerca del quehacer artístico actual.

Bosom Ballet, de Annie Sprinkle.

Dirigido en esta ocasión por el artista mexicano Eduardo Abaroa, el SITAC logró algo insólito: ser genuinamente interesante. El tema al que se dedicó esta edición parecía igualmente risible, fascinante y actual: Teoría y práctica de la catástrofe. El estado de catástrofe como normalidad, la catástrofe económica y la emergencia de un arte que se mueve dentro de estos planos críticos, reactivo a la realidad y al contexto, fueron los motivos latentes durante los tres días en que se desarrolló el Simposio.

Tal vez el clímax llegó cuando Manuel De Landa subió al escenario a dar su conferencia “Viviendo al borde del caos”, en la que abundó acerca de la morfogénesis natural y la lógica que precede la catástrofe. Desde entonces una palabra palpita rítmicamente en mi cabeza: intensidad.

Las conferencias se sucedieron, las más interesantes haciendo un afortunado eco de las palabras de De Landa acerca del poder de la autoorganización en la naturaleza y las posibilidades expresivas de las intensidades y la ciencia. Un par de horas más tarde Pablo Vargas Lugo presentó su proyecto “Finales”, que resultó ser un oasis de investigación y reflexión en medio del desierto intelectual con que frecuentemente asocio la producción contemporánea.

En “Finales”, Vargas Lugo desmenuza exhaustivamente los finales de una selección de sinfonías para explorar, precisamente, cómo el compositor aborda la intensidad de su composición. Cómo transitar armónicamente del clímax al silencio. Cómo abordar ese momento de catástrofe, ese punto crítico de intensidad del que habla De Landa. Algunos lo hacen elegantemente, otros de manera sutil, y otros simplemente “arrojan todo al acantilado”. Vargas Lugo profundizó en un interesante (y a veces críptico) ensayo (que no pude encontrar para reproducir aquí al menos en parte) con base en una evidente investigación de las estructuras musicales y las realidades históricas que sustentaron e influyeron la escritura de las sinfonías exploradas. Sus conclusiones se transforman en sencillas animaciones que, separadas de las investigaciones que las preceden y dan sentido, podrían parecer insignificantes y fortuitas. La contextualización de los videos en palabras de su autor resulta casi reconfortante cuando sufrimos en museos y galerías la falta de información acerca de los procesos que le dan forma a algunas de las obras más interesantes del arte contemporáneo nacional.

Más catástrofe

Después de participar en “Corporalidad y catástrofe”, la clínica del SITAC impartida por Fabián Gimenez Gatto, le presenté a un amigo la idea abstracta de escribir acerca del cuerpo pornográfico contemporáneo como lienzo de inscripción de las intensidades, como las define Manuel De Landa. Me contestó que estaba muy bonito, pero que sí me encargaba de favor “no escribir un texto aburridísimo sobre postpornografía”.

Tal vez el clímax llegó cuando Manuel De Landa subió al escenario a dar su conferencia “Viviendo al borde del caos”, en la que abundó acerca de la morfogénesis natural y la lógica que precede la catástrofe. Desde entonces una palabra palpita rítmicamente en mi cabeza: intensidad.

A pesar del shock que me provocó su incredulidad en mi capacidad de entretener, procedí a escribir el anunciado texto. Mi empeño duró brevísimos instantes durante los cuales me di cuenta de mi actual incapacidad de procesar los apuntes barthianos, baudrillardianos y deleuzianos que inundaron una veintena de páginas en mi cuaderno con notas rápidas acerca de cómo “los artistas llevan al límite la representación explícita de lo corporal”, “llevando al terreno de lo visible, por ejemplo, los fluidos vaginales y anales”, “estableciendo una resistencia a la simulación”, “recibiendo castigo para poder recibir placer”, “experimentando con metadona”, “viviendo el cuerpo sin órganos deleuziano”, “transitando del placer escópico al placer endoscópico”, “(¿porno escatológico japonés?), “sintiendo los efectos fisiológicos de lo sexual en un célibe fervor tecnoperformático”… Me rindo sin intentarlo demasiado. Les debo un texto aburridísimo sobre postpornografía.

El aura profundamente teórico-científica de este SITAC me da esperanzas (porque, aunque usted no lo crea, el SITAC no había tenido mucho de teórico en otras ediciones). ¿Será que por fin transitaremos de la representación de clichés figurativos a ideas complejas, representaciones basadas en las ciencias, la experimentación de las, otra vez, intensidades? ¿Lo lograremos esta vez? ¿La obra de Pablo Vargas Lugo será malentendida y subestimada en su próxima exposición en México? ¿Cuauhtémoc Medina es un cyborg operado por la Art Basel y la CIA para mantener el valor de mercado del arte mexicano en Europa? Cuántas preguntas, afortunadamente tenemos todo un año para responderlas, ¡manténgase pendiente! ®

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Publicado en: Febrero 2011, Sinecdoquier

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